Antonio Ballesteros, Dra. Bianca Muresan, y Prof. Fernando Mata
Co-Fundador CEAN. Director técnico Nutriendo-T. Asesoramiento a deportistas de élite y a nivel colectivo. Nutricionista deportivo. Responsable del departamento de nutrición Real Betis Balonpié.
Antes de comenzar con algunas preguntas, nos gustaría que nos hables sobre ¿cómo fueron los inicios en el fútbol y cómo accediste a ese mundo?
Después de terminar el grado de nutrición, decidí especializarme en nutrición deportiva y pensé que la mejor forma era practicar de forma real con los conocimientos que aprendía. Contacté con los dos equipos más conocidos de la zona, uno era el Cádiz CF que no me contestó y el otro el San Fernando CD. Localicé al presidente del San Fernando a través de LinkedIn y le presenté un proyecto de colaboración. Recuerdo que nos reunimos con el director deportivo y el entrenador. Me presenté con mi portátil y les hice una presentación explicándoles la oportunidad que estaban dejando escapar al no controlar la nutrición y estudiar la composición corporal de los jugadores.
Era la primera vez que el club disponía de nutricionista. Para romper la barrera de entrada me ofrecí gratis durante una temporada un día a la semana. Durante ese año conocí a muchas personas y cuando terminó la temporada me contacto Ramón Tejada, que por aquel entonces era director deportivo del Real Jaén para ofrecerme la posibilidad de colaborar con ellos. Para mí era una locura porque Jaén está a 4 horas en coche de Cádiz. Al final acordamos hacerlo una vez al mes de forma presencial y el resto desde casa.
La casualidad es que al final de esa temporada el entrenador del Cádiz solicitó a alguien específico para controlar la composición de los jugadores y yo ya estaba preparado para dar ese salto. Su director deportivo me contactó y el resto ya es historia. Pasé 6 temporadas maravillosas con un ascenso a primera división y me abrió las puertas a mi club actual.
¿Cuál es el trabajo exactamente de un nutricionista en un equipo de fútbol de élite?
El trabajo está compuesto por muchas áreas y tareas. Estamos conectados con varios departamentos. Por un lado, pertenecemos al servicio médico y por ello velamos cada día por la salud de los jugadores. Por otro lado, pasamos reportes de rendimiento y composición corporal al cuerpo técnico, trabajamos con el delegado del club en la organización de los viajes y con cocina de la ciudad deportiva para la correcta ejecución de las comidas. Es un trabajo muy exigente porque en el Real Betis trabajo a “full time” y dado que el equipo juega cada 3 días hay muchos viajes, muchos menús, muchas exigencias.
Mi rutina empieza a las 8:00 de la mañana. Soy el primero que llega para preparar la suplementación personalizada de cada jugador. Un poco más tarde los jugadores van pasando por mi despacho para pesarse diariamente y rellenar un cuestionario Wellness. Casi todas las semanas hago antropometría a algún jugador. En ese momento los jugadores desayunan y se preparan para el entrenamiento y yo preparo las neveras con las bebidas isotónicas y el agua.
Una vez que empieza el entreno, me quedo en el vestuario preparando la suplementación post-entrenamiento de cada jugador. Utilizo más de 100 referencias distintas para que cada jugador consuma los nutrientes que a mí me interesa en la forma y sabor que a ellos les gusta.
Además de eso, el día a día hay que preparar informes de composición corporal para el cuerpo médico y técnico, menús para ciudad deportiva y hoteles. Otra de las tareas es buscar proveedores en cada viaje para los picnics postpartido. No me gusta hacerlo con el hotel donde nos hospedamos porque las experiencias que he tenido no han sido buenas.
¿Qué porcentaje de futbolistas hacen caso a las pautas dietéticas?
La verdad es que conforme vas subiendo la exigencia del equipo, también nos damos cuenta de que los jugadores son más profesionales en todos los sentidos no solo en nutrición. Es cierto que el jugar 3 competiciones hace que casi todos los jugadores jueguen y estén más predispuestos a cuidarse.
¿Se utiliza suplementación deportiva en el club?
Sí. Como hablamos anteriormente utilizo muchas referencias para tratar de personalizar al máximo la nutrición de los jugadores. Tenemos 15 sabores distintos de proteína, suplementos en cápsula, polvos neutros con sabores, gelatinas, barritas, etc. Como he comentado anteriormente, es fundamental preparar adecuadamente las bebidas isotónicas para el entrenamiento, así como la suplementación post-entrenamiento para cada jugador.
¿Qué pautas concisas y esenciales debe tener en cuenta un nutricionista para pautar la nutrición de un futbolista?
Para mí hay 7 claves que todo dietista – nutricionista debería de conocer. Las detallo a continuación:
1.- Los jugadores no son tus amigos.
2.- Cada jugador necesita algo distinto, no los trates igual.
3.- La personalización es clave para mantener adherencia.
4.- I+D de productos nuevos todos los meses para mantener la motivación.
5.- Educación nutricional y visual mejor que menús con cantidades.
6.- Menos grasa no siempre es mayor rendimiento.
7.- Poner el foco en las ganancias de masa muscular.
¿Cómo ha evolucionado tu metodología después de tantos años en el fútbol profesional?
