Dra. Leticia Pérez Santiago, Dra. Bianca Muresan, Dra. Elsie Daviana Meneses, Dra. Aina Falmés Mifsud, Dr. Alberto-Jacobo Cunquero
COMITÉ EDITORIAL
Dirección y coordinación: Dra. Bianca Muresan (Miembro equipo CEAN)
Invitada especial del mes: Dra. Leticia Pérez Santiago
Revisión de artículos: Fernando Mata, Dra. Bianca Muresan, MSc. Pedro Carrera
Facultativo especialista en cirugía general y del aparato digestivo, Hospital Clínico Universitario de Valencia, España.
En primer lugar, muchas gracias por aceptar nuestra invitación Dra. Pérez Santiago. Un placer tenerte en la revista, sobre todo para mi (Bianca Muresan), ya que son muchos años creciendo juntas como amigas, tanto en lo profesional como en lo personal. Antes de comenzar con algunas preguntas sobre cirugía y nutrición, nos gustaría que hables a los lectores sobre ti ¿Quién es la Dra. Leticia Pérez Santiago y en qué campo de la cirugía te estás especializando actualmente?
Buenos días, muchas gracias por la invitación, y me siento afortunada de que hayáis pensado en mí para esta entrevista. Soy Leticia Pérez Santiago, cirujana General y del Aparato Digestivo. En nuestra especialidad quirúrgica, tratamos todos los canceres de origen digestivo: esófago, estomago, hígado, páncreas, colon, etc. La cirugía, sigue siendo, hoy en día, uno de los tratamientos estándares en la curación de estas enfermedades, a veces asociado a tratamientos quimioterápicos antes o después de la cirugía. Hace menos de un año, finalicé una de las Becas Fellowship de la Asociación Española de Coloproctología (AECP), y actualmente, he podido continuar en el Hospital Clínico Universitario de Valencia, adherida a la Sección de Cirugía Colorrectal.
Además de la actividad asistencial que ejerzo en el hospital, actualmente, también estoy cursando el Doctorado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia sobre el diagnóstico de factores perioperatorios relacionados con el desarrollo de complicaciones postquirúrgicas en aquellos pacientes que se someten a cirugía por metástasis hepáticas de origen colorrectal.
Los que te conocemos, sabemos que además de ser una apasionada de la cirugía, en los últimos años podríamos decir que te estás convirtiendo también en una apasionada de la nutrición. Tal y como nos has contado, has comenzado incluso un doctorado, uniendo el campo de la cirugía con el campo de la nutrición. Sin olvidar que, los que conocemos tu trayectoria, también eres investigadora principal de un estudio multicéntrico puesto en marcha en 2021 en el que continúan participando varios hospitales de España, para diagnosticar la sarcopenia en pacientes prequirúrgicos que presenten metástasis hepáticas por cáncer colorrectal y pacientes prequirúrgicos con cáncer de páncreas.
Sin embargo, a pesar de que existen muchos estudios sobre nutrición publicados en el área de cirugía, no es demasiado común ver a facultativos especialistas en cirugía iniciar una tesis doctoral en el campo de la sarcopenia y nutrición, por lo que me gustaría que cuentes a nuestros lectores cómo ha empezado tu curiosidad por este tema.
Como os podéis imaginar, muchos de nuestros pacientes, llegan en malas condiciones a nuestras consultas. Tienen una enfermedad maligna que afecta al tracto digestivo por lo que la desnutrición relacionada con la enfermedad está muy presente en ellos. Además, muchos han sido sometidos a tratamientos quimioterápicos que favorecen el catabolismo y con ello el consumo de masa muscular lo que acaba en presencia de sarcopenia, desnutrición y fragilidad.
Hoy en día, se habla mucho de la desnutrición. Nosotros, los cirujanos, llevamos ya un tiempo teniendo en cuenta estos parámetros, de hecho, como ya has comentado, hay muchos estudios publicados sobre el tema. En dichos estudios se ha visto la relación que existe entre la desnutrición y las complicaciones postquirúrgicas o incluso la supervivencia a largo plazo.
Desde hace tiempo, me ha interesado mucho este ámbito. Creo que la nutrición, y por consiguiente la optimización y la prehabilitación de nuestros pacientes es muy importante para que puedan llegar al quirófano en las mejores condiciones y, sobre todo, que el postoperatorio sea lo mejor posible. De esta forma, les ayudaremos a que puedan irse a casa tras el alta hospitalaria, sin complicaciones ni reintervenciones. Todo esto es muy importante a para mí a nivel personal, pero también a nivel social, ya que de esta forma se consigue reducir la estancia hospitalaria y, sobre todo, los gastos sanitarios.
Antiguamente nos basábamos más en el peso (kg), el índice de masa corporal (kg/m2) o en parámetros analíticos como la albumina (mg/dl). Aquellos pacientes con menor índice de masa muscular o albumina más baja, se consideraban desnutridos y esto derivaba en un postoperatorio con más complicaciones. Actualmente, sabemos que estos parámetros pueden estar alterados por el propio estado de “inflamación” del paciente y es aquí donde el estudio de la composición corporal entra en juego.
Hace casi 4 años, después de hablar contigo, Bianca, puedo decir que me introdujiste en el mundo de la composición corporal. Eres de estas personas que tiene la capacidad de convencer e ilusionarte con lo que haces y conmigo, lo conseguiste. Leí tu tesis doctoral hace años, y cada vez que me hablabas del tema, yo me planteaba…. “Sería espectacular ver si esto influye en los pacientes quirúrgicos”, “Si realmente influye, podríamos corregirlo mejorando su estado nutricional y el postoperatorio sería mucho mejor; podrán irse a casa antes, no estarán tantos días en el hospital…”. Y así empezó todo. Tardaste muy poco en convencerme de que esto era el futuro de la prehabilitación de los pacientes quirúrgicos y yo tarde aún menos en ponerlo en marcha en mi hospital.
Así que, mi tesis doctoral, en resumen, es sobre este tema. Estoy intentando investigar qué factores influyen negativamente sobre el postoperatorio de los pacientes que se van a operar de cirugía hepática y pancreática. Cuando me puse delante de la base de datos, me di cuenta de que lo que estábamos haciendo hasta ese momento, era muy poco, sí que mirábamos la albumina y solamente pesábamos a nuestros pacientes. Es decir, no hacíamos nada antes de la cirugía si detectábamos que estaban un “poco mas delgados de lo que deberían”.
Por eso, tal y como has comentado, decidimos poner en marcha un estudio multicéntrico para analizar exactamente la presencia de desnutrición, sarcopenia y fragilidad en dichos pacientes. Este estudio se inició en septiembre de 2021 y actualmente cuenta con la participación de 9 hospitales a nivel nacional. Conseguimos financiación con una de las Becas MASNUTRIDOS, otorgada en 2021 por la Sociedad Española de Nutrición Clínica y Metabolismo (SENPE) y presentaremos los resultados en el congreso de la SENPE en mayo de 2023, en Valencia.
Muchas gracias por compartir esta información sobre mí con los lectores, y seguro que ambas deseamos que nuestras tesis ayuden a otras personas a iniciar otros estudios similares. Sin duda, ambas conocemos que el diagnóstico de sarcopenia ha sido uno de los descubrimientos más relevantes en los últimos años en el campo de la nutrición, cambiando el foco de la práctica clínica, y dando mayor importancia al índice musculoesquelético que al índice de masa corporal. Otra pregunta que me gustaría hacerte es ¿por qué has decidido llevar el campo de la nutrición en la cirugía colorrectal? ¿qué parámetros recogéis en vuestro proyecto de investigación que son importantes antes de la cirugía?
Cuando decidí continuar mi formación en la subespecialización de cirugía colorrectal, pensé que quizás el grado de desnutrición y sarcopenia en dichos pacientes no sería tan alto como en los pacientes con cáncer esofagogástrico o pancreático. Sin embargo, el cáncer colorrectal es uno de los más frecuentes a nivel mundial y tras la puesta en marcha de los cribados con colonoscopias, el número de los mismos se ha disparado.
En nuestro departamento estamos realizando el estudio de composición corporal en dichos pacientes desde enero del año 2022 y la organización se da de la siguiente manera: a todos nuestros pacientes los citamos 4 semanas antes de la cirugía en nuestras consultas, además de realizarles nuestra anamnesis prequirúrgica y solicitarles pruebas importantes para la valoración prequirúrgica, les realizamos también pruebas de cribado y diagnóstico de desnutrición, fragilidad y sarcopenia.
Las pruebas realizadas son la determinación de la fuerza muscular mediante dinamometría, una prueba funcional muscular como es el test “Timed up and Go” y calculamos la masa muscular mediante tomografía axial computarizada (TAC) a través del índice musculoesquelético. De esta forma diagnosticamos a los pacientes con diferentes tipos de composición corporal como baja masa muscular, sarcopenia, sarcopenia grave u obesidad sarcopénica (en caso de presentar un IMC o masa grasa elevada).
De nuevo, gracias por compartir esta información con nosotros. La siguiente pregunta que nos gustaría hacerte es ¿una vez diagnosticados los pacientes con presarcopenia o sarcopenia ¿realizáis algún tipo de intervención previa a la cirugía? ¿Podrías darnos algún detalle de los resultados que estáis obteniendo desde el inicio del estudio?
En cuanto a los resultados, estamos sorprendidos. Casi un 50% de los mismos presentan baja masa muscular al diagnóstico y tenemos también varios pacientes con diagnóstico de obesidad sarcopénica.
Además, todos los pacientes que van a ser sometidos a cirugía de cáncer colorrectal se educan desde el punto de vista nutricional para llevar a cabo una adecuada dieta, que en este caso suele ser hiperproteica. Por otro lado, aquellos en los que detectamos una baja masa muscular mediante TAC, les pautamos además módulos de proteínas como suplementación. También diagnosticamos desnutrición mediante criterios GLIM y aunque actualmente el tamaño muestral no nos ha permitido llegar a resultados definitivos, la estancia hospitalaria y las complicaciones postquirúrgicas se han reducido claramente en aquellos pacientes que han cumplimentado las recomendaciones dadas en dicha consulta de prehabilitación.
Como podéis ver, los cirujanos cada vez tenemos más en cuenta los parámetros nutricionales en nuestra práctica diaria y considero que es un pilar fundamental en los resultados que podemos obtener. ¿De qué sirve estar más de 6 horas operando una neoplasia de páncreas o esófago si el paciente no es capaz de soportar la agresión quirúrgica?
Estoy de acuerdo. Háblanos también, por favor sobre la importancia de prehabilitación en los pacientes con cirugía colorrectal.
