Si alguna vez has tenido un peque a tu cargo, puede que una de las cosas que más dudas te haya generado es ¿qué le doy de comer? y es que, lo que comemos cobra mucha más importancia durante la infancia y no siempre tenemos claro qué es lo que los peques necesitan.
Si quieres conocer las claves de la alimentación infantil, es importante elegir bien la fuente, porque hoy podemos responder a cualquier pregunta, en cualquier lugar, cuando queramos, sin embargo, no toda la información es igual de fiable. Por ello, te recomendamos analizar en primer lugar la fuente de la información, quién es la persona que imparte dicha formación y cuáles son sus estudios y su bagaje profesional.
Recuerda que la experiencia con tus propios peques no es aval de conocimiento y, antes que las redes sociales, busca cursos de nutrición infantil, en los que diferentes profesionales exponen las claves desde su punto de vista para tener un conocimiento global.
La única forma que tiene el organismo de obtener todo lo que necesita para vivir, crecer o desarrollarse, es a través de los alimentos. Por tanto, elegir las materias primas y saber qué aporta cada una es imprescindible para elegir la alimentación de nuestros peques que les permita desarrollar su máximo potencial.
Los nutrientes son como las piezas de lego, necesitamos un mínimo de bloques diferentes para jugar o, en este caso, vivir. Sin embargo, si quiero hacer una gran construcción, cuantos más bloques diferentes tenga, más opciones tengo. Una vez explicados los objetivos y la importancia de la nutrición saludable, a continuación, se detallan los principales nutrientes en la alimentación infantil.
Las proteínas son necesarias porque contienen aminoácidos, con estos aminoácidos el organismo realiza muchas funciones, además del crecimiento y desarrollo, sirven para reparar tejidos, para producir hormonas o para ayudar al sistema inmune a combatir virus y bacterias. Sin embargo, antes de que te lances a llenar el plato de tus peques de carnes, pescados o huevos, déjame decirte que lo habitual es que nuestros niños y niñas vayan sobrados de este nutriente, así que el problema no suele ser la cantidad, sino la calidad de las proteínas que ponemos en su plato.
Los hidratos de carbono son como la “gasolina” de nuestro organismo y los encontramos de dos formas diferentes en los alimentos:
Al final el cuerpo los descompone en azúcar para poder utilizarlos, sin embargo, no son iguales. Los simples se absorben rápidamente y también se agotan pronto. Sin embargo, los almidones son energía de gran calidad, ya que se van liberando lentamente, ayudando a que al organismo nunca le falte energía.
Por otro lado, los hidratos de carbono son un alimento indispensable en la alimentación de los peques de la casa. A modo de curiosidad, solo el cerebro necesita 100 g de glucosa diarios (pero ojo, con esta cantidad no nos referimos a la ingesta de azúcar).
Las grasas son otro nutriente indispensable en la nutrición infantil, además de aportar energía (es el nutriente que más calorías nos aporta por gramo) tiene otras funciones biológicas, incluido el crecimiento y desarrollo cognitivo.
Al igual que el resto de nutrientes, saber elegir el tipo de grasas es la clave ya que no todas ellas son iguales. A continuación, se clasifican las grasas en función de sus principales tipos:
Los ácidos grasos insaturados (mono y poli) están involucrados en el mantenimiento de las concentraciones adecuadas de colesterol, triglicéridos y glucosa en sangre, también participan en el control de la tensión arterial, así como en la prevención de enfermedades cardiovasculares y enfermedades autoinmunes.
Muchos de estos efectos están demostrados en adultos y, aunque no existen datos en la población pediátrica, las recomendaciones se hacen por extrapolación.
La ingesta habitual de grasa en los peques españoles está por encima de la recomendación. Además, predominan las grasas saturadas, que son las que menos beneficios aportan para la salud.
Sin embargo, es necesario revisar la alimentación de los peques con el fin de evitar el consumo excesivo de determinados alimentos y promover el consumo de aquellos que contribuyen a mejorar su calidad lipídica, lo cual redundará en efectos beneficiosos para la salud.
