La microbiota, conjunto de microorganismos en un individuo, y el microbioma, conjunto de todos los genes de estos microorganismo en un individuo, esta de moda. Está “hasta en la sopa” de cualquier profesional de la salud o de la investigación, y no es para menos, teniendo en cuenta que, en los últimos 20 años, solo en bases de datos de estudios científicos como PubMed, encontramos más de 105.000 y 125.000 estudios publicados, y con crecimiento casi exponencial con casi 35.000 estudios publicados tan solo en 2021.
Además, es bien conocido que el número de microorganismos con respecto a las células humanas son del orden de 10/1 en proporción. Y el número de genes de los microorganismos del orden de 100 veces superior al conjunto de genes humanos. Que representan todos los microrganismos entre 1-2 kg del peso corporal de individuos adultos, y que están ahí, evolutivamente ha perpetuado esta forma de simbionte “microorganismos-humano”, y es por algo.
Si bien es cierto, que hemos pasado en pocos años, del “yogur como el único probiótico que tras ingerirlo era bueno para nuestra flora”, a tener la microbiota en todos los sitios: la culpable o solución para casi todo. Desplazando a la coletilla como recurso de infinidad de profesionales de la salud que, sin tener la menor idea de lo que le pasaba al paciente, confirmaban rotundamente: “eso es por el estrés”, ahora pues, todo “ES LA MICROBIOTA”.
La abrumadora literatura, dificulta el estar completamente actualizado en el tema, pero se ha ido consolidando el entendimiento de las más de 20.000 funciones descritas de la microbiota en el humano, el equilibrio individual de la eubiosis, estado en equilibrio del conjunto de microorganismos que influyen positivamente en la salud y homeostasis. Así, como el papel del estado contrario, disbiosis, cada vez más estudiado y relacionado con multitud de enfermedades y situaciones.
Pero antes de nada, y a pesar de todo el avance en el conocimiento de la microbiota, aun tenemos grandes retos por entender
¿Qué me permite comprender de mis pacientes y qué posibilidades ofrece la microbiota?
Es interesante entender las funciones que tiene la microbiota y el potencial de modulación para mejorar rasgos y condiciones que pueden estar ocurriendo a nuestros pacientes en consulta, como por ejemplo:
– Función de homeostasis energética, influyendo en la lipogénesis y gluconeogénesis y glicolisis, y por tanto repercutiendo en el control del peso corporal. Consultas muy habituales en los profesionales de la salud y especialmente de la nutrición, con el estancamiento del peso, y lo complicado que resulta en muchos cosas conseguir que pierda o que gane peso un paciente.
– Función metabólica
Los microorganismos presentes en el colon, aportan al cuerpo humano una inmensa batería extra de genes, enzimas y rutas metabólicas.
Permite degradar compuestos no digeribles por el organismo.
Los compuestos no utilizados los utilizan para realizar fermentaciones sacarolíticas (deseable), aunque también para realizar fermentaciones proteolíticas (no deseable por la putrefacción).
Aparte de esas fermentaciones también consiguen un aumento de absorción de lípidos y de vitaminas.
– Función de barrera
La microbiota excluye a los microorganismos patógenos, ya que está mejor adaptada al ambiente del intestino, produce bacteriocinas para eliminar a los competidores y produce AGCC que ayudan a controlar la población bacteriana bajando el pH.
– Función inmunológica
La microbiota estimula todo el sistema inmune que se encuentra en el tracto gastrointestinal, principalmente a dos niveles:
x Ayuda a la maduración del sistema inmune, favoreciendo el desarrollo de estructuras reticulares asociadas a los tejidos linfoides. Y está involucrada en el desarrollo y educación del tejido linfoide en sí.
x Favorece el fenómeno de ‘tolerancia’ inmunológica a la microbiota comensal.
Función neuronal –nuero-inmuno-endocrinologico, o Gut-Brain-Axis.
El eje intestino-cerebro (GBA, gut-brain axis) consiste en la comunicación entre el sistema nervioso central (SNC), tanto cerebro como médula espinal, el sistema nervioso autónomo, el sistema nervioso entérico y el eje hipotalámico pituitario adrenal, que une los centros emocionales y cognitivos del cerebro con funciones intestinales periféricas.
Esta interacción entre la microbiota y el GBA parece ser bidireccional, es decir, a través de la señalización de la microbiota intestinal al cerebro y del cerebro a la microbiota intestinal por medio de enlaces neurales, endocrinos, inmunes y humorales.