Actualmente se sabe que los programas de prehabilitación quirúrgica multidisciplinares reducen la morbimortalidad postoperatoria. En el año 2019, en nuestro centro, la Dra. Stephanie Anne García Botello, creó la Comisión Clínica de Recuperación Intensificada en Cirugía. En dicha comisión multidisciplinar, participan distintos especialistas de nuestro centro como son: anestesistas, fisioterapeutas, enfermeras, endocrinos, dietistas, hematólogos y cirujanos entre otros. Gracias a esta comisión, se han elaborado y puesto en marcha muchos protocolos que han ayudado en la cumplimentación de la optimización y desarrollo de la recuperación intensificada (Guía RICA) en nuestro centro. Nos solemos reunir una vez cada 2-3 meses para intentar actualizar dichos protocolos y desarrollar nuevos para estar al día en el manejo de nuestros pacientes.
Por otro lado, desde enero de 2022, realizamos una consulta individualizada a todos los pacientes que van a ser sometidos a cirugía de cáncer colorrectal. En dicha consulta, calculamos la composición corporal de nuestros pacientes y explicamos recomendaciones nutricionales, de ejercicio físico, respiratorio y ejercicios de mindfullness y relajación. Dicha consulta es realizada por mi junto con una residente de 3º año de nuestro servicio, Luisa Paola Garzón Hernández, a la cual agradezco su colaboración, ganas de aprender y compromiso desde el primer momento que le propuse ayudarme en este proyecto. Su ayuda y entrega han contribuido gratamente en que los resultados de esta consulta estén siendo tan fructuosos. Esto es innovador en nuestro centro y lo pusimos en marcha desde nuestra propia iniciativa como imitación a otros hospitales españoles, donde es realizada por personal de enfermería.
En nuestro centro, debido a la gran carga asistencia y la escasez de personal de enfermería, dietistas y fisioterapeutas, esta consulta multidisciplinar es imposible de desarrollar y por ello, pensamos en realizarlo nosotras mismas. No expertas en la materia, pero si con bastante formación sobre el tema, la realizamos en nuestro tiempo libre para intentar ayudar a nuestros pacientes de la mejor forma e intentar que lleguen a quirófano en las mejores condiciones.
Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que este es el primer paso para realmente conseguir el objetivo de una prehabilitación quirúrgica adecuada en nuestros pacientes. Consideramos que precisan de una atención multidisciplinar (llevada a cabo por dietitas, fisioterapeutas, psicólogos, etc.), y no solo en una consulta extra, sino varias veces durante más o menos 4 semanas (que son las semanas que están esperando para ser intervenidos quirúrgicamente). Además, únicamente depende de nosotras por lo que, si no estamos disponibles, algunos pacientes se quedan sin prehabilitar.
Por otro lado, en nuestro centro, solo podemos prehabilitar a un reducido grupo de pacientes, no pudiéndose llevar a cabo de forma multidisciplinar en todos los casos. Y lo más importante, no podemos abarcar a todos los pacientes que van a ser sometidos a intervenciones, ya sea en nuestro propio servicio de Cirugía General (cirugía esofagogástrica, cirugía de carcinomatosis peritoneal o cirugía hepatobiliopancreática), como en otros servicios de nuestro centro (como podrían ser urología, ginecología, etc.).
El feedback de nuestros pacientes recogido hasta la fecha con encuestas de satisfacción, es bueno. A pesar de ello, muchos reclaman más atención para que se expliquen mejor los ejercicios, ya que muchas veces no se acuerdan de las indicaciones dadas en la consulta y creen conveniente un seguimiento más estrecho durante el periodo de tiempo de espera hasta tener fecha de intervención quirúrgica, así como un puesto de información donde recurrir en caso de duda. Actualmente esta demanda de más atención o necesidad de aclaración de dudas sobre qué hacer lo vemos reflejado con múltiples llamadas telefónicas a nuestro secretario, requiriendo de atención telefónica extra realizada por nuestra parte.
Por ello, creemos necesario el desarrollo de una plataforma donde todos los pacientes que vayan a ser sometidos a una intervención quirúrgica dispongan de material para prehabilitarse, donde puedan apoyarse en caso de dudas y se sientan asistidos en todo momento asistidos por profesionales en la materia.
Para ir finalizando esta entrevista y teniendo en cuenta la importancia de la desnutrición en los pacientes quirúrgicos ¿podríamos darnos algunas recomendaciones para tener en cuenta en el ámbito de nutrición quirúrgica?
La desnutrición es importante en todos los pacientes quirúrgicos, sin embargo, considero que el estado nutricional es aún más importante y determinante en los pacientes que precisan de la confección de una anastomosis. Quiero decir, en una cirugía hepática (en la que únicamente se reseca parte de un lóbulo hepático), el estado nutricional previo es importante, pero no tanto como en caso de una neoplasia de esófago o páncreas, que van a precisar de varias anastomosis quirúrgicas en el tracto digestivo. Esto va a hacer que durante las primeras 24-48 horas, el paciente esté en ayuno o solo con aporte hídrico.
Además, otro punto importante que considero que debería estudiarse es en cuanto al ayuno y una pregunta que yo siempre me planteo es la siguiente: ¿es necesario tener a nuestros pacientes en un ayuno prolongado durante tanto tiempo antes y después de la cirugía? La guía de recuperación intensificada en cirugía (RICA), es partidaria del inicio de la tolerancia precoz y, salvo complicaciones, yo también creo que es importante que nuestros pacientes estén el menor tiempo posible en ayunas.
Sin duda, como ya sabes, para mí la labor que estáis llevando a cabo es impresionante. Pero al igual que tú, conozco el campo de la investigación y sé no es del tan fácil como parece. Por ello, me gustaría saber por último ¿cuáles son algunas de las dificultades enfrentadas hasta la fecha, desde el inicio de vuestro proyecto?
Me gustaría decir que, en nuestro medio, esto es dificilísimo de llevar a cabo. En el estudio multicéntrico que estamos realizando, dos dietistas becadas de mi hospital (Sandra Amores y Blanca Alabadi) son las que llevan toda la carga asistencial de la parte nutricional. Sin su conocimiento, ayuda y dedicación, nada de lo que hacemos sería posible. A pesar de sus contratos y salarios precarios, nunca ponen ninguna pega en realizar las medidas que hagan falta y quería agradecérselo públicamente. Creo que la figura del dietista en el ámbito hospitalario es de vital importancia y las plazas de las que se disponen son escasas por no decir inexistentes.
Por otro lado, creo que el cirujano también tiene un papel imprescindible, porque “¿Quién es el mayor interesado en que la cirugía vaya de maravilla y el paciente se vaya a casa sin complicaciones?” la respuesta está clara, el paciente, sus familiares y el cirujano que lo opera. Por mucho que dependamos de la ayuda de endocrinos o dietistas para realizar los diagnósticos de desnutrición o sarcopenia con pruebas más específicas como puede ser la ecografía o la bioimpedanciometría (BIA) o densitometría (DEXA), los cirujanos debemos ser conocedores de sistemas de cribado de desnutrición, que nos permitan detectar la desnutrición en consulta en menos de 3 minutos.
De otra forma podemos detectar los pacientes quirúrgicos desnutridos que necesitan mejorar en menos de un mes para someterse a la intervención quirúrgica. Por otro lado, aunque el cálculo de la masa muscular mediante pruebas más específicas como son el TAC o la ecografía requieren de una mayor dedicación y aprendizaje, una vez que se aprende, en menos de un minuto, puedes tener los resultados. De esta forma la colaboración con los endocrinos y dietistas una vez diagnosticada la desnutrición, será más rápida y eficaz, y los pacientes podrán optar a una intervención nutricional precoz gracias a su diagnóstico desde las consultas de cirugía.
Muchas gracias de nuevo por tu entrevista, amiga. Tal y como te lo he dicho muchas veces, es impresionante escuchar hablar a una ciruja sobre términos importantes en nutrición, como las técnicas actuales para el diagnóstico de sarcopenia y composición corporal. Gracias también por tu apoyo a los dietistas nutricionistas y por reivindicar la importancia de una adecuada nutrición en el ámbito quirúrgico y hospitalario. A continuación, dejamos a los lectores con tu siguiente artículo sobre la importancia de la sarcopenia y prehabilitación en pacientes con cirugía colorrectal.
Gracias a vosotros. Un placer explicar en otro artículo la importancia de la determinación de sarcopenia y prehabilitación en pacientes con cáncer colorrectal.
Autora: Dra. Leticia Pérez Santiago.
Facultativo especialista en cirugía general y del aparato digestivo, Hospital Clínico Universitario de Valencia, España.
Cáncer colorrectal, cirugía y sus complicaciones más prevalentes:
El cáncer colorrectal (CCR) es el tercer tipo de cáncer más prevalente a nivel mundial y tiene la segunda mortalidad más alta. Entre algunas de sus principales causas además de los factores genéticos (como la poliposis adenomatosa familiar o el síndrome de Lynch), destacan los malos hábitos nutricionales, como una dieta pobre en fibra, frutas, verduras y antioxidantes, así como rica en grasas trans. Además, el sedentarismo o la ingesta de tabaco y alcohol también se han asociado con el desarrollo de este tipo de cáncer. A continuación, en la siguiente figura (Figura 1), se recogen las principales causas del cáncer colorrectal.
En cuanto al tratamiento quirúrgico del cáncer colorrectal, es importante saber que este tipo de tratamiento es potencialmente curativo en la mayoría de los casos. No obstante, asocia una tasa de complicaciones en torno al 20-30% de los casos intervenidos, según las series publicadas. Dentro de las complicaciones quirúrgicas más frecuentes, destacan la infección de herida quirúrgica o hematoma, el íleo paralitico y la dehiscencia de sutura anastomótica. Además, pueden aparecer complicaciones médicas como puede ser la neumonía, la flebitis o la atelectasia.
Algunas de estas complicaciones se manejan de forma conservadora con reposo digestivo, procinéticos y/o antibioterapia. La aparición de complicaciones postquirúrgicas favorece el catabolismo y con ello la aparición o empeoramiento de la desnutrición. Cuando la complicación no se puede manejar de forma conversadora y la reintervención es necesaria (como, por ejemplo, en una dehiscencia de sutura anastomótica que provoca una gran peritonitis), el paciente debe ser reintervenido de urgencia. En estos casos, los pacientes llegan a quirófano en muy malas condiciones con cuadros de sepsis abdominal. En el quirófano se reseca la anastomosis y en casos de peritonismo fecal o inestabilidad hemodinámica la reconfección de una anastomosis está contraindicada, por lo que los pacientes suelen acabar con un estoma. Otro dato importante es que, en aquellos pacientes reintervenidos y con necesidad de realizar una ileostomía, el grado de desnutrición y perdidas de electrolitos es mayor.
