La osteoporosis se define como la enfermedad sistémica caracterizada por baja densidad mineral ósea (DMO) tanto mineral como matriz colágena y deterioro de la microarquitectura del tejido mineral óseo con el incremento de la fragilidad y riesgo de fracturas espontáneas ante traumatismos desproporcionadamente pequeños, como consecuencia de la disminución ósea.
Hoy en día se conoce como la enfermedad metabólica ósea más frecuente, ya que está presente alrededor del 30-40% de las mujeres en fase postmenopáusica y en más del 50% de los pacientes mayores de 75 años.
Entre sus principales características se encuentran, por tanto, una baja DMO, un deterioro de la microarquitectura del hueso, un adelgazamiento trabecular o un incremento de la porosidad cortical (Figura 1).
Además de la carga genética, su prevalencia es mayor en mujeres dado a que existe una pérdida de masa ósea con la llegada de la menopausia debido a deficiencia estrogénica. También es importante saber que, DMO disminuye con la edad, aumentando la incidencia de fracturas en ambos sexos como consecuencia. Por otro lado, múltiples estudios han determinado que la población caucásica presenta mayor riesgo debido a un menor pico de alcance de la DMO y mayor pérdida ósea con la llegada de la menopausia.
Por ello, en cuanto a su clasificación, se debe distinguir entre osteoporosis primaria (juvenil, idiopática del adulto, postmenopáusica y asociada a la edad o senil) y osteoporosis secundaria (asociada a enfermedades, fármacos u otros factores etiopatogénicos como sedentarismo, inmovilización, cirugía, malabsorción de nutrientes, etc.).
Teniendo en cuenta estos datos, los factores de la osteoporosis se pueden clasificar en:
En cuanto a su diagnóstico, medición de la DMO determinada por absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA), es esencial para la evaluación de la osteoporosis, ya que esta patología se considera asintomática hasta que aparecen las fracturas. Por ello, en primer lugar, para un adecuado diagnóstico, la historia clínica debe ser individualizada e incluir un análisis detallado sobre diferentes factores como: edad, antecedentes médicos de interés, consumo de alcohol/tabaco, edad de menarquia/menopausia, antecedentes personales/familiares de fracturas, alteraciones metabólicas o endocrinas, ingesta de calcio, vitamina D y otros nutrientes (magnesio, vitamina K…), estilo de vida y actividad física, fármacos, alteraciones hormonales, etc.
Además, se deben incluir otros datos como exploración antropométrica y física (peso, talla, IMC, valoración de la columna vertebral, signos de bocio, equimosis, etc.) junto con un análisis de laboratorio diferencial para detectar déficits nutricionales o excreción de calcio en orina.
En cuanto a su diagnóstico por DEXA (técnica considerada gold standard en el diagnóstico de la osteoporosis), se considera característico del hueso osteoporótico, una densidad <2,5 desviaciones estándar respecto a la de un adulto joven del mismo sexo (T-score). A continuación, se recogen en la siguiente tabla (Tabla 1), los valores de referencia de osteopenia y osteoporosis determinados por DEXA.
Tabla 1: Valores de referencia de osteopenia y osteoporosis determinados por DEXA
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T – score | |
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Normal |
> – 1 |
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Osteopenia |
[-1, – 2,5] |
|
Osteoporosis |
< 2,5 |
El calcio es el elemento más abundante del cuerpo humano, estando presente en el 99% del esqueleto y 1% en el espacio extracelular. Una ingesta adecuada en este mineral, a través de verduras como la col rizada, brócoli, huesos blandos de pescados (sardinas), lácteos y derivados (kéfir, quesos, yogures…) o mariscos, es fundamental para un adecuado aporte de este mineral.
Además, es importante determinar aquellos factores que disminuyen este mineral de la dieta, como una excesiva ingesta de fibra insoluble, los oxalatos y fitatos, la cafeína, o una excesiva ingesta de vitamina A, por encima de la cantidad diaria recomendada (RDA).
Esta vitamina se relaciona de forma directa con la osteoporosis y puede generar en hiperparatiroidismo 2ª (que actúa sobre la desmineralización ósea). En pacientes con osteoporosis o en pacientes con niveles de vitamina D por debajo del rango se recomienda la suplementación, pero siempre bajo prescripción médica y un adecuado ajuste de dosis por personal médico cualificado.
Por otro lado, además de la suplementación, otras fuentes de vitamina D son: el sol, la yema de huevo, los pescados azules, algunos hongos, el hígado o los lácteos.
Este mineral, al igual que el calcio, es fundamental para el adecuado desarrollo de la masa ósea. Algunas de sus principales fuentes son las carnes, pescados, frutos secos o lácteos.
Por otro lado, el consumo elevado de fósforo (ftalatos), en combinación con bajo contenido de calcio, aumenta la excreción de calcio repercutiendo negativamente en la salud ósea por medio de la hormona paratiroidea (PTH). Por otro lado, el ácido fosfórico (presente sobre todo en bebidas como por ejemplo los refrescos), disminuye la absorción intestinal de calcio.
Hoy en día se conoce que, una adecuada ingesta de potasio contribuye en la retención renal de calcio, además de neutralizar la carga ácida de la dieta (disminuyendo la pérdida de calcio, que aumenta en un medio ácido).