La verdad es que soy una persona a la que le encanta innovar, buscar nuevos desafíos y aprender cada día cosas nuevas para poder aplicar.
En cuanto a las mediciones de composición corporal recuerdo que al principio y durante varios años hacia antropometrías una vez al mes y sólo medía el porcentaje de grasa obtenida con la fórmula de Faulkner. Ahora me centro más en el sumatorio de 6 pliegues, en la cantidad de masa muscular y las mediciones se hacen de forma más personalizada. Los jugadores que necesitan perder grasa, por ejemplo, tienen mediciones cada 7 días.
A nivel del uso de suplementación también he cambiado muchísimo los protocolos de trabajo. Es normal que cuando empiezas en equipos humildes, los presupuestos para esto sean muy limitados. Es posible que al principio trabajara únicamente con 4 o 5 referencias y ahora cada mes pruebo más de 10 productos nuevos. También recuerdo que al principio intenté implantar un menú cerrado en las concentraciones para cada jugador, pero aquello fue un desastre y no funcionó. Desde entonces me gusta trabajar con menús abiertos tipo buffet poniendo mucho foco en la variedad de platos, así como calidad de producto.
Por último, Antonio ¿qué le recomendarías a alguien que quiere iniciarse en este mundo de la nutrición deportiva?
Lo primero y lo más importante es que te tiene que gustar y debes de entender el deporte en el que trabajas.
Segundo, formarte adecuadamente. Para ello recomiendo realizar el diploma Experto Universitario en Nutrición Deportiva de CEAN que tengo la suerte de coordinar junto a mi gran amigo y referente Fernando Mata.
Y tercero, tener paciencia y no querer correr sin antes aprender a andar.
Gracias Antonio, esperamos que pronto nos sigas contando más consejos prácticos sobre la nutrición en el fútbol.
Autora: Dra. Bianca Muresan
La expresión máxima de malnutrición es la caquexia tumoral (Figura 1), la cual es responsable directa o indirectamente de la muerte de un tercio de los pacientes con cáncer (1, 2). La caquexia puede presentarse antes de que se manifieste la pérdida de peso y es el segundo diagnóstico más común en pacientes con cáncer, presentándose en más de la mitad de los casos (3). Es consecuencia de la disminución en la ingesta de alimentos asociada a un incremento, en general, del gasto energético y a una serie de alteraciones metabólicas mediadas por el propio tumor (4, 5). Determinadas hormonas, los factores específicos tumorales y otros factores como las citoquinas también están implicados en la caquexia (6, 7, 8). Aunque el término caquexia se usa clásicamente en el cáncer, también es posible que exista en enfermedades como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfermedad cardiaca, enfermedad renal crónica o pacientes inmunodeprimidos.
Este complejo síndrome se caracteriza por debilidad y pérdida marcada y progresiva de peso corporal a nivel de masa grasa (MG) y MM tanto esquelética como cardíaca; anorexia y saciedad precoz; afectación rápida del estado general (rostro emaciado, piel pálida, rugosa, sin elasticidad, pérdida del vello); alteraciones metabólicas, anemia, edemas, déficit vitaminas, alteraciones hidroelectrolíticas y déficit inmunológico, lo que da lugar a mayor tendencia a infecciones (9). Además, a menudo se acompaña de inflamación y resistencia a la insulina y aumento del catabolismo proteico (2, 9).
La caquexia cancerosa es debida a las alteraciones metabólicas producidas por el tumor, que cursan con un aumento de la lipólisis (favorecida por una disminución de la actividad de LPL), un aumento en el recambio proteico tisular, y una incrementada utilización hepática del lactato por el tumor. Como consecuencia, el metabolismo del paciente con cáncer puede experimentar importantes alteraciones, con aumento de inflamación, desgaste tisular que afecta particularmente al músculo esquelético y al tejido adiposo, un balance energético y nitrogenado negativo, junto con un grave deterioro del organismo a nivel óseo, intestinal y hepático. Por otra parte, también aparece la anorexia como consecuencia del síndrome caquéctico, que cursa con un desgaste nutricional elevado, pérdida de peso y aparición los cambios en la composición corporal.
Una vez establecida la caquexia es difícil de revertir, por ello es muy importante detectarla de forma precoz. El diagnóstico de la caquexia se basa en la medición de las siguientes tres variables:
La Figura 2 muestra los diferentes tipos de caquexia y sus características.
Para estimar la prevalencia de la caquexia, debe tenerse en cuenta la localización del tumor, el estadio de la enfermedad, así como el tratamiento antitumoral administrado. Hoy en día, se conoce que la caquexia afecta al 15% – 40% de los pacientes con cáncer en el momento del diagnóstico, llegando hasta el 80% en casos de enfermedad avanzada (10). En cuanto a los síntomas relacionados con la caquexia, podrían distribuirse de la siguiente manera:
Las repercusiones clínicas de la caquexia en cuanto a la evolución de la enfermedad son: empeoramiento del estado general, pérdida de peso, reducción de la calidad de vida, reducción de la actividad física, disminución de tolerancia a la quimioterapia y radioterapia, aumento de la estancia hospitalaria, aumento de los costes sanitarios, aumento de las interrupciones en radioterapia, aumento del riesgo de complicaciones y reducción de la supervivencia (2, 11). Además, numerosos estudios indican que una reducción involuntaria > 5% del peso corporal total en 3 meses se utiliza como predictor clínico de la pre-caquexia y está relacionado con el aumento de morbilidad – mortalidad en pacientes con determinados tipos de cáncer, entre los que se encuentran los tumores de cabeza y cuello, pulmón y aparato digestivo (12, 13, 14).