Además, el paciente presenta un elevado riesgo de desarrollar sepsis, y esto hace que su deterioro clínico sea enorme y, muchas veces asocia a fracaso renal y respiratorio. Como consecuencia, el ingreso en camas de cuidados intensivos o reanimación es mandatorio. Las estancias en UCI tras una reintervención por dehiscencia de sutura anastomótica suelen ser prolongadas, en dichas unidades, el aporte nutricional de los pacientes por boca es inexistente al estar intubados y con muchas máquinas alrededor. Si partimos de un paciente bien nutrido, el catabolismo por el estrés del estado proinflamatorio hará que el paciente pierda nutrientes y desarrolle una desnutrición. Sin embargo, si el paciente ya estaba desnutrido previamente, las complicaciones serán múltiples y muy graves. Teniendo en cuenta estos datos, es importante conocer que, la prevalencia y prevención de desnutrición en las unidades de críticos también es tema muy importante a tratar. Si se consigue que el paciente llegue a quirófano en buenas condiciones nutricionales, podemos evitar que desarrolle una complicación postquirúrgica. Por desgracia, las complicaciones no siempre son evitables, pero si al menos está bien nutrido y desarrolla una complicación, contribuiremos a que su reserva funcional sea lo suficientemente buena como para poder sobrevivir a la misma.
Prevalencia de desnutrición en pacientes quirúrgicos con cáncer colorrectal:
La desnutrición relacionada con la enfermedad (DRE), presente en los pacientes con CCR, es un factor que tiene impacto negativo sobre la supervivencia y la respuesta al tratamiento tanto oncológico como quirúrgico. Se estima que entre un 15-40% de los pacientes oncológicos presentan malnutrición, incrementando la incidencia hasta un 60-80% en enfermedad avanzada. Su expresión máxima es la caquexia tumoral, que se acompaña de pérdida de masa muscular. La neoplasia afecta directamente al estado nutricional, causando gran consumo de masa muscular por catabolismo y aumentando el riesgo de desnutrición, provocando una disminución en la capacidad funcional de los pacientes.
En la actualidad, la sarcopenia en los pacientes oncológicos se ha relacionado con peores resultados, disminuyendo la supervivencia global, aumentando la morbilidad postoperatoria e influyendo negativamente en la calidad de vida. Su relación con el CCR ha sido documentada en varios estudios teniendo una prevalencia entre 40% -60%, un porcentaje nada despreciable, por lo que su diagnóstico preoperatorio es importante.
En el consenso del Grupo Europeo de Trabajo sobre la Sarcopenia en Personas de Edad Avanzada (EWGSOP2) publicado en 2018, se definió como sarcopenia probable cuando se detecta baja fuerza muscular, confirmándose su diagnóstico si hay baja cantidad o calidad muscular, y la sarcopenia debe considerarse grave si además existe un bajo rendimiento físico. La sarcopenia, es más común en edad avanzada por los cambios que sufre el músculo a lo largo de los años. Sin embargo, hay otros factores como la enfermedad asociada, inactividad y malnutrición, que provocan y empeoran la calidad y cantidad muscular, por lo que puede desarrollarse antes. El envejecimiento es responsable de los cambios en la masa y fuerza de los músculos periféricos, especialmente después de los 50 años, cuando la masa muscular disminuye entre 1-2% y la fuerza muscular entre 1,5 – 5% por año. Se puede clasificar en primaria y secundaria, siendo la primaria por envejecimiento y la secundaria por mecanismos patogénicos como procesos inflamatorios y neoplásicos. En pacientes oncológicos, la sarcopenia preoperatoria se ha relacionado de forma independiente con mal pronóstico, siendo un factor de riesgo de complicaciones postoperatorias en cirugía oncológica. Otros resultados negativos relacionados con la sarcopenia es la mayor estancia hospitalaria y por consiguiente un mayor coste sanitario.
Respecto al cálculo de la sarcopenia, debemos tener en cuenta 3 parámetros: fuerza muscular, cantidad muscular y rendimiento físico. Este último se puede medir con diferentes pruebas funcionales entre las que destaca el test “Timed Up and Go” (TUG). Es una prueba sencilla y fácil de reproducir en la valoración primaria del paciente con CCR. Por otro lado, existen varias pruebas de imagen aprobadas hoy en día para el cálculo de la masa muscular como son la ecografía muscular, la bioimpedanciometría o la tomografía axial computarizada (TAC). La evaluación preoperatoria del área muscular en la región de la tercera vértebra lumbar por TAC (14), permite medir el índice de masa muscular esquelética (skeletal muscle index) (SMI) y definir pre-sarcopenia, la cual se caracteriza por una masa muscular baja sin impacto en la fuerza muscular.
Expuesto lo anterior, diagnosticar la sarcopenia preoperatoria en pacientes con CCR, es indispensable para poder ofrecer estrategias de prevención y tratamiento, y así optimizar al paciente para el manejo quirúrgico, disminuyendo las posibles complicaciones postoperatorias, mejorando la supervivencia global y por consiguiente la calidad de vida.
Autora: Dra. Bianca Muresan
Dra. en nutrición oncológica. Dietista-nutricionista e investigadora en nutrición y cáncer. Miembro equipo CEAN.
“El cangrejo me ha dado una perspectiva única, que me hace mucho más consciente de la vida que llevo y del tiempo que tengo.”
Pau Dones.
Cáncer es una palabra que proviene del griego, karkinos, que significa cangrejo, pero ¿alguna vez has pensado por qué el cáncer se asocia a este crustáceo?
Aunque la paleopatología describe alguna evidencia de lesiones compatibles con el cáncer desde la época de los dinosaurios (la presencia de algunas lesiones óseas en fósiles encontrados hace sospechar la existencia de la enfermedad desde hace muchos años), no es hasta el siglo XVIII cuando comienzan las investigaciones más importantes en este campo. Sin embargo, además de los tumores presentes en los dinosaurios, otro descubrimiento importante en este campo fue en 1935, cuando el Dr. Lawrence en 1935 describió un tumor óseo en una mandíbula encontrada en África Oriental perteneciente a un individuo, cuya datación paleontológica, se ubica durante la era Pleistocénica (de 1.600.000 a 100.000 años A.C.).
Más allá de estos hallazgos, los primeros casos de cáncer se registraron en el antiguo Egipto que data del año 1.600 a.C., tras la descripción de 8 casos de tumores en el Papiro Edwin Smith (el documento médico más antiguo del mundo). En este documento, se encontraron algunos términos para describir esta patología como “úlceras que provienen de lesiones” e incluso se documentó información sobre el primer caso tumor maligno de mama referenciado, descrito como “úlceras y bolas frías en la mama”. En cuanto a su tratamiento, este documento recoge información de que a algunos pacientes se les practicaba la cirugía, siendo este el tratamiento médico más antiguo para tratar un tumor.
Siguiendo la línea histórica, al parecer otro acontecimiento sobre el cáncer (todavía desconocido en esa época), lo relata Heródoto (520 a.C.), que determinó que a causa de la enfermedad que padecía la reina Atosa (esposa de Darío I, rey de Persia,), presentaba tanto dolor que le pidió que le amputara uno de sus pechos. Ante estas palabras, los historiadores sospechan que la reina de Persia fue una de las muchas personas que padeció cáncer de mama a lo largo de la historia.
Sin embargo, no es hasta el siglo IV a.C., que Hipócrates describe por primera vez por este término. Algunos datos sobre su descubrimiento se conocen a través de los escritos hipocráticos que reciben el nombre de Corpus Hippocraticum (colección de obras atribuidas al prestigioso médico griego). En estos documentos, se menciona “unas lesiones ulcerosas crónicas, algunas veces endurecidas, que se desarrollan progresivamente y sin control, expandiéndose por los tejidos semejando las patas de un cangrejo”. Ante su semejanza a este crustáceo decápodo, Hipócrates nombra por primera vez esta patología como “karkinos”, que en griego significa cangrejo. De hecho, algunas recopilaciones indican que Hipócrates estaba explorando una paciente con cáncer de mama, mientras uso este término por primera vez.
Del griego también proviene la palabra carcinoma (καρκίνωμα, karkinoma), ya que el sufijo -oma (-ωμα) indica tumor, por lo que este término se usó para determinar un “tumor duro” o maligno. Posteriormente, esta expresión fue adoptada por los romanos, cambiando la palabra “karkinos” por “cancer”, que en latín se utiliza para referirse a cangrejo y, a pesar de que hoy en día se conoce que el término cáncer hacer referencia a más de 200 tipos de enfermedades diferentes, todavía se utiliza tanto en la la medicina como en la literatura científica contemporánea.
Otro dato curioso, es que Hipócrates determinó que la enfermedad podría aparecer por un desequilibrio entre los cuatro humores corporales: bilis negra, bilis amarilla, sangre y flema. Este dato (aunque hoy en día ya se ha aclarado) es sumamente importante, ya que existen manuscritos que indican que, en aquella época Hipócrates ya recomendada dieta adecuada “para disminuir la bilis negra” y ejercicio físico” para su tratamiento.
Otro aspecto relevante de la historia de esta patología es que el cáncer fue considerado dentro del grupo de enfermedades raras hasta el siglo XVIII, siglo en el que comenzaron las primeras investigaciones en este campo, diagnosticarse cada vez más a medida que fue aumentando el conocimiento sobre esta enfermedad. Sin embargo, su incremento se ha elevado tanto a lo largo de los últimos años por diferentes factores, que actualmente, el cáncer se conoce como la segunda principal causa de muerte en todo el mundo.
Pero ¿cuáles han sido otros acontecimientos históricos que han marcado la evolución de la investigación en este campo desde el siglo XVIII? A continuación, se detallan algunos de ellos, pasando desde los más conocidos como el efecto Warburg o el descubrimiento del radio por Marie Curie a algunos menos conocidos y más actuales, no sin antes mencionar que, para los lectores con mayor curiosidad sobre estos acontecimientos, se recomienda la lectura de “Cancer Biology and Its Treatment Modalities: A Brief Historical Perspective”, del autor Aasna L. Parui.
Algunos acontecimientos históricos importantes en el descubrimiento del cáncer
Siglo XVIII, inicio de los primeros estudios en este campo:
Inicio de las primeras investigaciones en radioterapia y hormonoterapia:
Sin embargo, no fue hasta casi 1940 cuando la hormonoterapia empezó a como parte de los tratamientos antineoplásicos de algunos tumores. De hecho, para ser más exactos, no fue concretamente hasta 1963 que Charles Higgins introdujo la terapia hormonal como parte del tratamiento de algunos tipos de cáncer, tras varias investigaciones basadas en el efecto de los estrógenos en el cáncer de mama, investigaciones iniciadas años antes por Beatson.
