Dr. Javier S. Perona, Dra. Bianca Muresan y Sergio Guerrero
COMITÉ EDITORIAL
Dirección y coordinación: Fernando Mata (Director General CEAN) Dra. Bianca Muresan (Miembro equipo CEAN)
Invitado especial del mes: Dr. Javier S. Perona
Revisión de artículos: Fernando Mata, Dra. Bianca Muresan, MSc. Pedro Carrera MSc. Óscar Picazo
Investigador en el CSIC sobre nutrición y metabolismo de los lípidos. Profesor asociado Universidad Pablo de Olvide. Doctor en Química por la Universidad de Sevilla y Licenciado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos por la Universidad del País Vasco.
En primer lugar, muchas gracias por aceptar nuestra invitación Dr. Javier. Un placer tenerle aquí en nuestra revista.
Muchas gracias a vosotros por contar conmigo. Es un placer tener la oportunidad de hablar sobre este tema, que me apasiona tanto.
Antes de comenzar con algunas preguntas, nos gustaría que nos hable de usted/o de ti. ¿Quién es Javier Perona ¿Cómo has llegado hasta aquí?
En realidad, mi nombre completo es Javier Sánchez Perona, pero como mi primer apellido es tan común, empecé a firmar los artículos científicos abreviándolo, para que el nombre fuera más fácilmente reconocible. La verdad es que funcionó, aunque a mi padre no le hizo mucha gracia.
¿Cuáles dirías en este momento son los principales hitos que han marcado tu carrera profesional?
Desde que comencé mi carrera científica, me centré en el metabolismo lipídico, pero más en particular en las lipoproteínas ricas en triglicéridos postprandiales. Estas partículas son las encargadas de transportar los triglicéridos por la sangre, bien sean de origen exógeno (de la dieta) o endógeno. En ese contexto, he contribuido a demostrar que su metabolismo es clave en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares. Además, he trabajado en esclarecer los mecanismos por los que los aceites de oliva, formando parte de una Dieta Mediterránea, tienen beneficios sobre la aterosclerosis y la hipertensión. Algunos de esos mecanismos están precisamente ligados al transporte de triglicéridos, que es dependiente de la composición en componentes menores bioactivos de las grasas que consumimos.
Por ese motivo, en los últimos años mi interés científico se ha dirigido a investigar el papel de algunos de esos componentes en los procesos de tipo inflamatorio que tienen lugar en el desarrollo de las enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer y en la Diabetes Mellitus. En esas líneas de investigación es en las que estoy trabajando en la actualidad.
Si miramos tu vida académica e investigadora está ligada al estudio de las grasas, compuesto bioactivos y su repercusión en la salud. Haciendo una mirada al pasado, las grasas estuvieron demonizadas en un tiempo, en otro tiempo empezaron a tener grises e incluso algunos, permite la expresión, las beatificaron y basan su dieta prácticamente en ellas (dieta cetogénica). Pero ¿qué nos dice actualmente la ciencia sobre grasas (aunque mejor sería referirnos a lípidos) y salud? ¿Todas las grasas son iguales?
Como dices, durante años las grasas fueron demonizadas. Era sencillo hacerlo porque su densidad energética es la más alta de todos los nutrientes. En ese proceso, y por motivos espurios, se dejó a un lado el azúcar, poniendo el foco solo en las grasas de la dieta. Poco a poco, este paradigma está cambiando. En primer lugar, se demostró el colesterol de la dieta no tenía la influencia que se creía sobre los niveles plasmáticos de colesterol porque el organismo tiene capacidad de regular su homeostasis. Así pues, se puso el foco en los ácidos grasos saturados, como responsables de las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, cada vez hay más evidencia que indica que estos ácidos grasos no son tan peligrosos como se venía diciendo. En primer lugar, porque no todos los ácidos grasos saturados tienen el mismo efecto. Por ejemplo, el ácido esteárico (18 átomos de carbono) se considera neutro frente a la enfermedad cardiovascular, mientras que el ácido mirístico (14 átomos de carbono) sería más peligroso. De todos modos, los organismos responsables siguen recomendando reducir en lo posible el consumo de ácidos grasos saturados, sin distinguir unos de otros.
Por otro lado, es seguro que el consumo de azúcar tiene un papel más importante en el riesgo cardiovascular pero lo más probable es que sea la combinación de saturados, azúcar y sal sea de la que realmente nos debamos cuidar. Sobre todo, cuando forman parte de alimentos que contienen aditivos que maximizan su atractivo. En ese sentido, puede que los alimentos ultraprocesados expliquen las discrepancias que durante años hemos encontrado.
El aceite de oliva, sobre el que sé que tienes varias e interesantes publicaciones, es uno de los “productos de nuestra tierra” más internacional y con beneficios sobre la salud atribuidos ¿qué nos puedes contar sobre el aceite de oliva? ¿Es tan bueno como se refiere? De ser así ¿qué efectos tiene para nuestra salud?
El aceite de oliva es, probablemente, el aceite comestible que tiene un perfil de composicional más saludable de todos los existentes en el mundo. Así lo reconoce la comunidad científica, pero también otros profesionales de la alimentación. Por el momento, hay sólidas evidencias de que su consumo puede ser protector frente a las enfermedades metabólicas más habituales, como las cardiovasculares, la diabetes, el síndrome metabólico, e incluso las enfermedades neurodegenerativas y el cáncer. Además, y a pesar de que se trata de una grasa, se ha observado que su consumo, formando parte de una dieta saludable como es la mediterránea, no incrementa el peso corporal, así que es un buen aliado frente a la obesidad.
Estos beneficios se deben, fundamentalmente, a que se trata de un alimento que se extrae mediante procedimientos físicos de la aceituna y conserva una gran cantidad de compuestos bioactivos con actividad antioxidante, antiinflamatoria e hipocolesterolemiante. En cualquier caso, y dado que se trata de una grasa, no se debe abusar de su consumo. Lo ideal es hacerlo como parte de la Dieta Mediterránea, lo que incluye cantidades adecuadas, pero también formas de consumo tradicionales.
Aceite de oliva, aceite de oliva virgen o aceite de oliva virgen extra (AOVE) ¿en qué nos debemos de fijar a la hora de comprarlos? ¿Todos son iguales? ¿Qué diferencias fundamentales existe con respecto a otros aceites de consumo humano?
El aceite de oliva virgen es el que se extrae mediante procedimientos mecánicos y no sufre ningún tipo de transformación química en su procesado. Si tiene una elevada calidad organoléptica, se denomina “extra”. Es importante resaltar, que, dado que el apellido “extra” depende solo de su aroma y sabor, no aporta inflamación acerca de su calidad nutricional. Es decir, en lo que respecta a la salud, virgen y virgen extra son equivalentes.
Por otro lado, si el aceite extraído no tiene suficiente calidad, se denomina “lampante” y debe ser sometido a refinación antes de su comercialización. En esa refinación se pierden algunos de los compuestos bioactivos que mencionaba antes, algunos de los cuales se recuperan mediante la adición de aceite de oliva virgen, en lo que se llama “encabezado” del aceite. El producto final obtenido es el aceite de oliva.