Una ingesta adecuada de potasio se puede llevar a cabo a través de alimentos como las legumbres (soja, alubia, judías, garbanzos…), los frutos secos o algunas frutas (plátano, albaricoques, aguacate, kiwi, granada, coco, ciruelas, uvas, etc.), hortalizas (patata, boniato, el calabacín, las setas, las acelgas y espinacas, el tomate frito, etc.) o los encurtidos.
Por otro lado, el exceso de este mineral también es perjudicial para la masa ósea, siendo necesario evitar sobre todo las fuentes procedentes de los aditivos ricos en fósforo.
Múltiples estudios científicos determinan que, una dieta alta en sodio aumenta la excreción urinaria de calcio, por lo que algunos alimentos con elevado aporte de sodio y que debe limitarse su consumo son: la sal de mesa (se recomienda consumir menos de 5 gramos/día), los alimentos ultraprocesados, los alimentos curados, las conservas, las pastillas comerciales de caldo, los ahumados, los frutos secos industriales salados, etc.
Por otro lado, también es importante mantener una ratio adecuado sodio/potasio para una adecuada absorción del mineral calcio.
Además del calcio o fósforo, el magnesio es un mineral sumamente fundamental en la adecuada salud ósea ya que, afecta a los cristales de hidroxiapatita aumentando su tamaño, lo que disminuye la fuerza que puede soportar el hueso. Además, el déficit de magnesio aumenta el estrés oxidativo, la inflamación crónica de bajo grado o disminuye la PTH (lo que lleva a una disminución de la vitamina D), dando lugar a una repercusión negativa en la resorción ósea.
En cuanto a algunas fuentes importantes de este mineral, se encuentran las legumbres, frutos secos, los cereales o algunas semillas entre otras.
Hoy en día se conoce que, la vitamina K, además de estar involucrada en la carboxilación de ciertas proteínas y coagulación de la sangre, contribuye en el metabolismo del hueso, a través de la osteocalcina, que pasa a ser osteocalcina carboxilasa mediante la acción de la vitamina K, dando lugar a la mineralización ósea. Por ello, una adecuada ingesta de esta vitamina a través de fuentes como verduras de hoja verde (kale, espinacas, col rizada, col lombarda, repollo, coles de Bruselas, lechuga romana, berros, endibias, brócoli, espárragos, remolacha, cebollino, nabo verde, etc.) algunas frutas (kiwi, higos, pasas, ciruelas pasas, aguacate, etc.), o la yema de huevo entre otros alimentos, es fundamental para una adecuada mineralización ósea.
Sin embargo, se debe tener en cuenta que los pacientes anticoagulados deben mantener una pauta específica diaria de esta vitamina, evitando ingestas elevadas, así como alteraciones bruscas de las cantidades diarias, precisando en todo momento una pauta nutricional personalizada en cuanto a los niveles de esta vitamina.
El flúor, es un elemento químico que, por un lado, puede aumentar la densidad del hueso en la columna y cadera. Por otro lado, el exceso de flúor también puede tener un efecto negativo para el hueso, por lo que se necesita una ingesta adecuada de este elemento, siendo este mineral tanto el exceso como el defecto, negativo para la osteoporosis. Algunas fuentes de flúor son: el agua fluorada, los pescados o mariscos.
Algunos mecanismos de acción de los omega 3 sobre el hueso son: disminución de la la inflamación crónica reduciendo el riesgo de osteoporosis, contribución en la regulación hormonal (parathormona, estrógenos, etc.) o retraso en la pérdida de masa ósea y disminución del riesgo de osteosarcopenia. Por ello, mantener una adecuada cantidad de este elemento esencial a través de la alimentación (pescados azules, frutos secos, semillas), así como suplementación individualizada en caso de necesidad, es fundamental para el adecuado manejo de los pacientes con osteoporosis.
En cuanto a otras recomendaciones nutricionales importantes en el manejo dietético de la osteoporosis, se encuentran mantener una adecuada cantidad de proteínas junto con aminoácidos esenciales (leucina, lisina, arginina, creatina…), cuidando así la masa muscular y evitando el riego de osteosarcopenia.
Por otro lado, el cuidado de la microbiota intestinal a partir de productos fermentados, ayuda a la absorción de calcio y mineralización ósea.
Por último, un adecuado mantenimiento del peso corporal (evitando la desnutrición o el bajo peso), son otras pautas fundamentales a tener en cuenta en el manejo dietético-nutricional de la osteoporosis ya disminuyen el riesgo de fracturas por caídas. Por último, evitar hábitos poco saludables como el consumo de tabaco, alcohol o refrescos son otras estrategias a tener en cuenta para evitar la disminución de la absorción del calcio y cuidar la masa mineral ósea.
Referencias bibliográficas:
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Doctora por la Facultad de Medicina, UV. Máster Universitario en Nutrición Personalizada y Comunitaria. Graduada en Nutrición Humana y Dietética. Título de Experto en Nutrición Clínica Oncológica SEOR. Investigadora en nutrición y cáncer. Profesora universitaria en UV y EPL. Directora TFM en VIU y UV. Miembro del equipo CEAN.