El efecto Warburg:
Para entender mejor este proceso, es importante recordar algunos datos de fisiología. El catabolismo de la glucosa a través de la glicolisis aeróbica da lugar a 4 moléculas de adenosín trifosfato (ATP), frente a las 36 que se obtienen a través de la fosforilación oxidativa (que se lleva a cabo en la mitocondria). Warburg decía que, en torno a la mitad de las moléculas de glucosa, se usaban en altas tasas de glicolisis, seguidas de un proceso de fermentación láctica, dando como resultado la generación de lactato.
Sin embargo, pese a que él interpretaba que las mitocondrias tumorales eran defectuosas, tal y como podemos observar en los artículos escritos por el científico Francisco José Iborra Rodríguez (Científico Titular en el Centro Nacional de Biotecnología CSIC), ahora sabemos que este no es cierto, sino que lo que ocurre es que los tumores reprograman el metabolismo energético (mecanismo descubierto por Ward y Thompson muchos años más tarde) de modo que, poseen un mayor flujo de glucosa que los tejidos normales. Además, otro hecho que Warburg no sabía, es que los metabolitos intermedios de la glicolisis son precursores de las principales macromoléculas, de modo que la célula tumoral adapta su metabolismo energético, para disponer de los componentes necesarios para la síntesis de lípidos, ácidos nucleicos y proteínas, tal y como descubrieron Vander Heiden y otros colaboradores en 2009.
Inicio de las primeras investigaciones en quimioterapia:
Para ser más exactos en cuanto a estos descubrimientos, el primer agente quimioterápico que se descubrió (que además se descubrió mediante un hallazgo accidental), fue el gas mostaza, abriendo el campo de los agentes alquilantes. Posteriormente se comenzaron las investigaciones en el campo de las antimetabolitos. En tercer lugar, se registró la actividad antitumoral de algunos antibióticos y, sucesivamente se fueron descubriendo cada vez más fármacos, que se clasificaron en diferentes grupos de quimioterápicos según su actividad. Por aquella época como ya se conocía la hormonoterapia, se estableció otra clasificación para los tratamientos hormonales.
La clasificación de los fármacos para el tratamiento del cáncer, por tanto, se fue organizando de la siguiente manera: a) agentes alquilantes polifuncionales: mostaza nitrogenada, ciclofosfamida, etc.; b) antimetabolitos o también llamados antagonistas del ácido fólico como el metotrexate; c) antagonistas de las purinas: 6-mercaptopurina, el 5-fluorouracilo (5-Fu), etc.; d) antibióticos antitumorales: mitomicina C, sarcomicina, actinomicina D y actinomicina F1, etc. ; d) hormonas y esteroides misceláneos (andrógenos, estrógenos y corticosteroides).
Unos largos años más tarde, concretamente en 1958, se inician las investigaciones en el uso de quimioterapia combinada como terapia contra el cáncer, dando paso a la (poliquimioterapia) tras observar que los fármacos contra el cáncer son más eficaces si se administran combinados (siendo este otro gran acontecimiento e importante descubrimiento de la historia de la investigación en oncología).
Para más información sobre el descubrimiento de la quimioterapia, recomiendo la lectura del artículo “Nacimiento de la Quimioterapia”, del autor Luis Camacho. Por último, es importante recordar que, con el paso de los años, se han ido descubriendo otros agentes quimioterápicos además de los mencionados anteriormente y se establecieron otros grupos y clasificaciones teniendo en cuenta sus propiedades.
Descubrimiento de la relación entre el tabaco y cáncer de pulmón:
Este hallazgo dio lugar a un amplio campo de investigación en torno a este factor de riesgo, que años más tarde se conoce como uno de los productos más nocivos y con mayor implicación también en el desarrollo de en otros tipos de cáncer, además del pulmón. También se conoce que, una de las citas que más repetía el Dr. Richard fue que “fumar perjudica la salud“, y en una entrevista en 2001 con la BBC (una de sus últimas entrevistas antes de fallecer en 2005 a los 92 años), indicó que “la mortalidad por cáncer de pulmón aumentaba cada año”.
Teniendo en cuenta que este descubrimiento fue sumamente importante y mucho más actual de lo que seguramente pensábamos, vamos a aprovechar este eslogan para hablar y detallar en el siguiente artículo sobre algunos aspectos como ¿por qué el tabaco es tan nocivo para la salud?, ¿qué compuestos contiene el tabaco?, ¿cómo actúa en los pulmones? o ¿cuál es su relación con otros tipos de cáncer?
El Virus Epstein Barr como el primer oncovirus humano descubierto, y su relación con el desarrollo de enfermedades hematooncológicas como el Linfoma de Burkitt:
Finalmente, en 1964, se publicó en la prestigiosa revista “The Lancet” la primera evidencia sobre la presencia de partículas virales determinadas por microscopio, en células malignas del linfoma de Burkitt, dando lugar al primer oncovirus descubierto de la historia. Muchos de los actuales lectores de este artículo no habíamos nacido en aquella época, sin embargo, este fue otro acontecimiento histórico en el campo de la medicina. Afortunadamente, hoy en día se conocen muchos otros oncovirus que poco a poco se fueron descubriendo (hepatitis B, virus del papiloma humano, etc.) y, también se sabe que, el virus Epstein Barr se relaciona con otros tipos de cáncer además del linfoma de Burkitt.
Nuevo premio Nobel tras el descubrimiento de la inmunoterapia:
Gracias a estos descubrimientos, la inmunoterapia se está convirtiendo en los nuevos enfoques terapéuticos en algunos tipos de cáncer, cuyo éxito consiste en manipular la actividad del sistema inmunológico con el fin de aniquilar las células malignas, mientras las células normales del organismo permanecen intactas (a diferencia de la clásica quimioterapia). La era de la inmunoterapia en oncología comenzó tras el descubrimiento de los puntos de control de la respuesta inmune CTLA4 (del inglés, cytotoxic T-lymphocyte antigen 4) y el eje PD-1/PDL-1 (del inglés, programmed death-1 y programmed death-1 ligand), respectivamente. Estas moléculas son desde hace unos años clave y desde su descubrimiento han marcado un antes y un después en el tratamiento del cáncer.
Sin embargo, aún queda mucha investigación en el tratamiento médico del paciente con cáncer ya que la inmunoterapia no puede utilizarse en todos los tumores, por lo que el campo de la investigación en oncología sigue avanzando día a día.
Medicina personalizada y la era de la oncología de precisión ¿qué sabemos actualmente de las células cancerosas y del microambiente tumoral?
En cuanto a las características del cáncer, Hanahan y Weinberg demostraron en el año 2011 que es posible identificar diez características biológicas comunes (nombradas en inglés como hallmarks), que ocurren durante la enfermedad, con el fin de entenderlas y desarrollar nuevas estrategias clínicas para su manejo. En el año 2022 se ampliaron otras cuatro características, que se muestran en la Figura 2, en color azul oscuro. A continuación, se describen las características comunes que comparten las células malignas.
En el proceso de desarrollo tumoral tiene lugar el proceso de carcinogénesis, que consta de tres fases claramente diferenciadas entre sí, que reciben el nombre de iniciación, promoción y progresión tumoral. La iniciación se define como el proceso inicial en el que ocurre una alteración de la célula a nivel del genoma. Esta fase afecta tanto al metabolismo celular, como a la reparación del ADN y la proliferación celular. La promoción se caracteriza por ser un proceso largo y reversible de inducción de un tumor a través de un agente promotor. Por último, la fase de progresión es un proceso irreversible caracterizado por la inestabilidad cromosómica y mutaciones en oncogenes y genes supresores de tumores, con un crecimiento neoplásico capaz de desarrollar el mecanismo de angiogénesis y establecer metástasis a distancia.
Por otro lado, el estudio del microambiente tumoral (tumor microenvironment) con sus siglas en inglés TME, consiste en estudiar en detalle los distintos componentes celulares, incluidas células inmunitarias y no celulares que al parecer existen dentro y alrededor del tumor maligno. Este dato es sumamente importante, ya que se ha establecido que el TME desempeña un papel clave en la progresión del cáncer.
Además, los últimos estudios del año 2023 insisten cada vez en que este ambiente es sumamente importante en esta patología por lo que deben seguirse con las investigaciones en este capo y así entender en detalle el TME, así como las funciones principales sobre el tumor de los diferentes tipos de celulares. Tal y como se puede observar en la siguiente imagen (Figura 3), algunas células determinadas hasta ahora alrededor del tumor son las células endoteliales (encargadas principalmente de la supervivencia del tumor y creación de nuevos vasos), los fibroblastos (encargados de condicionar un ambiente adecuado de crecimiento) y las células del sistema inmune (encargadas de generar una respuesta inflamatoria además de otras funciones, ya que por otro lado también se encargan de crear un ambiente adecuado para el crecimiento el tumor). Además, en el desarrollo de la enfermedad expresa distintos tipos de linfocitos infiltrantes del tumor, siendo algunos de los más importantes los T-CD8+. Teniendo en cuenta la importancia del TME, este tema se desarrollará en detalle en otro capítulo de la revista.
Una vez expuestos todos los acontecimientos, me gustaría finalizar este articulo haciendo referencia al efecto Warburg, ya que a pesar de que han pasado casi 100 años desde su descubrimiento, sigue estando muy presente en la mayor parte de la divulgación enfocada a nutrición y cáncer. Sin embargo, no debemos olvidar que, a lo largo de estos 100 años hubo otros descubrimientos aún más importantes que el efecto Warburg y que además nos pueden proporcionar información mucho más actualizada del metabolismo de la célula tumoral.
Autora: Dra. Bianca Muresan
Dra. en nutrición oncológica. Dietista-nutricionista e investigadora en nutrición y cáncer. Miembro equipo CEAN.
Hoy en día se conoce que tabaco uno de los principales y más importantes factores de desarrollar cáncer, pero ¿por qué es tan nocivo y qué compuestos contiene para ser tan perjudicial? Según datos de la American Cancer Society, el tabaco contiene más de 4.000 sustancias químicas, aunque los últimos estudios indican que el número y la cantidad de carcinógenos puede variar entre los diferentes productos del tabaco y de un país a otro, pudiendo llegar a ser más de 7.000 en algunos tipos de cigarrillos. De todos estos compuestos, se conoce que al menos 250 son altamente perjudiciales para la salud (como la nicotina o el monóxido de carbono) y al menos 70 de ellas son clasificadas como carcinógenas por la International Agency for Research on Cancer (IARC).