El último de los aceites de la familia es el aceite de orujo de oliva. En el subproducto de la obtención del aceite de oliva virgen queda aproximadamente un 2% de aceite, que puede ser extraído mediante procedimientos químicos. Este aceite también es refinado y encabezado y se comercializa como aceite de orujo de oliva. Se trata de un aceite bastante desconocido pero muy particular porque contiene concentraciones elevadas de compuestos bioactivos, que llegan a partir de la pulpa y la piel de la aceituna, así como de la hoja del olivo. Aunque algunos se pierden en la refinación, conserva cantidades muy importantes. En mi grupo de investigación trabajamos con estos aceites porque pensamos que esos compuestos pueden tener un papel importante en la prevención de los procesos inflamatorios que tienen lugar en las enfermedades cardiovasculares y el Alzheimer.
Por último, queremos decirte que nos encantó tu libro sobre “Los alimentos procesados”, publicado por la editorial Catarata en la Colección de CSIC, pero ¿qué sabemos de estos alimentos? La polémica sobre este tema en los últimos años (quizás por exceso de desinformación) es patente. ¿Qué son los alimentos ultraprocesados? ¿Por qué nos gusta tomarlos? ¿Todos afectan a nuestra salud de forma negativa?
¡Gracias! La verdad es que el libro está teniendo muy buena acogida, probablemente porque, como dices, existe mucha polémica al respecto. Lo cierto es que, aunque lo parezca y todos tengamos una intuición sobre lo que son, no es fácil definir qué son los alimentos ultraprocesados. De hecho, hasta hace unos pocos años, no había una definición aceptada por toda la comunidad científica. Hoy en día sí la hay, aunque es controvertida, compleja y difícil de aplicar para los consumidores.
En cualquier caso, como digo, todos tenemos en mente algunos ejemplos de ultraprocesados pero necesitaría extenderme mucho para definirlos correctamente. Lo que está claro es que nos resultan extremadamente atractivos porque son convenientes, accesibles y baratos, pero, sobre todo, porque son muy sabrosos. Los percibimos así porque su consumo estimula los sistemas de recompensa del cerebro, por lo que sentimos placer cuando lo hacemos. Por ese mismo motivo, es muy fácil caer en un consumo compulsivo.
La evidencia científica más reciente nos muestra que el consumo de ultraprocesados está asociado con la prevalencia de las enfermedades que vengo mencionando. De hecho, esa relación es muy potente, según muestran los estudios publicados en los dos o tres últimos años. Sin embargo, no se puede afirmar, al menos a día de hoy, que esa relación sea de tipo causal. Es decir, sabemos que las personas que consumen más ultraprocesados tienen mayor riesgo de padecer estas enfermedades, pero no podemos asegurar a ciencia cierta que la aparición de las enfermedades sea causada por el consumo de ultraprocesados. Esto se debe al diseño de los estudios que se han realizado hasta la fecha, que son de tipo observacional. Para poder establecer relaciones de causalidad necesitamos ensayos clínicos y, por el momento, son muy pocos los disponibles.
Muchas gracias de nuevo Javier, un placer aprender juntó a ti.
Autor: Dr. Javier S. Perona
Hace treinta años, a principios de la década de los 90, a los españoles no les preocupaba demasiado el consumo de bollería industrial. Al menos, no mucho más allá de la posibilidad de caries dental debido al consumo de productos azucarados. Mucha menos preocupación había sobre el consumo de alimentos ultraprocesados, como pizzas o hamburguesas. Esto es lógico porque los españoles de esa época solo ingerían un 11% de la energía diaria procedente de ultraprocesados (Latasa et al., 2018). Sin embargo, en los veinte años siguientes, esa cifra se multiplicó por tres, y en el año 2010, los ultraprocesados ya constituían un 32% de la energía diaria.
El consumo de alimentos ultraprocesados ha aumentado significativamente en todo el mundo en las últimas décadas, lo que ha sido motivo de preocupación para los expertos en salud pública, dietistas-nutricionistas, médicos, científicos, etc. Estos alimentos, que generalmente se caracterizan por tener una alta densidad energética, bajo valor nutricional y estar elaborados a partir de ingredientes refinados, han sido vinculados con un mayor riesgo de enfermedades crónicas, como la obesidad, la diabetes y enfermedades cardiovasculares (Jul et al., 2022). Más aún, estudios recientes apuntan a que esa vinculación podría extenderse a enfermedades neurodegenerativas (Martínez y Segura, 2020) e incluso algunos tipos de cáncer (Kliemann et al., 2022).
A pesar de los riesgos para la salud, los alimentos ultraprocesados siguen siendo muy atractivos para los consumidores. Una de las principales razones de su popularidad es su accesibilidad y conveniencia. Estos alimentos son muy fáciles de encontrar en los comercios, y a menudo son más baratos que los alimentos frescos y saludables. Además, muchos de estos productos tienen una larga vida útil, lo que los hace ideales para aquellos que buscan opciones de alimentos que duren más tiempo. También son alimentos rápidos y fáciles de consumir, que en la mayoría de las ocasiones no precisan de conocimientos culinarios. Otro factor que contribuye a la popularidad de los alimentos ultraprocesados es su sabor. Estos productos contienen grandes cantidades de azúcar, sal y/o grasas saturadas, lo que los hace más sabrosos y palatables. Los fabricantes de alimentos han desarrollado métodos y tecnologías que les permiten crear sabores intensos y texturas atractivas que los consumidores encuentran atractivos.
Además, la publicidad y el marketing agresivo de los alimentos ultraprocesados influyen en su consumo. Las empresas de alimentos gastan enormes sumas de dinero en publicidad y promoción de sus productos, utilizando técnicas de marketing que apelan a las emociones y los deseos de los consumidores. Esto puede crear una percepción falsa de que los alimentos ultraprocesados son más saludables o más sabrosos que los alimentos frescos y naturales. Tampoco se sebe descartar el factor económico. Aunque existen excepciones, muchos de los alimentos ultraprocesados son más baratos que alimentos frescos o mínimamente procesados, lo que resulta también muy conveniente para personas con pocos recursos.
En definitiva, los alimentos ultraprocesados no solo son muy convenientes para personas con pocos conocimientos culinarios, pocos recursos o poco tiempo para preparar sus comidas. Por encima de eso, los ultraprocesados son muy atractivos y palatables. Pero ¿por qué resultan tan atractivos?