Por otra parte, la depleción proteica también es una característica muy común en la caquexia cancerosa, que conlleva un desgaste multifactorial caracterizado por la pérdida de peso involuntaria junto con pérdida de masa muscular, con o sin pérdida de masa grasa (15). Por último, es importante saber que la sarcopenia es una de las principales características de la caquexia cancerosa y se relaciona con la disminución de la calidad de vida, así como con la disminución de la supervivencia en pacientes con cáncer (16, 17).
Autor: Fernando Mata
Introducción
En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Paula Radcliffe una de las maratonianas favoritas a la medalla de oro, se tuvo que retirar a mitad de la prueba debido a dolores abdominales, sensación de estómago distendido y con urgencia para acudir al baño. La maratón de Atenas se disputó con temperaturas de 35Cº y un 31% de humedad relativa. Durante la semana previa Paula estuvo tomando AINES (antiinflamatorios no esteroideos) para tratar una dolencia en su pierna. Según datos publicados, el motivo de su abandono pudo ser debido al uso de los AINES o bien a una falta de aclimatación y mucho calor. Los Juegos Olímpicos de Tokio se realizaron a temperaturas ambientes elevadas (>30º C) y con un porcentaje elevado de humedad, lo que sin duda impuso grandes retos al deportista, y en muchos casos, problemas en su rendimiento y salud.
Desde la perspectiva de rendimiento y de salud, competir en este tipo de ambientes puede conllevar a disminuciones de rendimiento notables, problemas gastrointestinales severos y golpes de calor. Qatar, de nuevo desafía a los deportistas con temperaturas elevadas que pueden interferir en su rendimiento y que requieren de medidas nutricionales, y de otro ámbito, para su atenuación. Para muchos deportistas profesionales y equipos, es clave prepararse y adaptarse para competir en eventos calurosos como el Tour de Francia, la Copa del Mundo de Fútbol, o campeonatos del mundo que se realizan en localidades con temperaturas hostiles y en las que se puede llegar a una pérdida de rendimiento de entre el 6-16 %.
Efectos fisiológicos del estrés por calor
Durante el ejercicio, la elevada tasa metabólica genera grandes cantidades de calor que el organismo debe intentar eliminar. En muchas ocasiones, las pérdidas son menores que el exceso de calor almacenado, lo que impone un marcado estrés térmico en el organismo del deportista. Otros mecanismos como la convección o radiación contribuyen a la ganancia o pérdida de calor, mientras que la disipación por evaporación contribuye a su pérdida.
En el caso de la convección, es impulsado por la diferencia entre la temperatura de la piel y del aire (a la sombra) y modificado por la velocidad del viento. En el caso del calor por radiación, el intercambio está impulsado por las diferencias de temperatura entre la piel y la temperatura radiante media (esta es 10 -15ºC más alta que la temperatura del aire en un día). En cuanto a la evaporación, esta se rige por la diferencia entre la humedad absoluta entre la piel y el aire y aumenta con la velocidad del viento. Según la ropa utilizada y sus características, esta puede servir como barrera para evitar la pérdida de calor. Por tanto, la tensión por calor es un rango de diferentes temperaturas que varían según la actividad y la ropa/equipo usado, así como la exposición al sol predominante, humedad y la velocidad del viento.
Los humanos hemos desarrollada mecanismos para minimizar el almacenamiento de calor y aumentar los aumentos excesivos de temperatura central, mediante mecanismos de vasodilatación y sudoración. Estos mecanismos son controlados por el hipotálamo (región preóptica) quien recibe señales procedentes de termorreceptores situados en diferentes regiones profundas del organismo y también en la piel. Cuando la temperatura central se eleva unos 0,2ºC, se puede producir vasodilatación como mecanismo de disipación de calor por convección y radiación. Si estos mecanismos no son suficientes y la temperatura central continúa elevándose, las glándulas sudoríparas ecrinas “se activan” mediante la liberación de acetilcolina. En este caso, si el mecanismo evaporativo es suficiente, se alcanza una meseta de temperatura elevada, pero segura. Si, por el contrario, la temperatura central se sigue elevado no pudiendo ser contrarrestada por los diferentes mecanismos, se llega a un estado conocido como estrés por calor no compensado.
También es importante saber que, “el objetivo principal de la sudoración es la termorregulación, siendo la evaporación del sudor de la superficie de la piel el medio más eficaz para liberar calor durante el ejercicio”. Las glándulas sudoríparas se clasifican en tres tipos: las ecrinas, las apocrinas y las apoecrinas. Las glándulas ecrinas secretan una solución acuosa principalmente compuesta por NaCl y son el tipo más ubicuo. Las apocrinas se encuentras principalmente en la axila, mamas, cara, cuero cabelludo y producen un sudor viscoso, rico en lípidos, proteínas, azúcares y amoniaco. La apocrinas producen una solución salada, pero sólo se encuentran en la región axilar. Por último, aunque no son glándulas sudoríparas, las sebáceas también están presentes en gran parte de la superficie del cuerpo, sobre todo cuero cabelludo, frente y cara, y estas secretan un líquido viscoso y rico en lípidos. Las glándulas sebáceas y apocrinas se encuentran bajo control hormonal.