Algunos de los químicos que se encuentran en el tabaco incluyen la nicotina, que no se considera cancerígena pero sí muy adictiva. Sin embargo, en los últimos años se han determinado otros efectos de la nicotina que hasta ahora no se conocían, indicándose que esta sustancia pese a no ser clasificada por la IARC como carcinógena, también puede participar en la proliferación del cáncer de pulmón, promover la angiogénesis o incluso proporcionar resistencia a la apoptosis que inducen los agentes quimioterápicos. Al parecer, estos efectos pueden medirse por receptores de acetilcolina en las células cancerosas, lo que impacta en la eficacia de algunos agentes quimioterápicos (como el cisplatino, utilizado en algunos pacientes como parte del tratamiento del cáncer de pulmón). En resumen, al parecer los últimos estudios indican que la nicotina también podría promover la progresión del cáncer de pulmón, así como otros tipos de cáncer.
Por otra parte, algunos de los compuestos con efecto nocivo del tabaco y clasificados por la IARC como cancerígenos son el ácido cianhídrico, el 1,3-butadieno (compuesto derivado del petróleo), el alquitrán, el plomo, el arsénico, el amoniaco, elementos radiactivos como el polonio y uranio, el benceno, el monóxido de carbono, las nitrosaminas específicas del tabaco o los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs). Además, algunos estudios destacan la N-nitrosamina y los HAPs como responsables de inducir mutaciones en el protooncogén KRAS. Además, los HAPs, también pueden inducir mutaciones en el gen supresor p53, que está implicado en la regulación del ciclo celular, la reparación del ADN y la apoptosis, dando lugar a un elevado riesgo de desarrollar cáncer.
Por último, el humo tabaco está formado de una mezcla compleja de químicos generados por la combustión del tabaco y de sus aditivos, dando lugar a sustancias tóxicas muy nocivas para la salud. Además, la combustión ocasiona gran cantidad de radicales libres y especias reactivas de oxígeno y nitrógeno (ROS y RNS respectivamente), altamente reactivas y muy perjudiciales para la salud. En la siguiente figura (Figura 1), se describen algunos de los compuestos perjudiciales del tabaco.
¿Cómo actúa el tabaco en el pulmón y por qué está directamente relacionado con el desarrollo del cáncer?
Algunos estudios, han estimado que, fumar es la causa principal de desarrollar tanto enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), como alrededor del 90% de todos los cánceres de pulmón. Además, se ha comprobado que, aquellas personas que se mantienen fumando en un estadio inicial del cáncer de pulmón, pueden doblar el riesgo de mortalidad (en relación con muchas comorbilidades como, por ejemplo, las cardíacas, ateroescleróticas u otras, que empeoran el pronóstico una vez desarrollado el tumor).
Por otro lado, numerosos estudios indican que la carcinogénesis está directamente relacionada con el número de cigarrillos fumados, por lo que es muy importante que en una historia clínica se refleje adecuadamente la cantidad de tabaco consumida a lo largo de la vida. Esta cantidad debería medirse a través del índice de acumulación tabáquica o número de paquetes al año (número de cigarrillos que fuma al día multiplicado por el número de años que lleva fumando). Sin embargo, hay que saber que el riesgo de cáncer no sólo aumenta con el número de cigarrillos fumados al día, sino también con la duración del hábito, la edad del comienzo, el grado de inhalación, el contenido de nicotina, la falta de filtro, si también se practica el “vapeo” (un hábito muy común entre los adolescentes de hoy en día) o si además existe un consumo de cigarros electrónicos.
Pero ¿cómo actúa el tabaco en el pulmón y por qué aumenta el riesgo de carcinogénesis? Los estudios experimentales determinan que, en los fumadores aumenta la expresión de ciertas citoquinas como la interleuquina (IL)-6, IL-8, e IL-10, que a su vez mediante la inducción de la enzima ciclooxigenasa-2, que promueven la respuesta inflamatoria en los linfocitos. Estas citoquinas o interleuquinas, pueden inhibir la apoptosis, interferir con los mecanismos de reparación celular, y promover la angiogénesis, contribuyendo así al proceso neoproliferativo. Además, la inflamación crónica producida por el tabaco es probablemente clave del proceso de mutagénesis inicial y crecimiento tumoral (creación de un ambiente “pro-angiogénico”), así como de la formación de la metástasis a distancia, por lo que es importante destacar que la inflamación crónica en las vías aéreas persiste incluso años después del cese del hábito tabáquico.
Por otro lado, además de las interleuquinas, los niveles de otras citoquinas como el factor de necrosis tumoral (TNF)-alfa, también pueden dar lugar al desarrollo de la carcinogénesis y el consumo de cigarrillos conlleva a un aumento del estrés oxidativo y especias reactivas ROS y RNS respectivamente. Un exceso en la producción de estos radicales libres, podrá inducir modificaciones estructurales y funcionales en estructuras, lípidos, las proteínas y el ADN celular, repercutiendo así negativamente en todas las cascadas de señalización y vías metabólicas, aumentando así el desarrollo del cáncer. En la siguiente figura (Figura 2), se señalan los efectos más comunes del tabaco en el pulmón y su correlación tanto con el riesgo de desarrollar cáncer, como otras complicaciones como el EPOC, disnea, hipoxemia o alteración cardiovascular (arritmias, taquicardias, etc.)
¿Cuál es la relación del tabaco con otros tipos de cáncer?
Según datos del Instituto Nacional del Cáncer (INC), actualmente se conoce que el tabaco uno de los principales y más importantes factores de desarrollar cáncer y uno de los principales problemas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, es importante saber que, el tabaco no se relaciona sólo con el cáncer de pulmón sino también con otras neoplasias, entre los que destacan el cáncer de cabeza y cuello (faringe, laringe, lengua y cavidad oral, etc.), esófago, vejiga, riñón, hígado, estómago, páncreas, colorrectal, cuello uterino, así como linfoma o leucemia mieloide aguda entre otros muchos tumores. Hoy en día se conoce que, tal y como se ha explicado previamente, la inflamación crónica puede jugar un papel clave en su desarrollo y, al igual que sucede en el pulmón, pueden aparecer otras neoplasias malignas en otros órganos. A continuación, en la siguiente figura (Figura 3), se describen los tipos de cáncer más relacionados con el tabaco, destacando en rojo aquellos tumores malignos más relacionados con este factor
Autora: Dra. Elsie Daviana Meneses Petersen.
Facultativo especialista en neumología, Hospital Universitario de La Ribera, España.
El cáncer de pulmón es la primera causa de muerte por cáncer a nivel global y en España en ambos sexos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2020 es la segunda neoplasia más frecuente (2.21 millones de casos) precedida por el cáncer de mama.
La clasificación histológica del cáncer de pulmón recoge múltiples tipos de cáncer, de los cuales algunos de los más relevantes son: el adenocarcinoma, carcinoma de células escamosas, carcinoma pulmonar de células pequeñas (microcítico) y carcinoma de células grandes. En la siguiente figura (Figura 1), se detallan estos tipos de cáncer de pulmón y sus principales aspectos. Sin embargo, tal y como se ha indicado previamente, puede haber otras neoplasias malignas, como los sarcomas, linfomas, etc.
Los factores etiológicos y patogénicos del cáncer de pulmón se clasifican en factores internos y externos. Los factores internos son aquellos que dependen constitución individual y no son modificables; entre ellos está el sexo con mayor riesgo en hombres, la edad, raza y factores genéticos.
En cuanto a los factores externos, el tabaco es el principal agente causal del cáncer de pulmón; entre el 80-90% de estas neoplasias su génesis está asociado al consumo del tabaco y el 10-15% de los fumadores desarrollarán cáncer de pulmón. Tal y como se ha explicado el cáncer de pulmón, fumar está directamente relacionado al número de cigarrillo fumados, la duración del hábito tabáquico, la edad de inicio, el contenido de nicotina, el alquitrán y la falta de filtro. Por ejemplo, los fumadores de 1 paquete diario de cigarrillos durante 20 años tienen un riesgo de 10-15 veces más de padecer cáncer de pulmón respecto a los no fumadore, y si se consumen 2 paquetes diarios este riesgo aumenta hasta 20-25 veces más respecto a los fumadores. En caso de los fumadores de cigarros de puros con un consumo mínimo de 3 puros, el riesgo está aumentado 5 veces. En fumadores pasivos (los que inhalan el humo del tabaco de otros fumadores inintencionalmente) el riesgo aumenta 1,2-2 veces más respecto a los no fumadores.
Además del grado de tabaquismo, puede determinarse tanto mediante el índice años/paquete, como por la cantidad de monóxido de carbono en el aire aspirado, así como por los niveles de cotinina (sustancia química que se forma por la descomposición de la nicotina en el organismo y que puede determinarse a través de diferentes pruebas de laboratorio).
A continuación, en la siguiente tabla (Tabla 1) se señala los diferentes grados de tabaquismo según diferentes pruebas determinados por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), y se conoce que la determinación de los niveles de cotinina es la prueba más determinante y fiable, aunque en la práctica diaria del día a día, la más usada el índice paquetes/año, recogida durante la anamnesis.
Sin embargo, no debe olvidarse que la exposición al humo de otras personas en caso de fumadores pasivos también aumenta el riesgo del cáncer de pulmón y puede hacer que una persona desarrolle este tipo de patología aún sin haber fumado nunca. Además, los estudios llevados a cabo por la Sociedad Americana del Cáncer han determinado que el factor genético es de suma importancia en estos pacientes, ya que, algunas personas con ciertos cambios hereditarios en el ADN de un cromosoma (en particular el cromosoma 6), presentan mayor probabilidad de padecer cáncer de pulmón incluso si no han fumado o si han fumado muy poco a lo largo de su vida.
Tras la determinación del índice tabáquico, a continuación, en la siguiente tabla (Tabla 2), se señala el riesgo relativo de muerte por cáncer de pulmón en relación con el tabaco.
Tal y como se ha determinado en la tabla anterior, las personas con contacto con asbesto el tabaco tiene efecto sinérgico con un riesgo hasta 50 veces más. Teniendo en cuenta todos estos datos, tal y como se ha explicado en el anterior artículo, el tabaquismo es un problema de salud pública. Es una enfermedad adictiva y crónica, considerada la primera causa de muerte evitable en países desarrollados. El tabaquismo causa enfermedades respiratorias como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), cardiovasculares como cardiopatía coronaria y enfermedad vascular periférica aterosclerótica, patología neurológica como el accidente cerebrovascular (ICTUS) y enfermedades neoplásicas como el cáncer de pulmón, laringe, faringe, colón, esofágico entre otros.