También llamados micronutrientes, son esenciales para muchos procesos que tienen lugar en el organismo, como el correcto funcionamiento del sistema inmune, evitar enfermedades degenerativas o el crecimiento.
Los micronutrientes más importantes en la edad escolar y preescolar son el calcio, el hierro, la vitamina A y la vitamina D, además del zinc. Sin embargo, en los últimos estudios se ha observado que los peques, aunque no tienen deficiencias importantes, son frecuentemente un grupo de riesgo en el que se detectan deficiencias subclínicas en la ingesta de ciertas vitaminas y minerales como hierro, vitamina C, vitamina E, vitamina D, folatos y vitamina B6.
Ya sabemos cuáles son los nutrientes más importantes en la infancia, también sabemos en qué alimentos se encuentran, pero ¿cómo conseguir que los peques coman lo que deben? Diferentes profesionales y familia consideran que el deber como cuidadores es asegurar la ingesta nutricional, sin embargo, hay experimentos que demuestran que los peques son perfectamente capaces de elegir acorde a sus necesidades cuando la oferta tiene determinadas características como:
Es decir, la mayoría de los peques, serán capaces de elegir lo que su organismo necesita sin necesidad de que los adultos intervengan, más allá de proporcionar opciones saludables y seguras.
La ingesta de los peques y la familia depende de muchos factores, entre los que destacan: la economía familiar, disponibilidad en el mercado, educación, tiempo disponible, el estado de ánimo e incluso sus creencias y también de las influencias sociales.
En cuanto e este último término, es la influencia que una o más personas tienen sobre la conducta alimentaria de otras personas, ya sea directamente (compras de alimentos) o indirectamente (aprendizaje a partir de la conducta de otros), ya se trate de una influencia consciente (transferencia de creencias) o subconsciente.
Por otro lado, la familia de los peques también es importante en la toma de decisiones relacionadas con la alimentación, por lo que hay que adoptar estrategias alimentarias que resulten aceptables para los familiares y amigos, así puede beneficiar al niño/a y, a la vez, tener un efecto beneficioso sobre los hábitos alimentarios de otras personas, ¡un dos por uno en toda regla!
En toda intervención nutricional, el objetivo final es reducir el consumo de aquello que es menos interesante nutricionalmente y potenciar el consumo de lo que sí nos interesa. Sin embargo, si te digo que no pienses en una pelota de tenis ¡no lo hagas! Imposible ¿verdad? Pues este es el efecto que tiene la prohibición en nuestro cerebro. Basta con nombrar algo para que nuestro cerebro nos lo muestre.
Pues este mismo efecto tiene el hecho de prohibir o hablar de los alimentos que queremos limitar. Lo ideal es que ni se vean, ni se oigan y que el cambio se produzca en lo que sí debemos incluir en la lista de la compra.
Algo que cualquier persona que pasa tiempo con peques descubre pronto es que eso de “haz lo que digo, no lo que hago” con ellos no sirve, porque los niños aprenden a ser mayores imitando a los adultos que tienen alrededor.
La familia es el primer y principal agente de socialización, transfiriendo y/o configurando conductas y estilos de vida a los niños, muchas veces a través de sus propias prácticas. Es en el ámbito familiar donde se inicia este aprendizaje, donde suceden las primeras experiencias de alimentación.
Así, el entorno familiar tiene un impacto significativo en el desarrollo de las conductas alimentarias. Por lo tanto, los adultos deben proporcionar a los niños un buen modelo de este comportamiento.
Las carencias de micronutrientes tienen una influencia negativa en el desarrollo cognitivo de los niños. Puede que pienses que en España, donde tenemos acceso a comida a diario, no existe la desnutrición infantil y en parte es cierto, en España es poco frecuente encontrar en consulta niños desnutridos por falta de energía o desnutrición calórica. Sin embargo, es muy frecuente encontrar niños y niñas con déficits nutricionales por una alimentación poco equilibrada.
La carencia nutricional más frecuente en la etapa infantil es el hierro. El déficit de este mineral conlleva que no se alcance el desarrollo cognitivo esperado, además de otras complicaciones. Por ello, es importante saber que no basta con poner comida en el plato, hay que saber qué elementos son importantes en la oferta.