Un aspecto relevante de estas glándulas en el ejercicio es su impacto sobre el sistema gastrointestinal, dado contribuyen al calor generado durante el ejercicio y además pueden comprometer la capacidad del deportista desde el punto de vista nutricional y termorregulador. Como se verá en el tema dedicado a los problemas digestivos en el deportista, las temperaturas iguales o superiores a los 39ºC producen alteraciones en la función gastrointestinal y en su estructura, y estas están englobadas dentro del conocido síndrome gastrointestinal asociado al ejercicio.
Efecto del estrés por calor en el rendimiento y la salud
Los aumentos de la tensión térmica durante el ejercicio prolongado producen un deterioro del rendimiento aeróbico, lo que, debido al aumento de la tensión cardiovascular mediado por la termorregulación, contribuye a una disminución de la capacidad aeróbica máxima y una disminución de la motivación. Además, el estrés por calor impone un mayor uso de glucógeno muscular y del metabolismo anaeróbico, lo que puede hacer que exista un agotamiento rápido de las reservas de glucógeno durante el ejercicio y por tanto, disminución del rendimiento. Además, en el caso de actividades explosivas de corta duración como carreras de velocidad y saltos, un aumento de la temperatura muscular puede generar mejorar en la función metabólica y contráctil. Si bien, cuando, por ejemplo, los sprints son repetidos estos beneficios son superados y anulados por la respuesta metabólica y cardiovascular exacerbada. En deportes de equipo como el fútbol, el estrés por calor ambiental puede inducir un deterioro o también una mejora del rendimiento, y en concreto, la distancia total recorrida y de alta intensidad disminuyen, pero la velocidad máxima de carrera se mantiene o mejora.
Más allá de los efectos sobre el rendimiento, la práctica de deporte en ambientes calurosos aumenta la posibilidad de desarrollar condiciones médicas conforme aumenta la hipertermia. Los resultados pueden ir desde del agotamiento por calor, lesión por calor y golpe de calor por esfuerzo. En el primero de los casos, el agotamiento por calor se produce con temperatura corporal central de 38,5ºC a 40ºC, deshidratación, y posiblemente piel seca y caliente debido a la ausencia de sudoración e incapacidad para mantener el gasto cardíaco. La lesión por calor se caracteriza por daño en órganos como el hígado y tejidos como el intestino cuando la temperatura es superior a los 40ºC. La situación más grave, el golpe de calor por esfuerzo (GCE) se caracteriza por temperatura corporal superior a los 40ºC, disfunción del sistema nervioso central (que cursa con agresividad, delirio, convulsiones o coma) y daño de órganos y tejidos que puede provocar incluso la muerte. También pueden darse calambres musculares de forma común en ambientes calurosos como parte de enfermedades por calor durante el ejercicio.
Golpe de calor por esfuerzo
Como se comentó anteriormente, la tensión fisiológica impuesta por el excesivo calor puede provocar enfermedades relacionadas con el calor. La manifestación más grave es el golpe de calor, clásicamente manifestado en poblaciones vulnerables y comprometidas como bebes y ancianos expuesto de forma pasiva a elevado calor ambiental. Sin embargo, los atletas, militares y otros trabajadores ocupacionales (ej. bomberos) que realizan actividades extenuantes, también tienen una elevada prevalencia de golpe de calor por esfuerzo. El CGE es una de las principales causas de muerte súbita no traumática en atletas. Entre sus síntomas están el delirio, estupor, agresividad, o inconsciencia con temperaturas altas en los tejidos profundos (generalmente, pero no siempre > 40ºC) o como resultado del ejercicio extenuante a menudo sobre todo en ambientes cálidos y húmedos. También se observan daños en algunos órganos como el riñón e hígado y tejidos como el intestino y músculo. Finalmente puede ocasionar fallo multiorgánico y la muerte. En muchos casos, aunque la mayoría sobreviven, puede dejar secuelas a largo plazo y efectos adversos para la salud.
Aclimatación al calor o aclimatización
Es importante que lo deportistas, previo a enfrentarse a competiciones donde se prevén temperaturas elevas, se expongan a estrés por calor repetido en ambientes controlados o artificiales durante 7-14 días con el objetivo de aumento la temperatura del cuerpo e inducir una sudoración profusa. Esto es lo que se conoce como aclimatación. Por otro lado, la aclimatización ocurre de forma natural con los cambios de estación o viajes a lugares fríos o cálidos. Ambos generan adaptaciones fisiológicas que benefician el rendimiento en condiciones extremas de temperatura entre las que se encuentran:
Otro aspecto importante que se debe conocer es que: “la aclimatación es la intervención más importante que los atletas pueden realizar para prepararse para competir en calor”. La aclimatación presenta desafíos que el entrenador debe tener en cuenta a la hora de su implementación e incluso puede, en función de las características del evento, no representar una ventaja, sino todo lo contrario. Este es el caso de carreas de coches donde la ropa impide la evaporación de sudor y, por tanto, sudar más no será una ventaja, aunque sí provocará una reducción de la temperatura central, percepción de esfuerzo y expansión del volumen plasmático.