Los alimentos ultraprocesados nos atraen más allá de lo natural
Nikolaas Tinbergen realizó una serie de experimentos con peces espinosos en la década de 1950 para investigar cómo los patrones de comportamiento innato son desencadenados por estímulos específicos y cómo estos patrones de comportamiento se pueden manipular para producir respuestas más allá de lo natural (Hoogland et al., 1956). En uno de sus experimentos, Tinbergen utilizó un modelo de pez espinoso hecho de madera y pintado con patrones y colores característicos de la especie, como es la presencia de una banda roja en el abdomen. Descubrió que los peces espinosos respondían más fuertemente a este modelo que a un pez espinoso real. En época de apareamiento, los peces espinosos macho se comportan de forma muy agresiva contra otros machos por competencia con las hembras. Esa respuesta violenta era más intensa cuando los peces se veían enfrentados a peces artificiales con la banda roja abdominal que frente a peces reales. Además, la respuesta era igual con independencia de la forma del pez artificial. Tinbergen concluyó que este modelo era una forma de “estimulación supernormal” que desencadenaba una respuesta exagerada en los peces espinosos.
Otro caso curioso de estimulación supernormal es el del escarabajo joya australiano, que estuvo a punto de extinguirse debido a problemas en su reproducción (Gwynne et al., 1983). Los escarabajos joya despreciaban a las hembras y, por tanto, dejaban de reproducirse. Los científicos descubrieron que las botellas de cerveza que encontraban tiradas en el campo atraían a los escarabajos macho, que intentan aparearse con ellas. Ese comportamiento se debía a la similitud del aspecto y la textura de las botellas con los escarabajos hembra: eran marrones, más grandes que los machos y con unas protuberancias que les resultaban irresistibles. En algunos casos, los escarabajos morían por inanición mientras intentaban en vano copular con botellas de cerveza. El problema se resolvió cambiando el color de las botellas de marrón a verde, un color que no atraía a los escarabajos macho.
La estimulación supernormal que Timbergen descubrió en animales ha sido vinculada a la preferencia de los alimentos ultraprocesados en humanos. Estos alimentos contienen una combinación de sabores, texturas y olores diseñados para estimular los centros de recompensa en el cerebro de una manera que supera a los alimentos naturales. Estas características de los alimentos ultraprocesados pueden producir una respuesta exagerada en el cerebro, similar a la respuesta exagerada que Tinbergen observó en los peces espinosos. Como resultado, los alimentos ultraprocesados pueden ser más atractivos, más adictivos y más propensos a causar sobrealimentación y obesidad que los alimentos naturales.
Nuestro cerebro nos recompensa cuando consumimos ultraprocesados
Los sistemas de recompensa en el cerebro están compuestos por circuitos neuronales complejos que se activan en respuesta a estímulos gratificantes, como la comida, el sexo y las drogas. La activación de estos sistemas de recompensa libera neurotransmisores, principalmente dopamina, en regiones del cerebro asociadas con la motivación y la recompensa, como el área tegmental ventral y la sustancia negra, en el troncoencéfalo.
La combinación de de grasas, azúcares y sal en niveles elevados en los alimentos ultraprocesados puede producir una respuesta exagerada en el sistema de recompensa, liberando niveles más altos de dopamina y produciendo una sensación de placer y recompensa más intensa que la obtenida con alimentos naturales. Esta respuesta exagerada puede llevar a la búsqueda compulsiva de alimentos ultraprocesados y al consumo excesivo de los mismos, lo que a su vez puede conducir a la obesidad y otros problemas de salud relacionados con la dieta.
El consumo compulsivo y excesivo de alimentos, especialmente los ricos en grasas, puede tener similitudes con la adicción a las drogas. El aumento en la liberación de dopamina es común en ambas situaciones y también se han identificado cambios en la expresión de genes relacionados con los sistemas opioide y el endocannabinoide con el consumo de algunos alimentos. De hecho, el deseo de consumir alimentos ultraprocesados puede volverse excesivo y compulsivo, e incluso provocar síndromes de abstinencia. La “teoría de la puerta de entrada” sugiere que la alimentación compulsiva podría facilitar el desarrollo de otros comportamientos desadaptativos, como el abuso de drogas. Estudios en la Universidad de Valencia demostraron que aquellos con un comportamiento compulsivo hacia los alimentos ricos en grasas eran más vulnerables al consumo de cocaína y alcohol, especialmente en la adolescencia (Blanco-Gandía et al., 2017). Incluso se esforzaban más en tareas para obtener las dosis de alcohol o cocaína. Aunque se necesita más investigación para comprender mejor el nexo entre los cambios en el circuito de recompensa y el comportamiento de adicción hacia la comida, estos hallazgos apuntan a la necesidad de abordar la alimentación compulsiva provocada por los alimentos ultraprocesados como un problema de salud pública.
El papel de la industria del tabaco
En las décadas de los 80 y 90, el consumo de alimentos ultraprocesados en Estados Unidos aumentó significativamente, lo que contribuyó a la epidemia de obesidad en el país. La proporción de energía obtenida de estos productos por personas de 40 a 59 años aumentó entre el 33% para las patatas fritas y el 240% para las pizzas durante estos años (Nielsen y Popkin, 2003) (Figura 2).
El uso de restaurantes de comida rápida también aumentó durante este período. Se cree que el aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados se debió en parte a la participación de la industria tabacalera en la industria alimentaria.
RJ Reynolds y Philip Morris, dos de las mayores corporaciones tabacaleras estadounidenses, adquirieron algunas de las mayores empresas alimentarias en los años 80, transfiriendo su conocimiento de marketing de la venta de cigarrillos a los alimentos. Estas empresas tenían científicos especializados en el estudio del cerebro y cómo procesa los sabores y aplicaron ese conocimiento al marketing de alimentos.
Es difícil demostrar que el papel de las empresas tabacaleras en la industria alimentaria fue realmente el causante del incremento en el consumo de ultraprocesados, y, por tanto, de las tasas de obesidad. Sin embargo, un editorial de la revista Psychotherapy and Psycosomatics se llega a afirmar “que la industria alimentaria ha tenido mucho éxito en beneficiarse de los ultraprocesados, que ahora representan más del 60% de todas las calorías consumidas en los EE. UU. y que la evidencia empírica respalda el papel directo que juegan estos productos en la motivación del comportamiento de comer en exceso” (LaFata y Gearhardt, 2022).
La insaciable búsqueda de grasas saturadas, azúcar y sal
El atractivo que los alimentos ricos en grasas saturadas, azúcar y sal ejercen sobre las personas puede explicarse en términos evolutivos. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la comida era escasa y no siempre fácil de obtener. En este contexto, el cuerpo humano desarrolló el sistema de recompensa mencionado más arriba que nos impulsa a buscar alimentos que nos proporcionen los nutrientes necesarios para sobrevivir, especialmente aquellos que son más difíciles de encontrar. Las grasas saturadas, el azúcar y la sal son nutrientes esenciales que desempeñan un papel crítico en la supervivencia humana. Por ejemplo, las grasas son importantes para la absorción de vitaminas liposolubles y para la producción de hormonas y membranas celulares. El azúcar es una fuente importante de energía, mientras que la sal es necesaria para regular la presión arterial y la hidratación celular. Sin embargo, estos nutrientes eran escasos en la dieta de nuestros antepasados y, por lo tanto, su cuerpo desarrolló una preferencia por ellos.