El sobrepeso y la obesidad infantil son problemas importantes de salud pública por su prevalencia y su impacto sobre la salud y asociación con enfermedades no transmisibles, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes o el cáncer.
El 8 de noviembre de 2022 se publicaron los datos de la quinta ronda de Childhood Obesity Surveillance Initiative (COSI) de 2018-2020 sobre la prevalencia de obesidad Infantil en la que han participado 33 países y casi 411.000 niños en edad escolar.
Según los resultados de esta, en la actualidad, el 29% de los escolares de 7 a 9 años de la región europea de la OMS tiene sobrepeso u obesidad. Los países con las prevalencias más altas son los mediterráneos, entre los que también se encuentra España.
Según la Asociación Española de Pediatría (AEP) en torno al 20% de niños españoles tienen algún tipo de alergia. La leche de vaca y el huevo son los alimentos que con más frecuencia producen alergia en los niños.
La alergia a la leche de vaca se manifiesta durante el primer año de vida. Entre el primer y segundo año suele debutar la alergia al huevo, pescado y legumbres y, algo más tarde, la alergia a frutas y otros alimentos como frutos secos y mariscos. Los niños pueden ser alérgicos a uno o varios alimentos de cada familia (legumbres, pescados, frutos secos, frutas, etc.).
El tratamiento principal es retirar totalmente de la dieta el alimento que no se tolera, sus derivados, sus proteínas y los productos que puedan contener mínimas cantidades, lo que puede dar como resultado una alimentación muy restrictiva, con riesgo de carencias nutricionales, por lo que la participación en el mismo del nutricionista pediátrico es fundamental.
En la práctica clínica diaria, estimar de forma precisa los requerimientos del niño es muy importante ya que un adecuado aporte nutritivo contribuirá a un mejor manejo clínico.
Por otro lado, los niños necesitan energía para mantener una adecuada composición corporal, tener un correcto crecimiento y desarrollo y realizar la actividad física diaria. Sin embargo, hay que saber que las recomendaciones sobre requerimientos de energía están basadas en estudios realizados en población sana, por lo que hay que individualizar los cálculos para adaptarse a las necesidades en caso de niños que presenten alguna enfermedad.
La ecuación predictiva más empleada para calcular los requerimientos calóricos en población infantil es la fórmula de Schofield y de la OMS, que se muestra a continuación:
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Ecuaciones predictivas del gasto energético |
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Ecuaciones de Schofield. Resultados en megajulios/24h (multiplicar por 239 para obtener kcal/24h). |
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0-3 años |
3-10 años |
10-18 años |
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Niños |
0,00P + 6,349T – 2,584 |
0,082P + 0,545T + 1,730 |
0,068P + 0,574T + 2,157 |
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Niñas |
0,068P + 4,281T – 1,730 |
0,071P + 0,677T + 1,553 |
0,035P + 1,984T + 0,837 |
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Ecuaciones de la OMS. Resultado en kcal/24h |
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0-3 años |
3-10 años |
10-18 años |
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Niños |
60,9P -54 |
22,7P + 495 |
17,5P + 651 |
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Niñas |
61P – 51 |
22,5P + 499 |
12,2P + 746 |
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P: peso (kg); T: talla (m). |
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Tabla 1: Ecuaciones predictivas del gasto energético
Fuente: Cálculo de los requerimientos energético-proteicos para el soporte nutricional en la práctica clínica. Elaboración propia adaptado de A. Moráis López, et al.
Teniendo en cuenta que el total de energía debe ser aportado por los diferentes macronutrientes, sus recomendaciones las encontramos en diferentes guías, dependiendo de cual consultemos podemos encontrar pequeñas diferencias.
En el caso de Europa, es la EFSA quien establece estas IDR para la población sana en el informe técnico más actual hasta la fecha, que data del 2017. Los criterios en los que se basan los valores nutricionales de referencia (VNR) de la EFSA se describen en su dictamen científico.
Por otro lado, se debe tener en cuenta que la necesidad de un nutriente varía de unas personas a otras. La necesidad media (NM) y la ingesta de referencia para la población (IRP) describen la distribución de las necesidades de una población.