Nutrición e hidratación en el calor
En cuanto a los líquidos y electrolitos durante el estrés por calor, hay que tener en cuenta que durante el ejercicio se produce una redistribución del flujo sanguíneo hacia los territorios activos y también a la piel con el fin de disipar calor. La sudoración como mecanismo de pérdida de calor se relaciona con cambios significativos en el equilibrio hídrico del organismo y también de electrolitos. Cuando las pérdidas de agua no son reemplazas, el agua corporal total (ACT) se reduce, lo que también reduce el volumen plasmático y por tanto la sangre que llega a la piel y esto eleva la temperatura central, aumenta la frecuencia cardiaca. Como consecuencia, disminuye el volumen sistólico y todo ello genera un mayor estrés cardiovascular además del riesgo elevado de sufrir un síndrome gastrointestinal inducido por el ejercicio.
Otro aspecto importante es que “el sudor es en gran parte agua salada (cloruro de sodio o NaCl), aunque también contiene otros muchos solutos disueltos como vitaminas, minerales, metabolitos, citocinas y otros compuestos”.
Como anteriormente se comentó, el sudor no es sólo agua, también incluye solutos importantes como sodio y cloro, siendo ambos electrolitos reguladores a nivel fisiológico. La concentración de sodio en el organismo varía considerablemente (11-18 mmol/L) lo que además se combina con una tasa de sudoración que también es variable (150-3500 ml/h). Las pérdidas intraindividuales de sodio hacen que el sudor también varíe en función de la intensidad del ejercicio y estado de hidratación, flujo de aire, ingesta habitual de sodio y estado de aclimatación al calor. Sin embargo, estos factores explican menos del 20% de la variación en las perdidas de sodio en el sudor de los atletas.
Por otro lado, además de la reposición de líquidos y sodio durante el ejercicio es importante también el agua corporal total, el volumen plasmático, la osmolaridad plasmática y concentración de sodio en el plasma. Cuando se incorpora sodio durante el ejercicio, esto puede condicionar una mayor retención de agua y, por tanto, mantenimiento del volumen plasmático. Si el agua se bebe sola, debido a que la sal estimula una mayor ingesta de líquidos posterior al impulso de sed osmótica, se produce una reducción de la diuresis y/o movimiento del líquido desde el espacio intracelular al extracelular. Aunque existe un término discutido actualmente en la literatura, y es si la ingesta de sodio puede desempeñar un papel en la aparición de calambres musculares como muestran algunos estudios en “modelos de calambres inducidos eléctricamente”. Otro aspecto importante de la incorporación de sodio es su importancia para evitar la hiponatremia, donde en escenarios de ejercicio prolongado en condiciones de calor, una elevada ingesta de líquidos sin la ingesta de sodio es la causa más común.
Estrategias de ingesta de líquidos y electrolitos antes, durante y después del ejercicio
Las estrategias utilizadas deben ser prácticas y fiables y considerar el modo, duración e intensidad del ejercicio, reglas del evento, disponibilidad/accesibilidad de los líquidos, preferencias de los atletas y tolerancia gastrointestinal. Estos factores también determinan si los atletas deben enfatizar la ingesta de líquidos y electrolitos antes o durante el ejercicio para optimiza la salud y el rendimiento. Es importante saber que “la hidratación se considera una estrategia importante para disminuir el riesgo de golpe de calor por esfuerzo”. En cuanto a la ingesta de líquidos y electrolitos antes del ejercicio, es importante saber que los deportistas que vayan a estar expuestos a ambientes calurosos deben previo a ello monitorizar el estado de hidratación y ajustar los hábitos de bebida, para así asegurarse que comienzan el ejercicio en estado de euhidratación.
Ahora quiero hacerte una pregunta ¿sabías que algunos deportistas que no ven su rendimiento afectado por la hipohidratación (como lo saltadores) les puede ser útil reducir ligeramente su peso corporal? La cantidad (volumen) y tipo de líquido elegido en la hidratación previa (1-2 horas antes del ejercicio) debe ser considerada en función del estado de hidratación y de los requisitos que se prevea en el deporte, además de los desafíos en el equilibrio de líquidos que este puede plantear. Es importante que las estrategias utilizadas en competición sean previamente ensayadas y de esta forma se adapte a la necesidad individual del atleta y a su tolerancia gastrointestinal. Por ejemplo, cuando se prevé que las oportunidades de hidratación durante el ejercicio por diferente circunstancia compensarán difícilmente las pérdidas, la hiperhidratación previa puede ser útil para reducir el déficit neto de líquido y su impacto sobre el rendimiento. Además, se puede ingerir juntamente con el agua, una cierta de sodio (20-40 mg/por kg de peso corporal junto con 10 ml/kg de líquido por peso corporal). Esta cantidad se debe ingerir de 1-2 horas antes del ejercicio. El sodio, al ser osmóticamente activo, puede ayudar a retener más líquidos previo al evento. Esto puede dar lugar a un aumento del volumen plasmático y mejorar la termorregulación, siendo igual o más eficaz que la carga de sodio durante un periodo prolongado.