Para nuestros antepasados, conseguir grasas saturadas para su dieta no era una labor sencilla. Estos nutrientes se encuentran en muchos animales, pero es necesario cazarlos para proveerse de cantidades importantes, con los riesgos que esa actividad tiene. Se podría suponer que conseguir azúcar es más sencillo porque puede encontrarse en las frutas. Sin embargo, en una zona geográfica reducida, las frutas dulces solo están disponibles durante un periodo muy corto del año. Las otras principales fuentes de azúcar son plantas que no tienen, en principio, el aspecto de ser dulces, como la caña o la remolacha. Y, con respecto a fuentes animales, para conseguir miel es necesario robársela a las abejas, lo que también tiene importantes riesgos. Con la sal sucede algo similar, ya que obtenerla implica desalar agua del mar o de otras fuentes o bien obtenerla bajo tierra. Sin embargo, en la actualidad, los alimentos ultraprocesados, ricos en grasas, azúcar y sal están disponibles en abundancia, al alcance de la mano en cualquiera de los numerosos supermercados que tenemos a nuestro alrededor.
En conclusión, el consumo de alimentos ultraprocesados ha aumentado significativamente en todo el mundo, lo que ha sido vinculado con un mayor riesgo de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.
Los alimentos ultraprocesados siguen siendo muy populares debido a su accesibilidad, conveniencia y publicidad, pero la combinación de grasas, azúcares y sal en niveles elevados presentes en estos alimentos ha sido diseñada para estimular los sistemas de recompensa del cerebro de manera más intensa que los alimentos naturales, lo que puede llevar a la búsqueda compulsiva y consumo excesivo de los mismos, y a problemas de salud relacionados con la dieta.
Autor: Dra. Bianca Muresan
Uno de los principales desafíos en el manejo clínico de un paciente con cáncer es mantener una adecuada nutrición e hidratación durante todo el tratamiento antineoplásico administrado. Además, es habitual que las terapias contra el cáncer deterioren gravemente el estado nutricional de un paciente, dando lugar a estados de desnutrición, sarcopenia o caquexia. Sin embargo, más allá de la desnutrición, muchos fármacos antineoplásicos y sus metabolitos pueden diferentes tipos de toxicidades como alteraciones digestivas (náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, etc.), renales, neurológicas, cardiacas, hematológicas, endocrinas, etc.
En cuanto a la toxicidad renal y de las vías urinarias, es importante conocer que, para una adecuada prevención de esta toxicidad, un adecuado estado de hidratación también es fundamental durante y después de los tratamientos. Esto es debido a que muchos fármacos quimioterápicos o sus metabolitos se eliminan tanto total como parcialmente por la vía renal, pudiendo producir diferentes alteraciones y lesiones tanto a nivel renal como de vías urinarias o vejiga.
Entre los principales tipos de toxicidad a nivel de riñón y de las vías urinarias se encuentran la renal (asociada sobre todo a fármacos quimioterápicos como el Cisplatino o Metotrexate), la toxicidad vesical (asociada a fármacos que pueden producir daño en la vejiga como Ciclofosfamida o Ifosfamida), el síndrome hemolítico-urémico (aparece al menos 6 meses después de finalizar el tratamiento con quimioterapia), o la proteinuria (asociado sobre todo al uso de inhibidores de la angiogénesis como el Bevacizumab).
Por ello, tal y como indican los principales estudios, la mejor forma desde el punto de vista nutricional para controlar y disminuir esta toxicidad es la realización de una analítica previa que confirme una buena función renal previa a la quimioterapia, el ajuste de fármacos y dosis según la función renal. Además, en algunos fármacos asociados al aumento de la insuficiencia renal aguda como el cisplatino, se recomienda aumentar la ingesta de líquido durante los 2 días siguientes a la quimioterapia junto con una pauta de hidratación específica durante la semana posterior.
Sin embargo, en algunos casos específicos como durante el tratamiento con Ifosfamida, la hidratación es insuficiente, por lo que se debe asociar antídotos específicos que inactiven los metabolitos tóxicos de los quimioterápicos impidiendo que se acumulen en la vejiga. Además, en caso de algunos fármacos a dosis altas como Metotrexate, se requieren controles exhaustivos con hidratación forzada y alcalinización de la orina, siendo fundamental unas adecuadas pautas de hidratación en todos estos casos.
Por último, tal y como se indica en la figura 1, podemos tener pacientes que tengan neoplasia renal avanzada (EIV) con un riñón muy afectado y el filtrado glomerular alterado o incluso tener en consulta pacientes que presenten dos patologías a la vez, como el cáncer y la enfermedad renal crónica (ECR), presentando un verdadero desafío desde el punto de vista nutricional. Por ello, en este artículo se va a detallar qué es la enfermedad renal crónica y más allá del ajuste de proteínas por filtrado glomerular (que todos/as conocemos), vamos a ver en detalle qué micronutrientes también se deben vigilar en caso de pacientes con cáncer y enfermedad renal.
Enfermedad renal crónica:
La enfermedad renal crónica (ERC) es un problema de salud cada vez más prevalente ya que cada año, un elevado número de pacientes reciben tratamiento con diálisis y a su vez, el número de trasplante renal también ha aumentado drásticamente en los últimos años. Sin embargo, es importante recordar que, en la enfermedad renal, existen muchas más complicaciones “extra-renales” y que pueden afectar todo el organismo aumentando la incidencia de morbi-mortalidad. Algunas alteraciones de la enfermedad renal en el organismo son la enfermedad cardiovascular y la hipertensión arterial (que a su vez también es una de las causas principales de la enfermedad renal junto con la diabetes de mal control), la anemia, la desnutrición, los trastornos óseos y minerales y las neuropatías.
Por otro lado, en la enfermedad renal crónica, está afectada tanto la función endocrina de los riñones (que consiste en producir hormonas y sustancias necesarias para un adecuado desarrollo) como la función exocrina (que evita la acumulación de sustancias tóxicas en el organismo, así como un exceso de líquidos).
Como consecuencia, debido a este mal funcionamiento, se acumulan sustancias de desecho como la urea, creatinina y ácido úrico por lo que desde nefrología se pauta la diálisis (en sus variantes de hemodiálisis y diálisis peritoneal) para eliminar estas sustancias tóxicas acumuladas junto con el exceso de líquido, además de contribuir a mantener la presión sanguínea.
También es importante mencionar que, actualmente existe un síndrome ligado a la enfermedad renal llamado síndrome MIA asociado de forma directa a la malnutrición, inflamación y arterioesclerosis. Y es que además de la desnutrición (calórico-proteica, proteica o calórica) que sufren estos pacientes, la inflamación crónica, el estrés oxidativo y el estado urémico causan múltiples complicaciones. Además, tal y como se ha indicado antes, existe un elevado % de desarrollar arterioesclerosis, siendo esta una de las principales causas de morbi-mortalidad en pacientes con ERC avanzada.