Además, según la Sociedad Americana del Cáncer, los cigarrillos electrónicos y el aerosol “vapeo” de estos cigarrillos, aunque en cantidades significativamente más bajas que el humo del cigarro, además de la nicotina, también contienen algunos químicos que pueden causar cáncer. En cuanto a la nicotina (algunos pueden ser nicotin free), pero la mayoría contienen hasta 36 mg/ml de nicotina y en algunos casos estos niveles pueden ser más altos. Otros productos que pueden contener los cigarrillos electrónicos son el glicol de propileno o glicerol, los productos químicos saborizantes (como el diacetileno, relacionado con el riesgo de EPOC, según varios estudios), formaldehido, metales pesados o compuestos orgánicos (relacionados estos últimos con el cáncer).
Dentro de los beneficios de la abstinencia tabáquica, se ha asociado la mejoría de la función cognitiva y psicológica, mejoría de la tolerancia al ejercicio, mejoría del estado de ánimo y la calidad del sueño. Además, dejar de fumar tiene beneficios inmediatos en el organismo, como la mejoría de la oxigenación, mejora de la función pulmonar, descenso de la tensión arterial, incrementa la energía y mejora la respuesta inmunológica. A largo plazo desciende el riesgo de enfermedades relacionadas con el tabaco y de desarrollar neoplasias malignas.
Otros factores de riesgo externos para el desarrollo del cáncer de pulmón:
La exposición a sustancias radioactivas e inhalaciones de sustancias como el radón presente en mayor parte en las minas también aumentan el cáncer de pulmón. Además, el asbesto es el principal carcinógeno ocupacional en Europa y el principal responsable del cáncer de pulmón laboral. Por otro lado, la sílice (a través de sus cristales) está relacionado con la construcción pulidores y minería. La polución atmosférica presente sobre todo en las áreas urbanas donde el nivel de contaminación es más elevado y en países subdesarrollados, siendo en parte responsable la combustión de productos derivados del petróleo como la gasolina y diésel, también aumenta el cáncer de pulmón.
Otros productos con capacidad de desarrollar cáncer de pulmón son: el cromo (se usa para hacer acero, hacer tintes y pigmentos, dar baños de cromo, curtir pieles y preservar la madera), el berilio (la principal fuente de emisión al medio ambiente es a través de la combustión de combustibles fósiles), el cadmio (se ha usado para fabricar baterías, pigmentos, revestimientos de metal y plásticos), los éteres utilizados en la industria (el éter clorometílico y el éter de bisclorometilo) o los vapores de ácidos inorgánicos como el sulfúrico.
Por último, tener una patología pulmonar previa como la fibrosis pulmonar o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, tienen hasta siete veces mayor riesgo de neoplasia pulmonar
Autora: Dra. Aina Empar Galmés Mifsud
Facultativo especialista en obstetricia y ginecología, Hospital Comarcal de Inca, Islas Baleares, España. Facultativo especialista en medicina reproductiva, ginecología y obstetricia en clínica de fertilidad y reproducción asistida (IVI), Mallorca, España. Profesora asociada Medicina, Universidad de les Illes Balears (UIB).
Los cánceres ginecológicos son las neoplasias más comunes entre las mujeres en todo el mundo e influyen en la función del sistema reproductivo de éstas, lo que afecta significativamente su calidad de vida. Los patrones epidemiológicos de los cánceres ginecológicos difieren en varias regiones y se modifican con el tiempo. El objetivo de este artículo es explicar la epidemiología, etiología, factores de riesgo e historia natural de las tres neoplasias más comunes: cérvix o cuello uterino, endometrio y ovario.
Es importante la relación causal entre los diferentes tipos de cáncer y los hábitos de vida y/o nutricionales. En el caso del cérvix, su principal agente causal es el virus del papiloma humano (VPH). En referencia a la neoplasia de endometrio, existe una base de hiperestrogenismo en alguno de los subtipos de este cáncer. Finalmente, en el caso de la neoplasia de ovario, aunque los estudios son controvertidos, desafortunadamente, muchos de los factores que se sabe que influyen en el riesgo de esta enfermedad no son modificables.
Debido al papel de los cánceres ginecológicos en la salud de la mujer, las medidas preventivas y los estilos de vida modificables junto con la detección temprana en grupos de alto riesgo, son estrategias efectivas que pueden reducir las tasas de mortalidad. A continuación, en la siguiente figura (figura 1), se detalla el sistema reproductor femenino y los tipos de cáncer que van a desarrollarse en este artículo.
Cáncer de cérvix
El cáncer de cuello uterino es el cuarto cáncer en frecuencia en la mujer a nivel mundial. Un 83% de los casos se dan en países en vías de desarrollo. Se estima que los casos de cáncer cervical incrementarán aproximadamente un 2% por año hasta llegar a 770.000 nuevos casos en el 2030, la mayoría de los cuales serán diagnosticados en países menos desarrollados. En España la incidencia del cáncer de cérvix se halla en el segmento bajo europeo, con una tasa cruda (TC) de 0.6, una tasa ajustada a la población mundial (TAPM) del 7.8 (por 100.000 mujeres/año) y un riesgo acumulado (RA) de 0,8, derivado todo de 2511 casos/año (1).
Se trata de una enfermedad propia de mujeres sexualmente activas, la infección por VPH de alto riesgo es necesaria en la patogénesis de la enfermedad, aunque no suficiente. El VPH es el responsable causal de prácticamente el 100% de los cánceres de cuello uterino, escamosos o glandulares. Además, se relaciona causalmente con el 90% de los cánceres anales y con el 40% de los cánceres de vulva y pene.
Entre los diferentes tipos de virus, los tipos de VPH 16 y 18 son los responsables del 70 – 75% de los cánceres de cérvix. La infección por VPH se asocia principalmente al inicio precoz de las relaciones sexuales, elevado número de parejas sexuales y contacto con parejas de riesgo. Además, están identificadas situaciones que actúan como cofactores y que predisponen al desarrollo del cáncer, en especial la inmunodepresión y el consumo de tabaco. Se ha descrito que en las usuarias de dispositivo intrauterino (DIU) que son VPH positivas se acelera el aclaramiento del virus, probablemente por una implementación de la inmunidad local provocada por el dispositivo (2, 3).
Otro dato importante es que la infección por VPH es la transmisiónn sexual más prevalente conocida en el ser humano. En Estados Unidos (EE. UU.), un estudio de prevalencia en 2014 reveló una presencia del VPH de alto riesgo en mujeres entre los 18 y los 69 años de un 20 %. Prácticamente toda la población sexualmente activa habrá estado en algún momento de sus vidas en contacto con el virus. En España se estima que aproximadamente 2 millones de mujeres son VPH positivas, de las cuales 300.000 pueden presentar anomalías citológicas, con un diagnóstico aproximado de unos 2.500 casos nuevos de cáncer invasivo al año (4).
El 50% de infecciones por VPH se resuelven en 6-12 meses desde la adquisiciónn del virus. El 50% de las personas infectadas desarrollan anticuerpos, no necesariamente neutralizantes y con una baja defensa ante nueva infección. La persistencia viral es el principal factor predisponente a la transformación maligna y la invasión (5). Las vacunas frente a VPH son un arma preventiva primaria segura, eficaz, efectiva y eficiente para los cánceres dependientes de infección por el virus. La vacuna es de uso profiláctico, no terapéutico. (6)
Desarrollado el cáncer invasor, el pronóstico está directamente relacionado con el estadio en el momento del diagnóstico. En los países desarrollados, gracias al conocimiento de los factores pronósticos y al establecimiento de tratamientos multidisciplinarios la mortalidad por cáncer de cérvix ha disminuido un 75% en los últimos 50 años. Sin embargo, en países en vías de desarrollo sigue siendo un cáncer con una tasa de mortalidad cercana al 50%.
Cáncer de endometrio
La neoplasia de endometrio se diagnosticó en 417 367 mujeres en 2020 en todo el mundo, con la mayor carga de enfermedad en América del Norte y Europa Occidental. La incidencia de este cáncer está aumentando rápidamente (7). La alta tasa de incidencia en América del Norte y Europa occidental podría atribuirse a una alta prevalencia de factores de riesgo de neoplasia endometrial relacionados con el estilo de vida, como la obesidad, que se asocia con aproximadamente un 50 % de los casos.
En base a un análisis conjunto de estudios epidemiológicos de 2016 de 1971 a 2014, la mortalidad asociada a neoplasia de endometrio ha aumentado en un promedio de 1.9 % por año (8). En los Estados Unidos, el número de mujeres diagnosticadas de cáncer de endometrio en 2030 se duplicará a 122.000 casos por año si continúan las tendencias actuales (9). A partir de 2020, el cáncer de útero es la cuarta neoplasia femenina más común en Europa, con una incidencia de 12,9-20,2 por 100.000 mujeres y una mortalidad de 2,0-3,7 por 100.000 mujeres (10, 11).
Las diferencias geográficas, socioeconómicas y raciales también afectan la incidencia y la mortalidad por cáncer de endometrio. Éste es más frecuente en los países con un nivel socioeconómico alto. El diagnóstico en etapas tardías del cáncer y la reducción de la supervivencia fueron más comunes en mujeres con nivel socioeconómico bajo (12). Estudios recientes han demostrado que a las mujeres negras se les diagnostican subtipos histológicos de peor pronóstico y mayor estadio y grado de neoplasia endometrial en comparación con las mujeres blancas (13).
Factores socioeconómicos como una mediana más baja de ingreso familiar y acceso a la cobertura de atención médica, y las diferencias en las comorbilidades médicas y la susceptibilidad genética a la malignidad también se cree que juegan un papel importante. Además, en comparación con las mujeres blancas, las mujeres negras han experimentado un aumento en la incidencia de tumores tipo II agresivos y de alto grado en comparación con las blancas (14). Las diferencias genómicas tumorales también son factores importantes y se postula que las mutaciones TP53 y PIK3R1 en la neoplasia de endometrio tipo II en mujeres negras, junto con una mayor expresión de HER2, puede estar asociada con un pronóstico más desfavorable (15).
El mayor riesgo de cáncer de endometrio se asocia con mayor edad, ciertas etnias, mayor índice de masa corporal (IMC), exposición a estrógenos endógenos o exógenos, uso de tamoxifeno, menarquia temprana, menopausia tardía, baja paridad, síndrome metabólico, antecedentes familiares y predisposición genética. La exposición prolongada a estrógenos sin oposición (como la terapia de reemplazo de estrógenos, la anovulación crónica y el tratamiento con tamoxifeno) y la edad mayor a 55 años son factores de riesgo muy conocidos para neoplasia de endometrio (16). Por el contrario, un menor riesgo se asocia con un IMC normal, una mayor paridad y el uso de anticonceptivos orales (17).