Ingesta de líquidos y electrolitos durante el ejercicio
Como se comentó anteriormente, la ingesta de líquido durante el ejercicio dependerá de la practicidad y regulación del deporte o evento. Actualmente existe cierto debate de los beneficios del consumo de líquidos durante el ejercicio. Muchos estudios han puesto énfasis que las pérdidas de líquido ≥2% se asocian a un deteriore del rendimiento en condiciones de temperatura cálida y humedad, aunque en mi opinión existen algunos fallos metodológicos en estos estudios. Por ello, Los planes de reposición de liquido deben ser individualizados, basados en una evaluación previa del balance de líquidos, sed percibida, tolerancia gastrointestinal y datos de rendimiento en situaciones simulares, ajustados a la evaluación del deportista en tiempo real.
Para elegir los líquidos que se deben reponer durante el ejercicio, también debe considerarse las necesidades de sustratos (carbohidratos), electrolitos, palatabilidad y el acceso que el deportista tendrá a ellos. Para evitar el retraso gástrico que ocasionan los solutos a la bebida, la formulación con diferentes carbohidratos puede solucionar este problema y además, apoyar la mayor oxidación de ellos durante el ejercicio en un medio de mucho calor. Bebidas frías (menores a 10ºC) tienden a aumentar la palatabilidad de los líquidos y su consumo voluntario durante el ejercicio. Planificar bebidas frías (<10ºC) o heladas puede además generar beneficios adicionales cuando el deportista se encuentra en ambiente calurosos. El remplazo de sodio durante el ejercicio durante una temperatura calurosa está menos estudiado, aunque el uso de protocolos individualizados para el remplazo de electrolitos puede ser interesante y generar ciertos beneficios. Es importante de nuevo resaltar que, la ingesta excesiva de líquidos sin aporte de sodio da lugar a hiponatremia, generando la entrada de agua a las células, incluidas las del cerebro, lo que puede ser fatal para el atleta. Por ello, es importante que el deportista se asegure que la ingesta de líquidos no exceda las pérdidas y, además, que beber sólo cuando uno tiene sed no necesariamente garantiza esto.
Ingesta de líquidos y electrolitos después del ejercicio
Para revertir de forma rápida los déficits de líquidos de moderados a severos, después del ejercicio es importante beber un volumen de hasta el 150% del déficit neto para compensar la pérdida en las horas posteriores al ejercicio. Sin embargo, en la recuperación inmediata al ejercicio, no solo se debe rehidratar al deportista. También existe otros objetivos como la ingesta de carbohidratos para la reposición del glucógeno o de proteínas para favorecer la recuperación muscular. Además, y sumando a los consejos anteriores, en ocasiones el estrés térmico durante el ejercicio deteriora la función e integridad gastrointestinal, lo que en conjunto hace difícil remplazar la cantidad de líquido necesaria. Es importante por ello que, el alimento consumido ayude a retener líquidos y reducir mínimamente las pérdidas por la orina. La incorporación de sodio en la rehidratación puede ser positiva reduciendo así el efecto de la alteración osmótica del plasma conforme se restablece el volumen plasmático. Esto conlleva a un mantenimiento de secreción de arginina-vasopresina y minimiza la producción posterior de orina. Además, los carbohidratos y proteínas en bebidas a base de leche retardan la absorción de dichos líquidos, lo que también reducen los cambios osmóticos en el plasma.
El consumo de alimentos en conjunto con líquidos puede facilitar, por tanto, la rehidratación y debe ser planificada y considerada en términos de objetivos generales de la nutrición con el deportista.
Otras estrategias nutricionales previas y posterior al enfriamiento durante el ejercicio y para evitar el golde de calor por esfuerzo
Las principales características fisiopatológicas de GCE que probablemente la nutrición y dieta puedan modificar, tienen que ver con la estabilidad cardiovascular, hidratación, permeabilidad intestinal y translocación bacteriana, termorregulación celular, inflamación sistémica o la activación simpática y el impuso central.
En cuanto a la ingesta de carbohidratos, se recomienda consumir de 30 a 90 g/h durante el ejercicio de duración de 90 minutos o más para optimizar el rendimiento y la recuperación. Incluso estas cifras pueden aumentar con protocolos de entrenamiento intestinal. Los carbohidratos pueden proteger además la integridad intestinal, la lesión muscular y la cetonemia sistémica, función inmune y esfuerzo percibido en respuesta al ejercicio aeróbico. Todo esto parece proteger frente al GCE. Por otro lado, algunos autores apuntan que, la suplementación con carbohidratos puede aumentar el riesgo de GCE, al reducir el esfuerzo percibido y extender la capacidad de ejercicio en el calor. Incluso, grandes volúmenes de geles, barras o bebidas de alta osmolaridad pueden dar lugar a vómitos y/o diarreas que, sin una adecuada hidratación, puede exacerbar el riesgo de GCE.
Por otro lado, la glutamina en humanos se ha visto que puede mejorar las concentraciones de proteína de choque térmico intracelular 70 (HSP70) en células mononucleares de sangre periférica y disminuir la permeabilidad intestinal. Sin embargo, puede ser mal tolerada por algunas personas y las dosis que son usadas en los estudios realizados con humanos es de 0,9 g/Kg. Así, reducir las dosis a cantidad de 0,3 g/Kg o inferiores, mejora la tolerancia, aunque los efectos protectores no son significativos. Establecer un adecuado protocolo de suplementación y suplementar cada 6 horas o más ante situaciones de estrés por calor durante el ejercicio puede ofrecer algunos beneficios. Aunque aún faltan estudios que aclaren el papel de la glutamina en el desarrollo de la termorregulación celular y aclimatación al calor.