En cuanto a la nomenclatura actual de insuficiencia renal crónica, esta se define como la reducción mantenida de más de 3 meses del filtrado glomerular (FG) por debajo de 60ml/min/1,73 m2 o por evidencia de daño renal a nivel estructural o funcional (como por ejemplo enfermedad poliquística, fibrosis intersticial, albuminuria mantenida…). De esta forma, se puede considerar un diagnóstico de ERC, aun cuando el filtrado es superior a 60 ml/min, pero el paciente presenta daño renal determinado por imagen médica o daño funcional determinado mediante muestras de orina (ej. albuminuria). A continuación, se detallan los 5 estadios de la ERC, así como su clasificación aceptada a nivel internacional y basada en las guías KDIGO (tabla 1) y la morfología del riñón (figura 2).
Tabla 1. Estadios y clasificación de la ERC.
En cuanto a la alimentación del paciente con enfermedad renal, una pauta dietética personalizada dependiendo del estadio de la enfermedad renal es fundamental para mantener un adecuado estado de salud, evitando al máximo posible las complicaciones clínicas en cualquiera de sus fases.
Por ello, a continuación, se intentará plasmar de una forma clara y sencilla, las principales pautas dietéticas para el control de potasio, fósforo y sodio en la enfermedad renal.
Teniendo en cuenta las Guías Europeas sobre Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN) de enfermedad renal crónica en cuanto a la ingesta de minerales, se considera lo siguiente: la ingesta de sodio se sitúa entre 1,8-2,5 g/día, la ingesta de potasio se sitúa entre 1.500 – 2.000 mg/día (máximo 2.500 mg en hemodiálisis) y la ingesta de fósforo entre 600 -1.000 mg/día.
Control de sodio (Na):
Hoy en día se conoce que un alto contenido en sodio en el paciente con enfermedad renal puede dar lugar a una retención de líquidos junto con un aumento de la presión arterial, hipernatremia e incremento de la sed.
Por ello, en rasgos generales, se debe evitar la ingesta de productos procesados con elevada cantidad de sal, limitar el uso de la sal de mesa al cocinar y condimentar los platos con algunos alimentos como el limón, por ejemplo, junto con algunas especias y hierbas aromáticas.
Por otro lado, tampoco se recomienda ingerir alimentos con alto contenido en sal como aperitivos salados (chips, snacks, olivas, encurtidos, salsas comerciales como kétchup, mayonesa, etc.), sopas y cremas enlatadas, pescados en salmuera o ahumados, quesos curados, embutidos, mariscos y crustáceos, comida fast food o ultraprocesada, o pastillas de caldo vegetal.
Control de potasio (K):
Teniendo en cuenta que una de las principales complicaciones de la ERC es el aumento de potasio en sangre (hipopertasemia), por disminución del FG, este tipo de alteración tiene como consecuencia múltiples complicaciones como debilidad muscular, mareos, vértigos, sed, alteraciones cardiacas, etc.
Por ello, una de las principales pautas nutricionales en pacientes con ERC crónica es disminuir la cantidad de K a través de una pauta dietética personalizada en función del estadio de la ERC. Hoy en día se conoce que, los alimentos con mayor cantidad de potasio son las frutas, verduras, frutos secos, hortalizas, legumbres y chocolate. Sin embargo, como bien se conoce, cabe destacar que existen alimentos dentro de estos grupos con mayor contenido de potasio que otros, por lo que algunas frutas o verduras por ejemplo se podrán consumir a diario, mientras que otras no. Sin embargo, no se debe olvidar que, al igual que en el resto de las recomendaciones, los pacientes con ERC deberán consumir 2 raciones de frutas y verduras/hortalizas al día, optando por aquellos con menor contenido en potasio y aplicando algunas técnicas culinarias para su reducción.
Es muy importante educar al paciente para que conozca la composición de potasio por cada 100 g de alimento (de acuerdo con las tablas de composición de alimentos), siendo recomendable incluir solo aquellos alimentos cuyo contenido de potasio sea inferior a 150 mg/100 g de alimento. Algunos de los alimentos con mayor contenido de K/100 g de producto son: la patata, el calabacín, las setas, las acelgas y espinacas, el tomate frito, los plátanos, albaricoques, aguacate, kiwi, granada, coco, ciruelas, uvas o los encurtidos. Por otro lado, aquellos alimentos con una cantidad moderada de K/100 g de producto son: la batata, el boniato, la calabaza, la col lombarda/rizada, coles, repollo, coliflor, escarola, habas, judías, nabos, puerro, remolacha, caquis, cerezas, frambuesa, grosella, higos, mandarinas, mango, melocotón, naranja, nectarina, piña, nísperos, uvas blancas, tomate o zanahoria. Por último, los alimentos con menor contenido en K/100 g son: el pepino, los arándanos, las compotas de manzana/pera caseras, el melocotón en almíbar, la sandía o el pimiento. Por otro lado, es importante recordar que el K también está presente en zumos envasados, frutos secos, semillas, chocolate, o como parte de algunos aditivos alimentarios.
En cuanto a los procesos culinarios, hoy en día se conoce que la forma de cocción más adecuada en pacientes con enfermedad renal es el hervido. Por otro lado, mediante diferentes trucos y formas de cocinado también se puede reducir la cantidad de K, sin embargo, los últimos estudios indican que no hay una diferencia significativa en la pérdida de potasio entre cocción normal y doble cocción con o sin remojo previo, tal y como se creía anteriormente. Por ello, no es necesario realizar una doble cocción a las verduras. Por otro lado, es importante saber que las verduras y legumbres en conserva tienen una cantidad de potasio inferior a las frescas. Sin embargo, si se opta por este tipo de verduras, es importante saber que se debe eliminar el líquido de la conserva y se deben lavar adecuadamente estos alimentos bajo el grifo. También se recomienda usar una cocción con agua abundante de los alimentos ricos en potasio (durante varios minutos), eliminando posteriormente el agua de cocción. Además, es importante recordar que estos alimentos se pueden cortar en trozos pequeños, dejarlos en remojo y posteriormente introducirlas en el líquido de cocción con abundante agua que posteriormente será eliminada, disminuyendo así la cantidad de K. Además, no se debe olvidar que, además de la conserva, la congelación también reduce la cantidad de K. Por último, no se debe olvidar que al pelar los alimentos más ricos en potasio (patata, zanahoria, etc.), también se disminuye su cantidad de potasio, sin embargo, estos alimentos seguirán siendo recomendados con precaución.
Control de fósforo (P):
Al igual que el potasio, en los pacientes con enfermedad renal, una dieta rica en fósforo puede dar lugar a hiperfosfatemia y esta se correlaciona con enfermedades graves como osteoporosis, calcificaciones vasculares, hiperparatiroidismo, osteodistrofia renal, junto con otras complicaciones. Por ello, la restricción dietética es una de las principales medidas de control en estos pacientes, por ello, se debe recordar que las principales fuentes de fósforo son: los lácteos y derivados, los pescados, los huevos, las carnes, las legumbres, los cereales integrales, los frutos secos, las salsas comerciales, la bollería/repostería o los aditivos alimentarios.