Estas indican respectivamente la ingesta de un nutriente que satisface las necesidades diarias de la mitad o de la mayoría (97,5 %) de los componentes de la población. Suponiendo que las necesidades individuales de un nutriente se distribuyan de forma normal dentro de una población, la IRP se calcula como la NM más el doble de su desviación estándar (DE).
En la práctica, rara vez se conoce la DE, por lo que se utiliza un coeficiente de variación predeterminado para obtener las IRP. Si no es posible determinar la NM de un nutriente, no se puede obtener la IRP.
Sin embargo, cuando no hay datos científicos suficientes para determinar la NM (y la IRP), pueden proponerse otros dos valores, la ingesta adecuada (IA) y los rangos de ingesta de referencia para macronutrientes (RI). Una IA es el nivel de ingesta que se supone que es suficiente según las observaciones realizadas a partir de grupos de personas aparentemente sanas y requiere más juicio que el que se aplica para determinar una NM o una IRP.
La implicación práctica de un IA es similar a la de una IRP, es decir, describir el nivel de ingesta de un nutriente que se considera adecuado para mantener una buena salud. Los RI suelen fijarse para las grasas totales y para los hidratos de carbono totales basándose en su contribución relativa a la ingesta de energía total. Indican el rango de ingesta de una fuente de energía que es adecuado para mantener la salud.
Las necesidades nutricionales de los lactantes menores de 6 meses suelen considerarse equivalentes al aporte de la leche materna, por lo que la EFSA no ha establecido ningún VNR para este grupo. Sin embargo, en su primer semestre los lactantes pueden tener necesidades nutricionales específicas, que se abordan en las políticas nacionales de salud pública. Para tener más información en cuanto a este tema, puedes consultar los diferentes VRD según la edad y sexo del paciente, consulta el enlace de la EFSA: https://efsa.gitlab.io/multimedia/drvs/index.htm.
Sin embargo, salvo que estemos hablando de una terapia nutricional en hospital, los cálculos de requerimientos de cada paciente son inviables, por lo que en la práctica hemos traducido esas cifras a raciones de consumo recomendadas, una herramienta mucho más fácil y ágil de utilizar que además se puede presentar a la familia de múltiples formas, atractivas y visuales como el plato de Harvard (Figura 2), la frecuencia de consumo de alimentos establecida por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria o el semáforo de alimentos que puedes visualizar accediendo a este enlace:https://aprende.com/blog/bienestar/nutricion/combinaciones-nutritivas-de-alimentos.

Conocer las necesidades nutricionales de la infancia es indispensable si quieres trabajar en nutrición infantil, pero más importante incluso, es entender cómo evoluciona el comportamiento alimentario en estos primeros años. Abordar los problemas de alimentación de los niños en el seno familiar implica trabajar de forma indirecta con nuestro paciente, que es el peque, para ello hay que empatizar con los adultos.
Nuestro objetivo como agentes de salud es lograr que los niños coman de forma saludable, además de que establezcan una relación saludable con la comida, para conseguirlo debemos saber comunicar para ellos y ser capaces de diseñar herramientas terapéuticas que les permitan aprender y acercarse a los alimentos saludables a través de lo que más dominan, el juego.
En definitiva, saber de nutrición en líneas generales, no es suficiente para abordar la alimentación y nutrición durante la infancia ya que este colectivo tiene necesidades específicas, conductas peculiares y su propio lenguaje. Por eso, si quieres aprender más sobre este tema, te esperamos en nuestra formación específica en nutrición pediátrica, a través de nuestro curso Experto en Nutrición Infantil de CEAN https://ceangroup.com/curso-experto-nutricion-pediatrica-infantil/.
Bibliografía:

Máster Universitario en Alimentación y Dietoterapia en el Adolescente y Niño. Graduada en Nutrición Humana y Dietética. Diploma Universitario de Especialización en Intolerancias y Alergias Alimentarias Pediatricas. Experto Universitario en Alimentación del niño vegetariano y vegano. Certificado de Consultora internacional de Lactancia (IBCLC). Dietista – nutricionista infantil y familiar. Consultora de Lactancia IBCLC.