Sobre el uso de calostro bovino, algunos antioxidantes como la quercetina o aminoácidos como la arginina o los probióticos, muestran cierto beneficio, pero los resultados inconsistentes actuales dificultan unas recomendaciones concluyentes. Algunos suplementos (Tabla 1) como el bicarbonato de sodio, pueden inducir efectos secundarios como diarrea y/o vómitos que podrían causar deshidratación. Sin embargo, otros como la creatina, que clásicamente se le atribuyó efectos negativos en ambientes calurosos, no existe evidencia de ello.
En condiciones elevadas de calor, se puede optar al uso de estrategias pre-enfriamiento, así como durante el propio desarrollo de la actividad. Estas estrategias pueden mitigar el estrés térmico en determinados ambientes. Por ejemplo, el uso de bebidas frías/heladas (estrategias de enfriamiento interno) ayudan a disminuir la temperatura central al mismo tiempo que mantienen el equilibrio de líquidos. Además, apoyan a la producción de energía y pueden ayudar a mantener la integridad gastrointestinal. Otras estrategias incluyen baños de hielo o chalecos fríos aplicados inmediatamente antes del ejercicio. Estas estrategias deben ser aplicadas en atención a las reglas y horarios del deporte. Además, es importante recordar que el hielo es un agente refrescante potente debido a la energía térmica que requiere para cambia de fase sólida a líquida. Las bebidas con hielo en suspensión son una buena opción. Además, agregar carbohidratos y/o electrolitos o glicerol, reducen el punto de congelación, dando lugar a la formación de un “líquido cristalino” sobreenfriado” que se sirve a temperaturas bajo cero. Además, es importante considerar el posible efecto posterior del frío sobre el cerebro conocido como “ganglioneuralgia esfenopalatina”.
La ingesta previa al ejercicio de bebidas frías y hielo líquido es eficaz para ambientes cálidos y húmedos, pero no pueden ser una buena opción en ambiente cálidos, secos y ventosos, donde el potencial de pérdida de calor por evaporación es mayor debido a la reducción de la sudoración por el consumo de estas bebidas al estimular los termorreceptores abdominales. Además, es importante reconocer que, aunque las pérdidas de calor con el enfriamiento interno son modestas en comparación con los desafíos que impone el evento, existe evidencia de como diferentes regiones del cerebro sensibles a la temperatura oral se activan cuando se aplica el frio en la boca y esto aumenta la percepción de confort térmico. Otras estrategias también utilizadas para alterar la sensación térmica tienen que ver con el uso de L-mentol, ya que, el mentol oral (enjuague bucal) puede aumentar el riesgo de GCE debido a la disminución de la sensación térmica reducida y producir un juicio erróneo del estado térmico interno.
Por último, es importante tener en cuenta que, como profesionales de apoyo al deportista, nos enfrentamos a no solo desafíos fisiológicos sino también culturales y prácticos que, en muchas ocasiones se circunscriben al deporte o grupo de atletas. En este sentido, por ejemplo, en los deportes de equipo nos enfrentamos a la variación en las recomendaciones en cada uno de los componentes del equipo (ej. posición de juego). En muchos casos como el rugby, el uso de estas ropas puede imponer un mayor estrés térmico o la disponibilidad durante la competición de cantidades adecuadas de alimentos fríos y líquidos. Además, el riesgo por golpe de calor también puede ser elevado en deportes con elevada intensidad, que junto con las elevadas temperaturas aumenta el riesgo de su padecimiento. La rotación de los componentes de los jugadores o las pausas durante el juego son opciones para disminuir el estrés térmico o implementar estrategias de nutrición. En el caso de deportes de resistencias (30 min a 4 h) y de ultra resistencia (>4h) son deportes que compren varias modalidades de ejercicio, terreros y entornos. La tensión térmica en este tipo de eventos junto con los fisiológicos (como los grandes déficits acumulados de líquidos y electrolitos), provocan mayor riesgo de trastornos y síndrome gastrointestinales asociado al ejercicio.
Autor: Antonio Ballesteros
La composición corporal dentro del fútbol principalmente consiste en la monitorización de la masa grasa y la masa muscular. Mantener la grasa corporal dentro de un rango óptimo puede conservar la relación potencia-masa, permitiendo movimientos más eficientes durante el entrenamiento y los partidos. La literatura ha resaltado que el porcentaje de grasa corporal normal de los jugadores de élite puede variar entre 7% y 19% según la fórmula utilizada (Wittich et al., 2001; Reilly et al., 2009). Sin embargo, las mediciones tomadas por DEXA sugieren que los jugadores profesionales pueden tener porcentajes de grasa corporal de hasta el 6% en casos aislados. Además, podríamos tener en cuenta que hay diferencias especificas en la composición corporal por posición de juego; por ejemplo, los porteros suelen tener más grasa que los jugadores de campo.