En cuanto a la obesidad, en los países desarrollados, un incremento de su tasa ha sido paralelo a una incidencia creciente de este tipo de cáncer. La asociación entre obesidad y esta enfermedad está bien establecida y es particularmente pronunciada para cáncer de endometrio de tipo endometrioide, con riesgos relativos aproximados de 1.5 para aquellas con sobrepeso, 2.5 para aquellas con obesidad tipo 1 (IMC 30,0-34,9 kg/m2), 4,5 para obesidad tipo 2 (IMC 35,0-39,9 kg/m2) y 7,1 para obesidad tipo 3 (IMC ≥40,0 kg/m2) (18). El principal mecanismo por el cual la obesidad promueve la carcinogénesis endometrial es a través del aumento de la producción de estrógenos mediante la conversión de andrógenos en estrógenos por parte de los adipocitos, lo que a su vez estimula la proliferación endometrial y, potencialmente, el desarrollo de hiperplasia y cáncer (19). Además, la hiperglucemia y la resistencia a la insulina asociadas a la obesidad pueden conducir a anomalías en la señalización de IGF-1 y la activación de la vía de la diana de rapamicina en mamíferos (mTOR), lo que da como resultado una mayor proliferación celular. La inflamación y el estrés oxidativo asociados, así como las alteraciones en la fisiopatología de las citoquinas, las hormonas esteroideas y las adipoquinas, y las perturbaciones celulares y vasculares, también pueden promover la oncogénesis endometrial en mujeres con obesidad (20). De hecho, después del ajuste por el IMC inicial, las mujeres postmenopáusicas que perdieron más del 5% del peso corporal tuvieron una reducción de aproximadamente un 30% en el riesgo de cáncer de endometrio, que aumentó a una reducción del 66% para las mujeres con obesidad (21).
Sin embargo, los metanálisis también han demostrado una asociación independiente entre la diabetes mellitus y un mayor riesgo de cáncer de endometrio (22). La resistencia a la insulina, la hiperinsulinemia, la hiperglucemia, la inflamación y las alteraciones en la vía del IGF-1 (factor de crecimiento similar a la insulina) pueden contribuir a la carcinogénesis en personas con diabetes (23). Además, se ha establecido una asociación positiva entre el síndrome metabólico (es decir, obesidad, hipertensión, resistencia a la insulina y dislipemia) y el riesgo de cáncer de endometrio. Los pacientes con síndrome metabólico tienen un riesgo aproximadamente 2 veces mayor de desarrollar cáncer de endometrio. Cabe señalar que, después de excluir la obesidad de la definición de síndrome metabólico, la asociación siguió siendo positiva, aunque ya no alcanzó significación estadística, lo que sugiere que la asociación entre el síndrome metabólico y el riesgo de cáncer de endometrio no se explica únicamente por el nivel de adiposidad. Por último, los estudios arrojaron resultados inconsistentes sobre la asociación de bisfosfonatos y el riesgo de cáncer de endometrio (24, 25).
En cuanto a los factores genéticos, algunas mutaciones de la línea germinal aumentan el riesgo de neoplasia de endometrio, de las cuales el síndrome de Lynch tiene la asociación más fuerte. Este síndrome autosómico dominante se caracteriza por una mutación germinal en uno de los genes MMR: MLH1, MSH2, MSH6 o PMS2 (27). Además, las mutaciones somáticas en PTEN son comunes en la neoplasia de endometrio esporádica, mientras que las mutaciones de PTEN en la línea germinal son raras y están asociadas con el síndrome de Cowden (28).
Por otro lado, la asociación entre las mutaciones de la línea germinal BRCA y el riesgo de cáncer de endometrio sigue siendo controvertida, especialmente para los carcinomas serosos (29). Se sospecha que el microbioma tiene un efecto sobre la carcinogénesis al estimular la secreción de citocinas proinflamatorias o factores de crecimiento, además de afectar el estado hormonal del huésped o los niveles séricos de hormonas sexuales (30). Numerosos mecanismos, incluida la prevención de la apoptosis, la estimulación de la proliferación y el impulso de la inestabilidad genómica, que son características del cáncer, pueden ser impulsados por el microbioma.
El pH vaginal alto (un indicador de disbiosis vaginal) también se asoció significativamente con neoplasia de endometrio en un estudio (31), y aunque estos estudios son controvertidos, es probable que la microbiota uterina en el cáncer de endometrio esté compuesta por bacterias exógenas (32).
Cáncer de ovario
A nivel mundial, 240.000 mujeres son diagnosticadas de cáncer de ovario cada año y, con una supervivencia a cinco años inferior al 45%, es responsable de 150.000 muertes, lo que lo convierte en el séptimo cáncer más común y la octava causa más común de muerte por cáncer entre las mujeres. Las tasas de incidencia estandarizadas por edad son más altas en el norte y centro/este de Europa, intermedias en América del Norte, Australia y Europa occidental y más bajas en Asia y África. Las tasas también varían según el origen étnico dentro de los países, de modo que, en Estados Unidos, las tasas en mujeres blancas no hispanas son aproximadamente un 30% más altas que las de las mujeres afroamericanas y asiáticas y un 12% más altas que las de las mujeres hispanas (33).
El cáncer de ovario es raro en mujeres menores de 40 años y la mayoría de los cánceres en este grupo de edad son tumores de células germinales. Por encima de los 40 años, más del 90% son tumores epiteliales y el riesgo aumenta con la edad, alcanzando su punto máximo a finales de los 70. A pesar de estar clasificado como ovárico, actualmente se cree que una alta proporción de cánceres serosos de alto grado se originan en la trompa de Falopio.
Se consideran pacientes con un riesgo elevado de padecer cáncer de ovario las mujeres postmenopáusicas, las mujeres nuligestas, las que tengan antecedentes familiares de cáncer de ovario, antecedentes de otras neoplasias como mama, endometrio, colon, y las que han utilizado fármacos inductores de ovulación (34). Está bien establecido que las mujeres con antecedentes familiares de cáncer de ovario tienen un mayor riesgo de padecer la enfermedad. El riesgo para las mujeres con un familiar de primer grado afecto es aproximadamente tres veces mayor que el de las mujeres sin familiares afectos, e incluso mayor para aquellas cuyo familiar fue diagnosticado antes de los 50 años. Una alta proporción de cánceres hereditarios se deben a mutaciones en los genes BRCA (35).
La teoría más comúnmente citada sobre la etiología del cáncer de ovario es la teoría de la ovulación incesante, que sugiere que la ovulación recurrente con ruptura y reparación repetidas del ovario podría provocar la carcinogénesis.
Desafortunadamente, muchos de los factores que se sabe que influyen en el riesgo de cáncer de ovario de una mujer no se pueden modificar o, como el embarazo y el uso de anticonceptivos orales, no se pueden promover para la prevención del cáncer. Además, los factores modificables como el tabaquismo, la obesidad y el uso de terapia hormonal sustitutiva tienen un efecto pequeño y/o solo influyen en el riesgo de algunos histotipos de cáncer de ovario. En consecuencia, se postula que solo el 7% de los cánceres de ovario podrían atribuirse a factores modificables y, por lo tanto, potencialmente prevenibles (36).
Además, se conoce poco sobre la influencia de los factores ambientales en la supervivencia después de un diagnóstico de cáncer de ovario. Las mujeres con obesidad pueden tener una supervivencia más pobre que las mujeres con peso normal, quizás, en parte, debido a que las mujeres con obesidad no reciben la dosis completa de quimioterapia para su tamaño corporal debido a problemas de toxicidad (37).
En resumen, el cáncer de ovario sigue siendo una causa importante de morbilidad y mortalidad en todo el mundo, con tasas crecientes en muchos países de ingresos bajos y medianos y un aumento del número de casos en países de ingresos altos, debido al envejecimiento de la población. La supervivencia relativa a cinco años es inferior al 45 % y, a diferencia de otros tipos de cáncer comunes, la proporción de mujeres que mueren a causa de su enfermedad no ha mejorado sustancialmente con el tiempo ya que no existe una prueba de detección para el cáncer de ovario y con el diagnóstico a menudo en las últimas etapas, la recurrencia es alta (38).
Autor: Dr. Alberto- Jacobo Cunquero Tomás.
Facultativo especialista en oncología médica, Hospital de Requena. Consorcio Hospital General Universitario de Valencia, España.
Nos referimos a…
Los “carcinomas de cabeza y cuello” (CCC) son los tumores malignos que se originan en las estructuras de las vías aéreo-digestivas superiores; excluyendo los tumores cutáneos, los originados en las glándulas salivales, estructuras esofágicas, cerebrales y endocrinas. (Figura 1). De predominio en hombres, representa un 7% de todos los tumores malignos, con una prevalencia en aumento debido a los cada vez mejores resultados diagnóstico-terapéuticos1.
Aparecen por…
El consumo de tabaco y alcohol está detrás de alrededor del 80% de los casos, siendo el factor de riesgo más importante. En cuanto a los efectos del alcohol y su implicación con el cáncer, el Instituto Nacional del Cáncer (INC), determina que la descomposición de alcohol produce especies reactivas de oxígeno (ROS), moléculas que se conocen como radicales libres. Estas moléculas dañan el ADN, produciendo cambios en las células y aumentando la probabilidad de desarrollar cáncer.
Sin embargo, en los últimos años, los tumores de orofaringe (base de lengua, amígdala y anillo Waldeyer) relacionados con el virus del papiloma humano (VPH), en concreto su serotipo 16, han aumentado su incidencia, constituyendo un subtipo tumoral específico con características particulares; no tanto en relación con su origen sino en su supervivencia o respuesta a tratamientos1. En la siguiente tabla (Tabla 1), se recogen sus principales factores de riesgo.
Por otra parte, se ha relacionado el virus de Epstein-Barr (VEB) con el cáncer de nasofaringe; además de la exposición laboral al polvo de madera, que también aumenta el riesgo de tumores de senos paranasales.
Se diagnostican cuándo…
Dada la extensión y diversidad anatómica de la región ORL, los síntomas pueden ser extraordinariamente variados. Los más habituales son el dolor local o reflejo, la presencia de masas o ulceraciones persistentes, la disfonía, la obstrucción nasal, sordera súbita unilateral y, en casos más avanzados, el sangrado, la disfagia (tanto a sólidos, líquidos como mixta) y la disnea1.