Es por ello que, en los pacientes con enfermedad renal, se debe tener en cuenta la ratio fósforo/proteína de los alimentos, usando esta técnica para aportar la cantidad de proteína necesaria junto con la menor cantidad de fósforo posible, teniendo en cuenta que los alimentos más ricos en proteína también son los alimentos con mayor cantidad de fósforo. Teniendo en cuenta este dato, se aconsejan aquellos alimentos con una ratio fósforo/proteína <16 mg/g como por ejemplo la sémola u harina de trigo, el arroz blanco, el cuscús, la pasta blanca o el pollo. Por otro lado, también es importante recordar que, se pueden distinguir dos grandes grupos de fósforo (el orgánico y el inorgánico).
En cuanto al fósforo orgánico, el que proviene de alimentos de origen animal como aves, carnes, huevos, lácteos, pescados. etc., se absorbe en mayor cantidad que el fósforo orgánico proveniente de alimentos de origen vegetal como cereales, frutos secos, semillas o legumbres. Por otro lado, el fósforo inorgánico (componente principal de los aditivos alimentarios), tiene una absorción mucho más elevada, en algunos casos llegando al 100% de su absorción. Por ello, a continuación, se enumeraban algunos de los aditivos desde aquellos con mayor contenido en fósforo como las lecitinas (E322) y algunos aditivos también con alto contenido en sodio (tabla 2) como el: ácido fosfórico (E338), fosfato de sodio (E339), fosfato de potasio (E340), fosfato de calcio (E341), fosfato de magnesio (E343), difosfatos (E450), trifosfatos (E451) o polifosfatos (E452). En la siguiente tabla (tabla 2) vienen detallados otros aditivos con elevado contenido en fósforo.
Control de calcio (Ca):
Es importante que otro de los micronutrientes alterado en pacientes con ERC es el calcio, pudiendo encontrase en el organismo tanto como alto o bajo, dando lugar a una serie de complicaciones como calcificaciones vasculares. Sin embargo, es importante recordar que, durante el proceso de diálisis la cantidad de calcio es más fácil de controlar que el resto de las nutrientes, por lo que no suele ser necesario una pauta individualizada de este mineral. Por último, los alimentos ricos en P también son los alimentos ricos en Ca, por lo que este mineral se controla disminuyendo las carnes, pescados, lácteos, huevos o incluso alimentos ricos en K como los vegetales de hoja verde, por lo que las recomendaciones nutricionales son similares que las descritas previamente.
Hierro (Fe):
Otro de los minerales que requiere especial mención es el hierro, sin embargo, en este caso relacionado con su deficiencia, no solo a causa del propio tratamiento y enfermedad, sino también como consecuencia de su baja ingesta tras la disminución del consumo de alimentos ricos en proteínas o fósforo o potasio (carnes, pescados, legumbres, etc.), que también son fuente de hierro. Por otro lado, se ha determinado que en pacientes con ERC también existe una disminución de la absorción de este mineral junto con una menor biodisponibilidad, favoreciendo la ferropenia y anemia. Por ello, se recomienda la suplementación de hierro en pacientes con ERC.
Vitamina D:
Por último, se debe hacer especial mención a esta vitamina, por la menor hidroxilación a nivel renal de la misma, dando lugar su déficit en la mayoría de los pacientes y requiriendo suplementación en caso de déficit nutricional moderado-severo.
Conclusiones
Es importante recordar que una adecuada intervención dietética antes y durante la enfermedad renal es sumamente importante para evitar diferentes complicaciones médicas y evitar el avance de la enfermedad renal.
Las necesidades nutricionales de los pacientes con enfermedad renal deben ser individualizadas en función del estadio, antecedentes de interés, análisis de laboratorio, existencia de desnutrición u otras complicaciones médicas asociadas.
Se debe llevar a cabo una educación nutricional del paciente sobre los diferentes tipos de alimentos, técnicas culinarias recomendadas y etiquetado de alimentos, además de un seguimiento nutricional, adaptando el plan dietético de forma permanente.
Autor: Sergio Guerrero
La salud mental es un componente fundamental del bienestar y calidad de vida de una persona, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como “un estado de bienestar en el cual cada individuo desarrolla su potencial puede afrontar las tensiones de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y puede aportar algo a su comunidad”. De ahí la importancia de cuidarla y tratarla de manera adecuada. La pandemia ha sacudido la salud mental de los españoles, sobre todo de los más jóvenes, a lo que la crisis sanitaria ha agravado los casos de estrés, depresión y ansiedad, así como la tasa de suicidios. Hoy en día se conoce que más de 2,1 millones de personas sufren algún cuadro depresivo y el 5 % tiene diagnosticada ansiedad. Además, en la actualidad, el suicidio es el primer motivo de muerte no natural en España, la cual lidera el consumo de ansiolíticos y los mal llamados “antidepresivos”. En 2020 las conductas suicidas se incrementaron un 7,4% respecto a 2019, un histórico récord de suicidios en España, desde que se comenzaron a registrar datos en 1906. Por lo tanto, a lo largo del presente artículo, se tratarán los pilares básicos primarios para tratar la salud mental, así como el uso de adaptógenos que presentan una mayor evidencia científica, su mecanismo de acción en el organismo, dosis y posibles efectos adversos.
La psicoterapia debe ser la primera opción para tratar la salud mental. En concreto, la terapia cognitivo-conductual está ampliamente evidenciada como efectiva.
Por otro lado, la nutrición es otro pilar fundamental, ya que existe evidencia de que una alimentación basada en ultraprocesados contribuye a la predisposición y/o empeoramiento de la enfermedad. Asimismo, y no menos importante, el ejercicio tanto aeróbico como de fuerza también deberían ser una de las primeras opciones a emplear.
Por último, y de lo que trataremos en el presente artículo, podemos apoyar el proceso en el uso de adaptógenos. A continuación, se tratará de qué son, cómo actúan, dosis empleadas, así como los posibles efectos secundarios de cada uno de ellos (figura 1).
Los adaptógenos son sustancias que se utilizan en la medicina herbolaria para la supuesta estabilización de procesos fisiológicos y la promoción de la homeostasis. Dentro de los adaptógenos podemos diferenciarlos en varios tipos según sus vías de actuación. Hay adaptógenos que mejoran la atención y la memoria, los que controlan el estrés tanto físico como mental, los que te ayudan a aumentar tu resistencia física, a controlar el estrés (figura 2), y por supuesto, a ayudar en trastornos depresivos y/o ansiosos.
Un rápido salto en el tiempo nos lleva a 1948, cuando un científico soviético llamado Dr. Nikolai Lazarev acuñó por primera vez el término “adaptógeno”, mientras estudiaba la resistencia del cuerpo al estrés. Este término en sí tiene sus raíces en latín adaptare, que significa ajustar, y se aplica a las sustancias que aumentan la resistencia del cuerpo al estrés.