Las mediciones de la masa muscular se están convirtiendo en un indicador importante para la mejora del rendimiento. Esto se debe a que las cargas de entrenamiento inapropiadas pueden dar lugar a cambios indeseables en el físico. Por ejemplo, un aumento excesivo de la masa muscular en el tronco puede no tener un beneficio funcional para el rendimiento. Por ello, es recomendable monitorizar la composición corporal en intervalos regulares durante la temporada para ayudar al jugador a optimizar su composición corporal. También, las tendencias estacionales reflejan un aumento en los niveles de grasa corporal fuera de temporada, los cuales disminuyen durante la pretemporada, cuando es mayor el volumen de entrenamiento. Los métodos para evaluar la composición corporal varían ampliamente dependiendo del club, el profesional y los recursos que estén a su disposición. Los protocolos de estandarización constante y el entrenamiento correcto (por ejemplo, la certificación en cineantropometría ISAK) son esenciales para monitorizar de manera fiable y evaluar el cambio significativo de los deportistas.
Tal y cómo se conoce, la antropometría proporciona una medida fiable en este campo, permitiéndole al profesional medir los diferentes pliegues cutáneos y las circunferencias musculares. Una vez realizada la medición, existen rangos de referencia actuales en numerosos deportes. También es interesante medir la “suma de 6-8 pliegues” en lugar del porcentaje de grasa corporal, lo que a menudo se prefiere por muchos dietistas.
En el caso del fútbol, 2 valores de referencia importantes, es que el sumatorio de 6 pliegues esté por debajo de 45mm o que el porcentaje de grasa obtenido mediante la fórmula de Faulkner se encuentre por debajo de 11%. En la siguiente tabla (Tabla 1) se presenta un resumen de los trabajos realizados sobre el porcentaje graso de futbolistas de primer nivel nacional e internacional:
Otro método de determinación de la composición corporal es la absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA, por sus siglas en inglés) que ahora también se utiliza de forma frecuente en los clubs de élite. La determinación por DEXA proporciona una evaluación precisa de la masa grasa, el contenido mineral óseo y la masa magra. La popularidad de la DEXA es más probable que se deba a que sus escaneos son relativamente rápidos y fáciles de realizar, mientras que proporcionan una retroalimentación precisa y efectiva a los jugadores. Además, es importante señalar que la DEXA también tiene sus limitaciones. El error a través de la DEXA en las mediciones de la masa grasa y la masa muscular es de aproximadamente 1 kg, sin hablar del precio elevado de la prueba. Es por ello por lo que, en caso de que estas pruebas señalen que los jugadores están “fuera de rango” en cuanto a composición corporal, lo ideal sería hacer una intervención dietética y una monitorización frecuente de la composición corporal para medir la evolución.
Otra pregunta frecuente es esta ¿es importante el peso en un futbolista? En este sentido, es importante no pasar por alto la importancia del pesaje constante de los jugadores (siempre llevado a cabo en condiciones controladas). Por ejemplo, se debe pesar siempre con un mínimo de ropa, antes de entrenar y en un estado de euhidratación. Esto es debido a que el peso puede ser la “primera línea” de una monitorización no invasiva”. Además, a menudo los cambios agudos en la masa corporal pueden indicar otro problema. Por ejemplo, una disminución de la masa corporal puede también coincidir con una reducción del rendimiento en el entrenamiento y otras evaluaciones subjetivas de la fatiga.
Por otro lado, si bien muchos jugadores reducen la ingesta de energía para perder peso y grasa corporal, también es perjudicial si se disminuye la ingesta de energía por debajo de los niveles mínimos necesarios. Además, hay que recordar que: “reservas de energía = ingesta total de energía – energía empleada en ejercicios o actividades diarias”. Según estudios recientes, si la disponibilidad de energía disminuye a menos de una ingesta diaria de 30 kcal (135 KJ) por kilo de masa magra corporal (MMC), se produce un daño sustancial de las funciones metabólicas y hormonales, que a su vez afectan el rendimiento, el crecimiento y la salud. En el caso de las mujeres, el resultado de la disminución de energía es un desarreglo de la función reproductiva y la regularidad menstrual.
Es por ello que, los jugadores que requieran consejos para la pérdida de peso o de grasa deben consultar un nutricionista deportivo. Además, si se precisa reducir la cantidad de grasa corporal, se debe realizar de manera gradual. Esto es importante ya que, los jugadores pueden evitar problemas potenciales, al cuidarse y no subir de peso fuera de la temporada. Teniendo en cuenta el objetivo de alcanzar un peso y un nivel de grasa corporal “ideal”, el jugador debe prestar especial cuidado en la elección de su dieta y su nivel de actividad fuera de la temporada y en la etapa previa a la temporada, sin afectar su salud y rendimiento.
En definitiva, un jugador tiene un mejor rendimiento si la cantidad de grasa corporal es proporcional a sus necesidades energéticas. Esto varía según la persona y la trayectoria profesional del jugador, y por ello, no se puede establecer un valor ideal para cada individuo. También es importante tener en cuenta que, si el nivel de grasa del cuerpo baja demasiado, la salud sufrirá́ las consecuencias, pero si es muy alto, el jugador no tendrá́ la misma agilidad debido a que tiene que cargar con un peso innecesario. En este sentido, es importante que los jugadores administren de manera óptima la ingesta de alimentos y que cuenten con protocolos personalizados de nutrición, suplementación e hidratación, para alcanzar así su mejor versión.
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