Se estudian y clasifican mediante…
Con la sospecha diagnóstica, se deberá realizar una exploración física minuciosa, y una exploración otorrinolaringológica por parte del otorrinolaringólogo. En caso de hallar el tumor primario, podrá biopsiarlo para poder confirmar el diagnóstico; que en el 90% de los casos será de estirpe epidermoide. Posteriormente, el estudio de extensión, mediante pruebas de imagen (TAC, RNM, PET, según el caso) nos permitirá conocer el alcance de la enfermedad.
Con todos estos datos, estableceremos el estadio de enfermedad basándonos en el sistema TNM (Tamaño tumoral; Número de ganglios; Metástasis). Así, agruparemos los pacientes según presenten tumores in situ (estadio 0), localizados (estadios I, IIa, IIb), localmente avanzados (estadio III, IVa y IVb) y avanzados o metastásicos (estadio IVc); decidiendo el tratamiento oportuno según los resultados (entre otros factores)2.
Su pronóstico a largo plazo es…
El pronóstico de estos tumores depende en gran medida del estadio al diagnóstico. La supervivencia global a 5 años varía de los estadios localizados (70-90 %) a los localmente avanzados-metastásicos (40-60 %), mejorando este pronóstico si hay participación del virus del papiloma humano (HVP)1. Además, según los tratamientos administrados y la tolerancia a los mismos, estas cifras podrían variar.
Se tratan con…
Dependiendo del estadio del tumor, podremos combinar las herramientas terapéuticas disponibles para estos tumores: cirugía, quimioterapia y radioterapia, tal y como se observa en la (Figura 2). Así, un tumor será resecable mientras que un cirujano experto considere que puede extraerlo en su totalidad con márgenes adecuados y condiciones que no hagan pensar en un fallo del control local o regional de la enfermedad; con conservación estética y funcional en la medida de lo posible sin que afecte el resultado oncológico. Esto puede plantearse tanto en el escenario curativo de inicio como de rescate al fracaso de otras terapias o en las recaídas loco-regionales3.
La radioterapia es un componente fundamental de la estrategia terapéutica1:
La quimioterapia es el tercer pilar, no pudiéndose considerar en el escenario curativo en monoterapia; sino en combinación con radioterapia en el contexto neoadyuvante, adyuvante, radical y de preservación de órgano. Además de considerarse tratamiento paliativo en enfermedad no candidata a curación. Varios han sido los agentes empleados en estos tumores1:
Algunos de los efectos secundarios son…
Los efectos adversos son muy variados en cuanto a su impacto y extensión en el tiempo y en el espacio; y dependerán de la modalidad terapéutica escogida. Fundamentalmente, náuseas, vómitos, diarrea y toxicidad hematológica secundaria suelen ser los más frecuentes, aunque de adecuado y fácil manejo. En el caso de la adición de radioterapia al tratamiento, entidades como la mucositis o la radiodermitis se añaden a los previos; así como los síntomas derivados de las cirugías realizadas.
Por su localización en la puerta de entrada de aire y alimento al cuerpo, así como por las circunstancias de los pacientes con tumores relacionados con tabaco y/o alcohol; suele haber un alto impacto a nivel nutricional. Las series históricas estiman que hasta el 47% de los pacientes con tumores de cabeza y cuello presentan desnutrición: hasta el 35% al diagnóstico, del 44% al 48% durante tratamiento y más del 60% tras el tratamiento propuesto9,10. Estudios propios realizados en nuestro hospital a, confirman este hecho, con hasta el 53% de pacientes con cáncer de cabeza y cuello presentando desnutrición moderada-grave11. Esta desnutrición se ha objetivado que disminuye la supervivencia en los pacientes que la sufren frente aquellos bien nutridos12 .
La disfagia orofaríngea, factor de riesgo para la desnutrición, está también muy presente en estos tumores. En nuestra serie, un 47% de los pacientes la presentaban al diagnóstico, casi duplicando su incidencia hasta el 88% tras la quimio-radioterapia radical13.
Para conseguir los mejores resultados, deberían implicarse…
Los tumores de cabeza y cuello son el claro ejemplo de la importancia del equipo multidisciplinar. En primer lugar, porque los tratamientos multimodales usados de forma rutinaria para la enfermedad localmente avanzada, implicando a cirujanos, oncólogos médicos y radioterapéuticas, así lo aconseja.
En segundo lugar, porque muchos pacientes precisan tanto de optimización de su estado basal, tanto a nivel nutricional como higiénico; como de un seguimiento y aplicación de cuidados de soporte antes, durante y después del tratamiento propuesto. El aumento del cumplimiento de los tratamientos, así como de la supervivencia global de los pacientes tratados a través de comité multidisciplinar, así lo demuestran14.
Así, todo comité multidisciplinar de tumores de cabeza y cuello debería incluir, además de a los decisores de tratamiento activo, profesionales como un odontólogo, un geriatra, un trabajador social y un dietista-nutricionista especializado14.
La inclusión de los dietistas nutricionistas dentro del equipo multidisciplinar es fundamental en la mejoría de los pacientes con carcinoma de cabeza y cuello. Además, se ha comprobado que las intervenciones nutricionales con resultado de mejora de parámetros específicos impactan de forma positiva en la supervivencia global de los pacientes12; y que un seguimiento con ajuste de plan nutricional en aquellos pacientes ingresados por cualquier causa ayuda a no empeorar nutricionalmente tras el ingreso, con independencia de la causa del mismo15
Autora: Dra. Bianca Muresan
Dra. en nutrición oncológica. Dietista-nutricionista e investigadora en nutrición y cáncer. Miembro equipo CEAN.
Adenocarcinoma: carcinoma que tiene su origen en las células que constituye el revestimiento interno de las glándulas de secreción externa.
Angiogénesis: proceso fisiológico que consiste en la formación de nuevos vasos sanguíneos a partir de otros existentes. Es considerado normal en el proceso embrionario, crecimiento o cicatrización de heridas, pero es patológico en la formación de tumores malignos.
Adyuvante: tratamiento que se administra después del tratamiento principal, que generalmente es la cirugía, para reducir la probabilidad de recurrencia del cáncer al destruir cualquier resto de células cancerosas.
Antineoplásico: sustancia que impide el desarrollo, crecimiento o proliferación de las células tumorales malignas.
Agente citotóxico: sustancia o fármaco que destruye las células malignas o impide su formación, como por ejemplo la quimioterapia.
Apoptosis: muerte celular programada y regulada.
Antiproliferativo: sustancia que impide la reproducción celular, aunque de forma general es característica de aquellas sustancias que previenen la reproducción de las células cancerosas.
Anticuerpo monoclonal: anticuerpos diseñados para para el tratamiento del cáncer diseñados con capacidad de adherirse a ciertos antígenos o sustancias que el sistema inmunológico puede reconocer y destruir las células cancerosas sin dañar los tejidos sanos. Además, los anticuerpos monoclonales también se usan en oncología también para ayudar a detectar y clasificar las células cancerosas con el microscopio.
Antimetabolito: en el tratamiento del cáncer, las antimetabolitos son sustancias que interrumpen la producción de ADN, lo que a su vez evita la división celular y el crecimiento de tumores.
Carcinoma: cáncer originado en el tejido epitelial de los órganos, con tendencia a difundirse y producir metástasis; se distinguen dos tipos, los carcinomas epidermoides y los adenocarcinomas.
Células cancerosas: células malignas.
Carcinógeno: sustancia tóxica que causa o induce cáncer a través de su inhalación, ingestión o penetración cutánea.
Carcinogénesis: proceso por el que se produce cáncer, es decir, por el que células normales se transforman en cancerosas.
Cirugía oncológica: operación o procedimiento para extraer un tumor y posiblemente algún tejido circundante.
Cuidados paliativos: cuidados y atención que se ofrece para mejorar la calidad de vida de los pacientes que tienen una enfermedad grave, generalmente sin intención de curar la enfermedad.
Concomitante: tratamiento que ocurre durante el mismo período de tiempo (ejemplo quimioterapia y radioterapia concomitante).
Hiperplasia: excesivo crecimiento de células normales.
Hormonoterapia: también llamada tratamiento hormonal, es una forma de tratamiento médico de cáncer que utiliza fármacos que actúan modificando las hormonas (evitando su síntesis o alterando sus efectos sobre determinadas células) para frenar el crecimiento de ciertos tumores malignos.
Gen supresor de tumores: Gen que codifica una proteína que actúa para regular la división celular, manteniéndola bajo control.
Inmunoterapia: tratamiento que utiliza el propio sistema inmunitario de una persona para combatir el cáncer, reforzando o cambiando el funcionamiento del sistema inmunitario para que pueda encontrar y atacar las células cancerosas.
Metástasis: extensión de las células tumorales malignas a otras localizaciones anatómicas de órganos diferentes al lugar de inicio del tumor primario.
Neoadyuvante: tratamiento que se administra como primer paso para reducir el tamaño del tumor antes del tratamiento principal, que generalmente consiste en cirugía. Entre los ejemplos de terapia adyuvante están la quimioterapia, la radioterapia y la terapia hormonal. Es un tipo de terapia de inducción.
Oncogén: gen que por su gran capacidad de mutación o transformación induce a la formación de cáncer. Es la forma mutada de un tipo de gen llamado protooncogén.
Oncovirus: término utilizado para describir a los virus oncogénicos que al infectar células tienen la capacidad de alterar el ciclo celular de estas, induciendo el desarrollo de tumores.
Protooncogén: genes que ayudan a la célula a crecer y dividirse, es decir, regulan la proliferación y/o crecimiento celular.
Quimioterapia: tratamiento con fármacos que destruyen las células cancerosas, que se usa por sí sola o junto con cirugía, radiación, ambas u otros tratamientos como la inmunoterapia. Se clasifica en diferentes tipos según su función.
Radioterapia: terapia que usa altas dosis de radiación para destruir células cancerosas y reducir tumores.
Tumor benigno: Un tumor benigno significa que el tumor puede crecer, pero no se diseminará. Los tumores benignos son un tipo de tumor no canceroso.
Tumor maligno: tumor que puede crecer y diseminarse a otras partes del cuerpo. Los tumores malignos son los tumores cancerosos.
Terapia dirigida: tipo de tratamiento contra el cáncer que utiliza fármacos dirigidos a genes y proteínas específicos que ayudan a las células cancerosas a sobrevivir y crecer. Estos tratamientos pueden afectar tanto las condiciones del tejido en el que se desarrollan las células cancerosas como dirigirse a las células relacionadas con su crecimiento (por ejemplo, los vasos sanguíneos), afectándolos negativamente.

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