Actualmente hay una sensación generalizada de que cada vez hay más alertas alimentarias y una de las razones es la sobreinformación al respecto en redes sociales. La comunicación sobre la seguridad alimentaria es de vital importancia para conseguir que lleguen al consumidor los mensajes adecuados, que no sea un fraude que guíe de forma errónea su decisión de compra y que contribuya a su salud de forma positiva.
Especialistas en seguridad alimentaria, nutricionistas, personas interesadas en todo lo relacionado con la alimentación, todos y cada uno, comparten en sus perfiles cada alerta que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), cuelga en su web, pero no llego a una conclusión clara de si esto es bueno o no.
Es bueno que la población sepa que hay canales de información veraz, pero, si cuando se comparte un titular bajo un contexto difuso, este genera una sensación de inseguridad porque el hecho de que se detecten y comuniquen incidentes con alimentos o retiradas preventivas no nos están indicando que las cosas funcionan, sino justamente lo contrario, y eso para la mente colectiva no es positivo. Por ello, resulta adecuado que sean los especialistas los que trasladen la información al consumidor con precisión científica. De esta manera tendríamos un periodismo especializado para tratar ciertos temas de salud, que a día de hoy no lo hay.
Empezando por el principio, según el Decreto 66/1996 de 13 de febrero, una alerta se define como “todo aquel fenómeno de potencial riesgo para la salud de la población y/o de trascendencia social que requiera intervención urgente”. Las alertas alimentarias aparecen en diferentes ámbitos, siendo eventos donde un peligro entra en la cadena alimentaria y puede suponer un riesgo para la salud de las personas o animales. Las alertas alimentarias se clasifican en función de la gravedad, morbilidad y mortalidad, población a la que fue dirigido el alimento y la distribución del mismo. De esta forma, se distinguen cuatro tipos de alertas alimentarias:
-Alertas Tipo I: se declaran si la ingesta del producto ha provocado morbilidad/mortalidad en la Comunidad Autónoma de Madrid o a nivel nacional. Las actuaciones que se precisan son prioritarias y urgentes.
– Alertas Tipo II: son aquellas en las que se ha confirmado una distribución del producto en la Comunidad de Madrid y/o a nivel nacional. Dentro de este grupo también se incluye cuando el producto alimenticio supone un riesgo grave o esté implicada una población sensible. En el caso de que se declare este tipo de alerta es necesario destinar recursos de inspección y contacto telefónico para la localización del producto.
-Alertas Tipo III: posiblemente el alimento objeto de alerta se ha distribuido en la Comunidad de Madrid, y el riesgo que este representa es leve. Se deben destinar recursos para conocer la posible distribución del producto, como contactos telefónicos con establecimientos donde pudiera encontrarse o inspecciones.
-Alertas Tipo IV: se notifica cuando el producto alimenticio ha sido distribuido en España o está caducado en el momento de la notificación. Se debe informar a los técnicos para que se tenga en cuenta durante las labores habituales de inspección.
España presenta los mayores valores en cuanto al país de origen implicado en las alertas y esto se debe a su alta producción tiene su explicación en que la mayoría de los productos comercializados en España tienen este origen y por lo tanto son en los que mayor número de controles se realiza. Además, hay que recordar que de todas las notificaciones que pasan a través del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos o RASFF por sus siglas en inglés (Rapid Alert System Feed and Food), solo son tramitadas a través de Informes del Sistema Coordinado de Intercambio de Información (SCIRI), las notificaciones que afectan directamente a España (origen, distribución o ambas cosas).
Cada día se mueven por el mundo miles de toneladas de alimentos, por ello, una alerta en un producto cada 4 días no es descabellado, si hacemos una comparación con el producto fabricado o distribuido. Además, el riesgo no conoce fronteras. Esto lo debemos tener en cuenta para comprender la importancia de disponer herramientas útiles en el campo de la seguridad alimentaria.
Sabemos que el riesgo cero no existe, que las medidas preventivas fallan, que existen descuidos humanos, pero también es necesario incidir que las buenas prácticas de higiene funcionan y están perfectamente implementadas a todos los niveles. El sistema de seguridad alimentaria de la Unión Europea es uno de los más fuertes del mundo, no obstante, quedan competencias por delante, que incluyen evitar las enfermedades zoonóticas transmitidas por alimentos o cualquier posible contaminante en los alimentos, para así asegurar la salud y el bienestar de los animales de producción.
Gestionar una alerta es desagradable y estresante, pero si asumes que es parte del juego, te vas a preparar de antemano para que, cuando suceda, puedas maniobrar adecuadamente. Aunque parezca contradictorio, la existencia de muchas alertas alimentarias en los medios de comunicación o redes sociales puede ser una buena señal. Si un sistema de control en la industria alimentaria ha sufrido fallos o no ha funcionado correctamente, es importante que haya alertas, ya que de lo contrario el producto llegaría a causar daños en la población.
Para la población, el ámbito de la seguridad alimentaria sigue siendo una materia desconocida, aunque poco a poco, los consumidores empiezan a preocuparse por determinados aspectos de este tema. Pese a ello,se ha detectado una tendencia en mantener conductas saludables, y aunque el consumidor no tenga claro lo que es en sí la seguridad alimentaria, lleva a cabo actividades o conductas con tendencia a mejorar dicha seguridad alimentaria (ya sea por cuestiones de salud, estéticas, deportivas o gastronómicas).
Por ello, resulta primordial dotar a los consumidores de la información básica para contribuir en los cambios y decisiones que van a ir llegando sin avisar, a impulso de la evolución tecnológica y el mercado. La formación, información y transparencia son las herramientas necesarias. Sin embargo, las autoridades pertinentes solo se limitan a obligar a los comerciantes a facilitar la información que creen conveniente, en el modo que creen suficiente por lo que todavía queda mucho recorrido por hacer en este campo.
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