El sistema central autónomo, con las ramas simpático y parasimpático, impulsa tanto señales aferentes, que surgen del lumen y son transmitidas a través de vías entéricas, espinales y vagales al SNC, como señales eferentes desde el SNC a la pared intestinal. El eje hipotalámico-hipofisario-adrenal se considera el eje de estrés eferente que coordina las respuestas de adaptación del organismo al estrés de cualquier tipo. Es una parte del sistema límbico, una zona crucial del cerebro predominantemente involucrada en la memoria y las respuestas emocionales. El estrés ambiental, así como las citoquinas pro-inflamatorias sistémicas elevadas, activan este sistema que, a través de la secreción del factor de liberación de corticotropina (CRF) del hipotálamo, estimula la secreción de hormona adrenocorticotrópica (ACTH) de la glándula pituitaria que, a su vez, conduce a la liberación de cortisol de las glándulas suprarrenales. El cortisol es una importante hormona del estrés que afecta a muchos órganos humanos, incluyendo el cerebro. Por lo tanto, las líneas neuronales y hormonales de comunicación se combinan para permitir que el cerebro influya en las actividades de las células intestinales efectoras funcionales, tales como las células inmunes, células epiteliales, neuronas entéricas, células musculares lisas, células intersticiales de Cajal y células enterocromafines. Estas mismas células, por otro lado, están bajo la influencia de la microbiota intestinal cuyo papel en las comunicaciones recíprocas cerebro-intestino se ha evaluado recientemente.
Papel de la microbiota en el GBA
La microbiota intestinal tiene un impacto importante sobre el GBA, interactuando no sólo a nivel local con las células intestinales y el sistema nervioso entérico, sino también directamente con el sistema nervioso central a través de vías neuroendocrinas y metabólicas.
La microbiota puede interactuar con GBA a través de diferentes mecanismos, el principal probablemente sea la modulación de la barrera intestinal, cuya perturbación puede influir en todos los compartimentos subyacentes. Un resumen y esquema de la implicación de uno en el otro podría resumirse con esta tabla de Carabotti M, et al. Ann Gastroenterol:
TEST DE MICROBIOTA O DISBIOSIS: Diagnóstico y uso en consultas
¿Son la panacea? No. Ahora bien, es una herramienta más, que bien usada y con conocimiento para interpretarla puede ser la diferencia de calidad del profesional hacia el paciente.
Es importante conocer y tener presente, y saber manejarlas y las ventas y limitaciones que tiene cada una de las tecnologías, de las que disponemos a día de hoy en el mercado:
PRÁCTICA…¿Y en la consulta qué hago?
Pues si bien como hemos comentado, la microbiota es dinámica, las tecnologías aun tienen que mejorar, y especialmente la comprensión del impacto de la microbiota en la salud del individuo; Lo que está claro es que es una ciencia que ha venido para quedarse, que cada vez tenemos más evidencia y comprensión, test más económicos, y el paciente mayor acceso a ello. Pero es que es similar a si medir el colesterol total en una analítica de sangre (es muy dinámico, en función de los hábitos, es un buen marcador o no de salud o de enfermedad cardiovascular, si los rangos de “normalidad” son correctos o no, etc, pero pudiendo medirlo, conociendo el historial de mi paciente y comprendiendo el alcance del valor que haya medido en una analítica, yo como profesional puedo trabajarlo como algo más en la consulta. Pues la microbiota igual, pasa por estar formado y capacitado en la materia, y poder tomar mejores decisiones.
FUTURO
Sin duda vendrán nuevas técnicas de secuenciación, adición de nuevas tecnologías para una mayor comprensión (metabolómica y transcriptómica de la metagenómica), ecosistemas completos (no solo, o principalmente, bacterias), estudios prospectivos con muestras poblacionales mayores, etc.
Y sin duda, el trasplante de microbiota fecal (TMF), serán parte de un escenario de los nutricionistas y profesionales de la salud de las 2 PPs: Prevención y Predicción.
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Doctor en Biomedicina (UCM, España). Máster Universitario en Nutrigenómica. Máster Universitario en Condicionantes genéticos, nutricionales y ambientales en el crecimiento y el desarrollo. Graduado en Nutrición Humana y Dietética. Docente universitario en el Grado de Nutrición Humana y Dietética de la UCM. Profesor en la UCV y UAM. Co-fundador grupo CINUSA.