El Dr. Nikolai había comenzado inicialmente su investigación con sustancias químicas, pero su colega, Israel Breckhman, lo dirigirió a la medicina basada en plantas. Brekhman se inspiró en estudios anteriores de los cazadores Nanai (pueblos nativos del extremo este de Siberia y el norte de Manchuria) que utilizaron las bayas de Schisandra para reducir la sed, el hambre y el agotamiento. Los comienzos de su investigación se centraron en Panax ginseng, pero rápidamente cambiaron a eleuthero (ginseng siberiano) debido a que es menos costoso y más fácil de cultivar. En 1962, el eleuthero o “el prototipo de adaptógeno” fue declarado medicina herbal oficial por el Ministerio de Salud soviético.
Sin embargo, para recibir el título adaptogénico, una planta debe tener las siguientes cualidades:
Mecanismos de acción, dosis y posibles efectos adversos de los diferentes adaptógenos
La lavanda (Lavandula angustifolia) es una hierba originaria del norte de África y las regiones montañosas del Mediterráneo. Los componentes clave de Lavandula angustifolia, que es la especie de lavanda más utilizada, son el acetato de linalilo y el linalool, y, aunque el acetato de linalilo tiene la mayor proporción, el linalol se considera el principal constituyente activo. Sin embargo, ambos componentes son responsables de los efectos farmacológicos de la lavanda, incluida su supuesta actividad calmante y sedante.
Los estudios sobre los mecanismos moleculares de los efectos farmacológicos del aceite esencial de lavanda revelaron que su efecto sobre el sistema nervioso central (SNC), podría atribuirse a la inhibición de los canales de calcio dependientes de voltaje.
Esto conduce a una atenuación de la respuesta de estrés situacionalmente inadecuada y excesiva del sistema nervioso central. En algunos estudios, a diferencia de otros monoterpenos que se encuentran en el aceite esencial de lavanda, el linalool y el acetato de linalilo inhibieron significativamente los canales de calcio dependientes del voltaje (VDCC), mostrando similitudes con el fármaco pregabalina (figura 6.)
En otro estudio, se demostró que el aceite esencial de lavanda posee afinidad con el receptor de ácido N-metil-D-aspártico (NMDA), lo que puede contribuir al efecto ansiolítico y calmante y también con el transportador de serotonina (SERT), receptor responsable en la recaptación de la serotonina. También se observó la unión al receptor NMDA (figura 7) para los componentes principales del aceite esencial de lavanda, acetato de linalilo y linalool, mientras que solo el linalool demostró una unión significativa a SERT. Además, no debemos olvidar que el NMDA es un derivado aminoácido que actúa como un agonista específico en el receptor NMDA, y por ende mimetiza la acción del neurotransmisor glutamato, principal neurotransmisor excitatorio.
Otros resultados de un estudio aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo en hombres sanos que utilizaron tecnología de tomografía por emisión de positrones, sugirieron que el efecto ansiolítico del aceite esencial de lavanda (administrado como Silexan) podría atribuirse a los cambios en el sistema serotoninérgico, particularmente a nivel del receptor 5-HT1 (subfamilia de los receptores de serotonina), lo que puede conducir a un aumento de los niveles de serotonina extracelular. Además, el aceite esencial de lavanda se usa tradicionalmente y está aprobado por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) como medicina herbal para aliviar el estrés y la ansiedad. El medicamento en cuestión se comercializa bajo el nombre de Lasea© y cuya patente es Silexan.
Por otro lado, en una reciente revisión de ensayos controlados aleatorizados controlados con placebo publicado en 2022 por Bartova, L et al., cuya finalidad era investigar sobre la eficacia de Silexan frente a los síntomas depresivos más recurrentes, se presentó un metaanálisis de los cinco ensayos clínicos controlados con placebo realizados con Silexan en los pacientes con trastornos de ansiedad. Los pacientes de los 5 ensayos recibieron Silexan en dosis de una cápsula de 80 mg/día o placebo durante 10 semanas y su asignación fue aleatoria.
La evaluación del efecto antidepresivo se basó en el ítem “estado de ánimo deprimido” de la escala de calificación de ansiedad de Hamilton (HAMA) administrada en todos los ensayos y en las puntuaciones totales de la escala de calificación de depresión de Montgomery-Asberg (MADRS) o la escala de calificación de depresión de Hamilton (HAMD), escalas utilizadas en tres ensayos. Después de 10 semanas de tratamiento, los pacientes que recibieron Silexan mostraron una reducción de la puntuación significativamente más pronunciada para el ítem “estado de ánimo deprimido” de HAMA, que los pacientes del grupo placebo. Además, los pacientes tratados con Silexan con síntomas depresivos más graves al inicio del estudio mostraron mejoras más pronunciadas que aquellos con síntomas más leves.
Sin embargo, sin duda, uno de los estudios que más llamó la atención fue el de Woelk, H. y Schläfke, S. en 2010, donde se comparaba la eficacia del aceite esencial de lavanda estandarizado o Silexan frente al fármaco Lorazepam, para tratar el trastorno de ansiedad generalizada (TAG). En el estudio, se investigó la eficacia de una ingesta de Silexan durante 6 semanas en comparación con Lorazepam en adultos con TAG. La variable objetivo principal fue el cambio en la escala de calificación de ansiedad de Hamilton (puntaje total de HAM-A) como una medida objetiva de la gravedad de la ansiedad entre el inicio y la semana 6. Los resultados demostraron que el Silexan mejora de manera efectiva la ansiedad generalizada comparable a una benzodiazepina común, en este caso, Lorazepam.
Además, el aceite de lavanda estandarizado o Silexan no mostró efectos sedantes en nuestro estudio y no tiene potencial para su abuso. De esta manera, se concluyó que el aceite esencial de lavanda estandarizado o Silexan a dosis de 80-160 mg parece ser una alternativa eficaz y bien tolerada a las benzodiazepinas para mejorar la ansiedad generalizada.
En cuanto a los riesgos, no se han encontrado efectos secundarios hipnóticos ni sedantes y parece carecer de potencial de abuso. Con respecto a sus propiedades antidepresivas específicas, se ha observado la mejora de varios aspectos de la neuroplasticidad, que parece ser la vía final común de todos los fármacos antidepresivos. Entre los eventos adversos atribuibles al uso del aceite de lavanda o Silexan encontramos principalmente problemas gastrointestinales como náuseas, eructos o mal aliento y diarrea. Por ello, su uso está contraindicado para personas que sufran gastritis, colitis, colon irritable, epilepsia, hepatopatías, mujeres embarazadas o lactantes.
Los preparados a base de extractos de hierba de San Juan o hipérico se utilizan en el tratamiento de la depresión en muchos países y representan una alternativa aceptada a los antidepresivos sintéticos o a la terapia conductual. El extracto de hierba de San Juan tiene un claro efecto inhibidor sobre la captación neuronal no solo de serotonina, noradrenalina y dopamina, sino también del ácido gamma-aminobutírico (GABA) y l-glutamato.
Ningún otro antidepresivo muestra un perfil inhibidor aproximadamente igual de amplio. De acuerdo con los efectos en varios modelos bioquímicos de acción antidepresiva, muchos efectos en varios modelos de farmacología conductual de eficacia antidepresiva también podrían demostrarse para el extracto de hierba de San Juan. Dosis similares de la misma, también provocan cambios en los sistemas de neurotransmisores del cerebro mencionados anteriormente.
De todas las sustancias individuales de la hierba de San Juan, solo la hiperforina y su análogo estructural adhiperforina inhiben la recaptación de los neurotransmisores investigados. Sin embargo, la hiperforina no actúa como un inhibidor competitivo en los sitios de unión del transmisor de las proteínas transportadoras, pero afecta el gradiente de sodio que luego conduce a una inhibición de la captación. El amplio espectro de acción que caracteriza a los extractos de hierba de San Juan sólo se ha descrito para la sustancia pura hiperforina.
Durante años se han llevado a cabo una serie de buenos estudios clínicos que confirman la eficacia y la tolerabilidad de los extractos de hierba de San Juan en los trastornos depresivos leves, incluso si la eficacia terapéutica ha sido cuestionada recientemente por un estudio estadounidense. Todos los estudios han confirmado la buena tolerabilidad del extracto de hierba de San Juan y la muy baja frecuencia de eventos adversos. Sin embargo, se han encontrado algunas interacciones farmacológicas con el extracto de hierba de San Juan, algunas de las cuales son de gran relevancia clínica, por lo que esta planta está prohibida en muchos tratamientos, incluyendo el tratamiento con quimioterapia de personas con cáncer. Sus efectos secundarios dependerán de las dosis administradas y una correcta anamnesis del paciente.
Por otro lado, en un ensayo clínico de 26 semanas con 124 participantes, la hierba de San Juan, un antidepresivo estándar (sertralina), un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) y un placebo fueron igualmente efectivos en el tratamiento de la depresión mayor de gravedad moderada. Otro ejemplo es el trabajo de Klaus, L. et al en 2008 publicado en la revista Cochrane, se revisó un total de 29 ensayos (5489 pacientes) que incluyeron 18 comparaciones con placebo y 17 comparaciones con antidepresivos estándar sintéticos cumpliendo con los criterios de inclusión. Tanto en ensayos controlados con placebo como en comparaciones con antidepresivos estándar, los ensayos informaron resultados más favorables al hipérico.
En cuanto a las conclusiones de los autores de estos artículos, la evidencia disponible hasta la fecha sugiere que los extractos de hipérico probados en los ensayos incluidos: a) son superiores al placebo en pacientes con depresión mayor; b) son igualmente efectivos que los antidepresivos estándar; c) y tienen menos efectos secundarios que los antidepresivos estándar. Sin embargo, se encuentra como principal limitación, la asociación de país de origen y la precisión con tamaños de efectos, complicando así su interpretación. Por último, es importante recordar que, los efectos secundarios de la hierba de San Juan incluyen malestar estomacal, urticaria u otras erupciones en la piel, fatiga, inquietud, dolor de cabeza, boca seca y sensación de mareo o confusión mental. Por último, no hay que olvidar que también pueden provocar interacción fármaco-nutriente en algunas patologías como el cáncer.
La ashwagandha o Withania somnífera se origina en la medicina ayurvédica. Debido a esto, no es de extrañar que una gran cantidad de ashwagandha se origine en la India, además también de otros países como China y sus alrededores. La ashwagandha ha estado implicada en el tratamiento de diversas afecciones, tal y como se indica en la figura 9. La mayoría de los extractos de raíz de ashwagandha, se estandarizarán a partir de tres de sus glicowithanólidos: Withanolido A, Withanosido IV y Sominona.
Las estructuras principales dentro de ashwagandha son lactonas esteroidales o glucósidos de los withanólidos. Por otro lado, el papel de la ashwagandha como ansiolítico, parece estar ligado a controlar los mediadores del estrés, el más conocido es el cortisol. Además, también parece reducir la actividad del eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA) un sistema encargado de regular la respuesta al estrés. Por otro lado, la ashwagandha también es capaz de “imitar” al neurotransmisor denominado ácido gamma aminobutírico (GABA). Este neurotransmisor disminuye la actividad de las neuronas e inhibe que las células nerviosas se sobrecarguen. Esta acción produce un efecto calmante.
En cuanto a esta planta, en un estudio prospectivo, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, se investigó sobre la seguridad y la eficacia de un extracto de espectro completo de alta concentración de raíz de ashwagandha para reducir el estrés y la ansiedad en adultos. Un total de 64 sujetos con antecedentes de estrés crónico se inscribieron en el estudio después de realizar los exámenes clínicos y las pruebas de laboratorio pertinentes. Estos incluyeron una medición del cortisol sérico y la evaluación de sus puntajes en cuestionarios estándar de evaluación del estrés. Fueron asignados al azar al grupo de control con placebo o al grupo de tratamiento con el fármaco del estudio, y se les pidió que tomaran una cápsula dos veces al día durante un período de 60 días. En el grupo de tratamiento farmacológico del estudio, cada cápsula contenía 300 mg de extracto de espectro completo de alta concentración de la raíz de ashwagandha. Durante el período de tratamiento (el día 15, el día 30 y el día 45), se realizó una llamada telefónica de seguimiento a todos los sujetos para verificar el cumplimiento del tratamiento y observar cualquier reacción adversa. Las evaluaciones finales de seguridad y eficacia se realizaron el día 60.
El estudio determinó que, el grupo de tratamiento que recibió el extracto de raíz de ashwagandha de espectro completo de alta concentración, exhibió una reducción significativa en las puntuaciones en todas las escalas de evaluación del estrés y niveles de cortisol sérico en el día 60, en relación con el grupo de placebo. Además, se observaron mayores reducciones en las puntuaciones de los tres subconjuntos (depresión, ansiedad y estrés) en el grupo de ashwagandha tras 60 días de tratamiento. En cuanto a los efectos adversos, estos fueron de naturaleza leve. Por último, en este estudio, no se reportaron efectos graves.
A lo largo de este artículo hemos hablado de la importancia de la salud mental, así como de los pilares básicos para tratarla. En concreto, hemos hablado de algunos adaptógenos, tales como la lavanda, la Hierba de San Juan o la ashwagandha, ya que son muy prometedores como coadyuvantes en el abordaje y tratamiento de la salud mental, en especial la ansiedad y el trastorno depresivo. Por lo tanto, se podrían realizar más estudios científicos para poder determinar si estas plantas podrían ser una primera línea de tratamiento teniendo en cuenta algunos de los pilares que hemos tratado en el presente artículo y ya que, como hemos mencionado antes, actualmente España lidera un elevado consumo de fármaco, los cuales funcionan muy bien, sin embargo, también presentan algunos efectos secundarios que hace que dejarlos sea una tarea sumamente difícil. Sin embargo, teniendo en cuenta todos estos datos, futuras líneas de investigación son necesarias este campo para valorar la incorporación de estos productos en algunos trastornos leves de ansiedad, depresión o insomnio.
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